Viajar consiste en pasar de unos paisajes muy feos a unos magníficos paisajes, tras dejar atrás unos paisajes regulares y otros anodinos. Un paisaje feo no necesita por fortuna ser definido ni descrito. Un paisaje magnífico se escapa de las definiciones. Suele ser un lugar que era diferente y se dejó transformar por la acción conjugada de la luna, del viento, del paso de la gente.

Para acortar camino, viajar es andar fuera. Tras cinco días de andar fuera llevo escritos tres afuerismos y un cuarto que se queda fuera.

Aquel hombre es un lector empedernido. Donde pone el ojo pone el libro.
Aquel otro es un turista empedernido. Donde pone el ojo pone la cámara.

Aquel hombre es tan descarado que su cara es más grande que él.

Aquel hombre es tan frágil que resulta herido en una colisión con una mariposa.