Se detienen al borde del río y miran correr el agua. El movimiento del agua es engañoso, el río parece ir hacia el sur —hacia Francia, pero en verdad va hacia el norte —hacia Holanda, es la brisa la que provoca el engaño. Les da sed y se sientan en la terraza de un café a beber té helado. En torno a ellos hay varias mesas ocupadas por otras parejas. Qué curioso, dice Pepa, todos los hombres están sentados mirando al sur —hacia Francia y todas las mujeres estamos sentadas mirando al norte —hacia Holanda. Pepe da una ojeada al conjunto, así es. El nunca lo hubiese notado. Será el azar o la necesidad, la mímesis, el campo magnético, la humedad relativa del aire. A ver si llega otra pareja a romper con la monotonía de la escena. Y llega, él se sienta mirando hacia el sur, etcétera. Acaban el té, se levantan.

A la salida, Pepe enrumba hacia el sur —hacia Francia.

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