vendredi 29 janvier 2010

Último día (nadie se enoja)

Diario de Uagadugú (y 6)

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Anoche el guardián de estas casas nos recibió eufórico. El país de los hombres íntegros (que eso significa Burkina Faso, nombre que le dio Tomás Sankara) será cada vez más grande, decía, levantado los brazos al cielo. El motivo de tanta efusión radicaba en que me había visto en el telediario. Pensé que los equívocos aumentan con la temperatura. Pero, por qué no, tal vez tenga razón. No lo digo por mí, sino por Burkina Faso.

En medio de la noche me despierta un zancudo (otro). La bestia comete un error (zumba), y deja flotando el desasosiego. Abro el libro y me sosiega seguir la historia. Para eso sirven las novelas, para desplazar la atención de sí a los demás. Esa ventana entreabierta sirve para quitarse el peso de encima, para ensimismarse. Así son también las horas que paso mirando por la ventana. Luego creí oír al muecín, pero era una mujer a la que le atizaban al alba.

Del museo mossi de Manéga, lo mejor es la sala con las lápidas, que los murciélagos han ido cubriendo con su rancio olor. Por lo demás, y a la vista de los cepos, no debería venir uno a África a riesgo de volverse feministo. Me cuenta I que en Senegal al momento del matrimonio civil preguntan a los contrayentes si van a casarse por la vía monógama o polígama, en cuyo segundo caso hay nueva pregunta: si restrictiva (dos mujeres como máximo) o abierta (entre cuatro y treintaiséis).

El y su novia no se habían concertado sobre el asunto y, a la hora de los quiubos, I optó por la opción 2b. Me explica la cuestión en sus grandes líneas, lo que me lleva a pensar que la poligamia y el divorcio son fórmulas similares: Cuando el asunto resulta insoportable, en tierras monógamas la gente se divorcia, mientras que en tierras polígamas el marido se busca una segunda mujer. La fórmula le interesa a I, que aprovecha para proponer otra, en forma de triángulo: Cuando un hombre toma una segunda mujer, que suele ser más joven que la primera, la primera ama al hombre, quien ama a la segunda. Y así sucesivamente.

De regreso de Manéga, la luz del atardecer enciende el paisaje. Unas horas antes, bajo el sol del mediodía, la tierra parecía maldita de tan árida, pero por la tarde los colores de la luz bendicen a los árboles esparcidos, a los ramos secos de mijo, a los zebus, a los burros pequeños que se mueven perezosamente y a los niños que saludan el paso del jeep con unos pasos de baile.

Último día, nadie se enoja. Ni siquiera me enfado al comprobar que he perdido el estuche de las gafas. En cada viaje me dejo algo atrás. Imagino la escena del niño que lo encuentra y lo guarda entre sus tesoros. O tal vez lo venda el lunes.

Los pasajeros del avión que me devuelve a Europa se han dormido y las películas corren mudas en las pantallas sin que nadie las siga. Debo de ser el penúltimo despierto a estas horas.

Hasta que me vence el sueño y me dejo llevar por el túnel que me trae de vuelta a través de la niebla.

 

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jeudi 28 janvier 2010

Ragú de perro rubio

Diario de Uagadugú (5)

Escucho en la radio la noticia de la muerte en un incendio de una de las esposas de un joven rey aldeano. El fuego se declara en unos pastizales y se viene sobre la corte de este rey. Mientras todos intentan proteger la arboleda sagrada, la mujer, madre de tres niñas y embarazada de seis meses, queda atrapada por las llamas. Cuando el joven rey es puesto al tanto del drama intenta matarse, pero se lo impiden. Pobre rey aldeano, ya no decide ni si vive ni si muere.

Hablando de poder de decisión, ayer estuve en el despacho de la máxima autoridad del Estado en una provincia. Qué comediante, qué zalamero. Cuánto debe de detestarnos por tener que conformarse con nuestra visita, él que se sabe ministrable y se sentirá relegado en aquel agujero. Cuando entrábamos a su despacho, en fila india y saludando como escolares obedientes, corrió muro arriba una salamanquesa (otra), se metió detrás de un mapa administrativo y se puso a dar chasquidos a su curiosa manera.

Ahora es el crepúsculo, asoma la luna creciente y vuelan los murciélagos. Mis vecinas cocinan: en el patio las pobres, las pudientes en la cocina. Huele a leña y a puré de mijo.

Le pregunto a E a qué sabían las presas de perro que se almorzó ayer. Dice que a carne de caza. Que es un sabor fuerte, que no necesita salsa, sólo un poco de sal y de picante. Le pregunto si se trata de cachorros o de perros viejos, y dice que todo perro en buen estado vale para un ragú, que del perro se come todo, que no se lo desuella sino que se lo pela al fuego, porque también la piel está muy buena. Los perros africanos son de talla media y rubios. No todos los burkineses los comen, hay que descontar a los musulmanes y a algún que otro tabú, e incluso a algún  renuente al plato. Me olvidé de preguntarle cómo anda el perro de precio.

También pude preguntarle si come también ratas, culebras u otros bichos por el estilo, contenidos en la rúbrica carne de caza. Lo dejé para más tarde porque se acercaba la hora de la comida. Pusieron conejo, y estaba bueno, mejor que la carne de esos pollos atletas que corren moviendo las patas como si pedalearan, y aquí llaman ciclistas.

Por cierto, si la vida de la gente es dura, hay que ver cómo es la vida de los animales. De un camión cuelgan por todo el borde exterior de la carrocería decenas de gallinas vivas, cabeza abajo. En otro camión se aprietan las vacas, y como sobran patas y cuernos, sus celadores las apisonan. Así con todo. Los animales corren libres por calles y caminos en plena divagation, provocando sustos y trastazos. Pero cuando les llega la hora, la peor es la hora previa. Suerte que tienen las salamanquesas de ser intragables.

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Haikús burkineses

Diario de Uagadugú (4)

Sopla el harmatán
Polvo eres
Y polvo tragarás

Sopla el harmatán
Vuelan las gallinas
¿O son bolsas de plástico?

Sopla el harmatán
El bombero pirómano
El meningococo

Sopla el harmatán
Lleva polvo
Deja arena

C'est le vent qui souffle
Les nouvelles viennent
Proverbe mooré

Sopla el harmatán
Cuando se calma
El baobab todavía está ahí.

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mercredi 27 janvier 2010

Todos los burkineses se llaman Ouedraogo

Diario de Uagadugú (3)

Uagá 2000 llaman a la ciudad moderna, un conjunto espacioso de edificios nuevos y en construcción, ministerios, embajadas, residencias. A su entrada campa una versión patosa y vagamente africanizante de la torre Eiffel. Y a su centro, el palacio presidencial. Muy cerca del cual vive ahora Dadis Camara, el ex mandamás guineano, a quien su rival le metió en diciembre pasado una bala en la cabeza. Camara convalece en Uagadugú, mientras el presidente burkinés, Blaise Campaoré, presume de mediar en la crisis guineana.

Después del almuerzo en casa de L, me asomo a la calle a dar un vistazo. En la acera de enfrente juegan unos cuantos niños. La niña más pequeña se echa a llorar desconsoladamente y los más grandes dicen que llora porque tiene miedo del blanco. Me acerco para decirle que no tiene que temerme (caigo en la trampa) y la niña sube el volumen de los gritos. Asoman unos cuantos vecinos a divertirse con la escena. Una de las niñas coge entonces a la pequeña y corre con ella hasta que ambas se van de bruces al suelo. Carcajadas, lloros, regañina. Algo he oído sobre el caracter burkinés, algo he leído. No sé cómo decirlo, ahora lo entiendo.

Ayuda al servicio una muchacha joven, casi una niña. Por sus formas se adivina que ya es madre. Mientras friega, toma a su hijo sobre la espalda. Asoma P, el chofer, y se embarcan en una conversación en moré. Para resultar seductora la niña enfatiza lo infantil de sus gestos y del tono de su voz. Tal vez la niña-madre sea sobrina de L o de su mujer. Con los debidos respetos, también la mujer de L parece su criada.

Por la noche, ceno con B y M, mientras los zancudos cenan en mis tobillos. B dirige un periódico de investigación. No es necesario ir a investigar muy lejos, dice, los casos flotan en la superficie, como la mierda. Al regreso, larga vuelta por esta enorme aldea, que tiene sin embargo un centro con hoteles, bancos y trabajadoras del sexo. No deja de ser notable poder caminar a oscuras sin que te asalten. Ya sé que no debería decirlo, que no hay que provocar a Murphy, pero en fin, lo celebro comprando una papaya a la vendedora callejera y poniéndola en el refrigerador para tomarla muy helada al desayuno.

Por la mañana, el despacho de Radio Francia Internacional es lacónico: en Chile ha ganado el millonario. Lo sospeché desde un principio. Veré si más tarde la capto nuevamente, a ver si dan los porcentajes. A quién le importa saber eso en Uagadugú. A mí.

Unas horas después, la luna nueva se empina en el poniente. De lo que me alegro. No sólo de eso me alegro. En cualquier lugar en que uno esté debería alegrarse, particularmente en África. Lo digo porque he estado mirando por el balcón a mis vecinos cómo comen, cómo se lavan, cómo viven. Y he recordado a M, el médico, quien rehúsa venir a buscar enfermos a África por miedo a contagiarse. (En fin, lo hizo una vez, y quedó curado de espanto). M debe de estar celebrando la victoria de su candidato en la remota Santiago. Ha trabajado duro para vivir en el mismo barrio que el candidato electo.

Antes, debatimos brevemente sobre la cuestión del laicismo. B, viejo pastor peul, me cuenta de la opción salomónica de su padre, quien tuvo diez hijos y una hija. Dividió a los niños, a la mitad los mandó a la escuela de los blancos, a la otra mitad a la escuela coránica. ¿Y a la niña?, le pregunto. Por cierto que no entiende la pregunta.

Los senegaleses cuestionan el concepto. Los Estados laicos han conseguido evitar unas cuantas matanzas, dice alguien. En fin, no sé por qué hablo de esto, habiendo tanto de qué hablar. Del equipo de fútbol local, los corceles de Burkina Faso, que ha sido  derrotado por el de Ghana, en la Copa africana que se juega en Angola. Muy justamente, por lo demás.

Todos los burkineses se llaman Uedraogó, salvo un comentarista de la tele que se llama Bah.

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mardi 26 janvier 2010

El dilema

Diario de Uagadugú (2)

En un muro bajo está pintado el retrato de una novia vestida de blanco. El trazo es ingenuo pero el resultado está bien conseguido. Alguien ha puesto a secar encima de la novia un trapo. La novia del trapo.

En la reunión de la mañana todos están conectados, menos yo. Luego vamos a comprar a un supermercado para blancos. Incluso las cajeras son blancas. Hace tiempo que no daba limosna. Me llevo la mano al bolsillo, sopeso las monedas y las doy.

A la hora de la cena, en el Gracias, alguien habla de una marcha de travestidos en Bombay, vaya tema. Los senegaleses cuentan entonces de un travestido que murió en Senegal y fue enterrado en su pueblo natal, pero el pueblo obtuvo que lo desenterraran y se lo llevaran lejos, a un eriazo. Les digo que al lado de los travestidos senegaleses los intocables hindúes son privilegiados, y se ríen de buena gana. Como son musulmanes, se ríen de la gracieta y no a causa de la cerveza, como yo. A propósito de la cerveza, me levanto a mear, abro la puerta del baño y veo que el cocinero se está duchando allí dentro.

Después del desayuno (té, galletas, mermelada), lavo la camisa y la tiendo en el balcón. Desde donde veo al vecino haciendo la colada. Es un buen ejercicio hacer la colada, hay que ver cómo trabajan los músculos. En Europa los gimnasios están llenos de máquinas, mientras que África es un gimnasio a cielo abierto, precisamente porque no abundan las máquinas. Tampoco hace falta la secadora. No ha pasado media hora y la camisa ya está seca.

También he visto que las salamanquesas son una familia extendida, una tribu. Anoche se paseaba por los muros del cuarto una pareja y se permitía hacer ruido cuando entraba y salía por los caños del aire acondicionado. Otro que hizo ruido fue el vecino (no el de la colada), que llegó tarde y dando voces, probablemente con mucha cerveza encima (ojalá se convirtiera al islam). Me quedo un rato despierto respirando el aire apestoso del difusor anti zancudos y sintiendo cómo se va instalando el dolor de cabeza. El viejo dilema de la canción de Veloso: el insecto o el insecticida.

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lundi 25 janvier 2010

El hombre del avión

Diario de Uagadugú

Desde el fondo del avión, antes del despegue, comienzan a oírse los lamentos de un hombre. Yo no he hecho nada, grita. Está atado a su sitio y a cada lado hay un policía. Algunos pasajeros intentan un tímida queja (c'est inadmissible...) pero la mayoría callamos porque estamos como ausentes o nos limitamos a echar alguna mirada y a decirnos que ya habrá tiempo para enviar un reclamo por escrito a la compañía aérea. Por los parlantes una azafata pide unas vagas disculpas. Mientras el avión está sobre la pista -tarda en despegar- el hombre gime y da voces. En cuanto se produce el despegue, calla y parece dormir, lo que permite a los policías pasearse por el fondo del avión charlando con la tripulación. Cuando desembarcamos en Uagá, el hombre todavía está ahí.

Sobrevolamos los Pirineos y el arrière-pays catalán cubiertos por la nieve, la costa levantina y la Mar menor. Y después de la travesía del Mediterráneo, sólo vemos desierto y más desierto, tanto desierto que por momentos parece ser la mar serena. Hasta que asoma el río Níger y los verdes arrozales de su ribera.

Una familia de africanos desembarca a mi lado. "Llegamos a Burkina Faso, África", dice el niño mayor, empinado sobre sus cortos años. El padre lleva un terno de buen corte, una kufiya al cuello, y un pasaporte austriaco en la mano. Como es él, y no la madre, quien carga a un niño de pecho, alguien bromea con él sobre ese detalle. "Hemos venido a provocar", responde.

En el apartamento que ocupo veo que me han adoptado un par de mascotas. En la cocina hace guardia una cucaracha y por detrás de la cortina asoma una salamanquesa, que soporta mi mirada y el fogonazo del flash. No se mueve, pero tampoco escapa.

Por la noche, cenando tilapias en una terraza de la avenida, vemos desfilar a los vendedores. Uno vende huevos, otro gallinas de guinea, otro lámparas que brillan en la oscuridad, otro afiches con la cara de Cristo salvador, que también brilla. A este último debí fotografiarlo. Tan negra su cara y su Cristo tan blanco.

Los gatos dan cuenta de las sobras que caen de los platos y las cabras se disputan el papel con el viento. Impresiona la cantidad de gente que se mueve. Sólo se están quietos los que comen, los que quieren comer tienen que moverse.

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vendredi 15 janvier 2010

Voy y vuelvo

Estoy en Uagadugú. Saludos.

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mercredi 13 janvier 2010

Haití

La pobreza y su aliento de hiena. Terremotos de una intensidad en torno a 7 grados, como el haitiano, Japón ha sufrido ocho en el último lustro, y han dejado un saldo de una veintena de muertos.

Es imposible contar ahora las víctimas del terremoto de Puerto Príncipe, que el primer ministro haitiano estima en más de cien mil.

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lundi 11 janvier 2010

Evo habla de Eva

El diario del Gobierno boliviano Cambio publica una entrevista con Evo Morales. Se trata de una entrevista 'íntima', en la que Morales se extiende sobre su relación con la comida, con el fútbol y sus propios sueños.

El que fue niño pastor de llamas y dirigente sindical cocalero se muestra a sí mismo a través de la descripción de los platos que tomaba entonces y aprecia ahora. Una suerte de Como agua para chocolate del estadista soltero.

EM

Porque Evo Morales está soltero. Al punto que en un emotivo momento de la entrevista confiesa que si una vez tuvo ganas de casarse fue a causa de  la cebolla: 'Porque cuando pico la cebolla me hace llorar'.

Pero el joven Morales desechó la idea de casarse porque, cuenta, 'le interesaba más la pelota que las chicas: '¿Este Evito, por qué se creerá tanto? Seguramente porque tiene harta llama, decían las chicas. A mí me gustaba el fútbol, a ellas la fiesta'. Ahora que es Presidente, juega al fútbol con los militares: 'A los 50 años ya no se puede alcanzar a los subtenientes, a los tenientes. Pero cuando juego con coroneles, yo soy estrella en el partido', afirma, contento. 

Morales se extiende también sobre los sueños. Sus propios sueños cuando niño: 'Estaba caminando ahí, he visto víboras, víboras, víboras, tantas víboras, gruesas, pequeñas, delgadas, grandes, y finalmente me paro, y por debajo de donde estoy parado había víboras. Yo no sabía dónde pisar y empecé a llorar. Entonces, asustado, llorando, despierto y de verdad estaba llorando. Y yo le comenté a mi madre: Mamá, me he soñado así, con víboras, tantas víboras, chiquititas, grandes, gruesas, delgadas, no me dejaban caminar. Mi madre decía: Evito, te va a ir bien en la vida, vas a tener platita, no te va a faltar platita'.

'Mis sueños tienen muchos aciertos' confiesa Morales. 'Por ejemplo, para tener plata o para perder plata. Para tener plata, estoy como niño y si el niño hace sus necesidades, tengo plata. Muy interesante los sueños, yo creo en mis sueños'.

Ayer justamente estuvimos comiendo en casa de unos amigos belgas que regresaban de un viaje por Bolivia. (Qué bien comimos en Bolivia, nos decían. Y nosotros: qué bien se come en vuestra casa). Morales es un presidente atípico y despierta marcados sentimientos encontrados, nos confiaban. Lo confirma en esta entrevista, donde no duda en contar que estuvo a punto de caerse de la cama y que 'se sueña' como niño haciendo sus necesidades.

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dimanche 10 janvier 2010

La cháchara

Bon

Se me acaba de despertar una inquietud. Cerca de aquí, en el zoológico de Plaenkendaele, los monos viven en islas separados de los visitantes sólo por canales que ni unos ni otros osarían franquear. Pues bien, con estos hielos los monos pueden escapar patinando.

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Las cifras son abrumadoras. Según La Repubblica, los italianos son los campeones absolutos de la cháchara (la chiacchiera). Poseen un teléfono móvil y medio por persona (pero yo conozco a varios que tienen cuatro) y en 2008 hablaron 97 milliardi di minuti por el móvil y moviendo las manos.

La Nación de Buenos Aires afirma por su parte que se han descubierto en Argentina restos de dinosaurios con 190 millones de años. A la cifra bonaerense le quitaría yo tres ceros y se los cargaría a la romana.

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