Las fotos de Elde Gelos me recuerdan los paisajes pintados al óleo sobre papel por Natalia Babarovic a mediados de los años noventa, paisajes vistos a lo largo de esa carretera que antes se llamaba el camino longitudinal.

El propio Elde Gelos me pone sobre la pista del Hombre del ojo glauco, de NB, y me cuenta la historia del abuelo de N, «que un día llevó su vieja Leica a limpiar porque le suponía una mota de polvo en el visor y descubrió que en su ojo asomaba un glaucoma».

Y encuentro esta Novela de aprendizaje (sobre la pintura de Natalia Babarovic), en donde Roberto Merino describe esos paisajes que «no son pintorescos» (atención al adjetivo): «Son lugares que cualquier individuo ha visto muchas veces en su vida: los ha dejado pasar, confundiendo sus planos sucesivos con el flujo de sus propios pensamientos».