O Chinusa, o los Estados Uchinos. Niall Ferguson y Moritz Schularick explican la crisis por la relación simbiótica que se ha ido estableciendo entre las economías china y norteamericana en las últimas décadas. En conjunto, ambos países representan algo más de un décimo de la superficie del planeta, un cuarto de su población, un tercio del PIB mundial y la mitad del crecimiento económico. China produce, cobra barato por lo que vende y gran parte de lo que gana lo ahorra. Norteamérica hace el resto, es decir que consume y se endeuda. La crisis estaba cantada, pero la milonga que sonaba era otra.

Para algunos, tratándose de la crisis la variable independiente estaría en la ventaja que China obtiene de su creciente excedente exterior, excedente que es simétrico en relación al creciente déficit norteamericano. La receta con que la administración Bush creyó hacer frente a este desajuste consistió en estimular el consumo a través del crédito barato. Ya sabemos cómo terminó el invento.

No es que sepa mucho de esto, me limito a repetir lo que he leído. Según The Economist, para comerse un BigMac en Chicago un trabajador necesita desembolsar el equivalente a 12 minutos de su salario, mientras que un trabajador de Pekín necesita 'aún' el equivalente a 44 minutos del suyo. En cuántos años más el trabajador pekinés trabajará menos que el de Chicago no lo sé y no creo que llegue a verlo mi tío Pepe. Sólo dejo sembrada la inquietud, como decía Julio Martínez.

(La ilustración no cabe dentro del cuerpo del mensaje.)