Hay quien dice que Rogier van der Weyden (Roger de la Pasture) fue el mayor pintor de su época, el siglo XV. La exposición que reúne en Lovaina lo esencial de su obra remembra dípticos y trípticos repartidos por el mundo, varios de los cuales vuelven a Flandes por primera vez en quinientos años.

Ocho semanas a tablero vuelto ha durado la muestra, que cierra hoy sus puertas. El público se ha volcado tras la obra del maestro belga y de sus aprendices e imitadores, así como de los escultores, miniaturistas, cartonistas y tapiceros con los que trabajó en Bruselas.

En sus telas hay paisajes e interiores, objetos y animales pero, sobre todo, y en primerísimo plano, personas. ‘Maestro de pasiones’ se llama la muestra. La pasión, a menudo contenida, está viva en todas las imágenes. Y en cada una hay quien encuentre un detalle (un punctum) que retiene la mirada como un imán.

Esos dedos, por ejemplo, que componen la trama visual de esta Madona con el Niño, y que corona el gesto del niño que, en los brazos de su madre, se toma el pie de curiosa manera, dos dedos por delante, dos dedos por detrás.

Las manos. En una Visitación, la mano de María se posa sobre el vientre de Isabel, su prima, encinta de Juan Bautista, mientras la mano de Isabel se posa sobre el vientre de María, encinta de Jesús. El primer contacto entre Jesús y el Bautista se da a través de las manos de sus madres.

También los ojos. El juego de miradas en el San Lucas dibujando a la Madona. El niño amamantado, complacido, mira a su madre quien también lo mira, mientras la mirada de San Lucas, al bies, sale de la escena que sin embargo dibuja. San Lucas es el propio pintor, su autorretrato. Que tal vez se mira mirar el cuadro desde donde está, desde fuera.

Los cuerpos, en fin. De las varias Madonas amamantando, todas, menos una, lo hacen con el seno derecho. (Van der Weyden era diestro).

Los cuerpos cubiertos, desnudos sólo a la hora de nacer y de morir. Y aun en esa hora última, perfectos. Hay dolor y ensimismamiento en las Pietà, en los Descendimientos de la cruz, pero no deformidad. El moribundo que recibe la extremaunción en Los Siete sacramentos no presenta más deformación que su delgadez.

Tras un par de horas mirando las pinturas volvemos la vista hacia fuera. En la summa escrita por Eco, Historia de la bellezaHistoria de la fealdad, Van der Weyden estará sólo en la primera. Fuera, en cambio, esperan una y otra.

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