Escogimos una mesa en la terraza, dejamos las bandejas con los platos humeantes, M se alejó a lavarse las manos, yo a buscar servilletas. Cuando volvimos, las palomas estaban dando cuenta del bacalao. La imagen de las patas rojas de las palomas pisando la comida tenía algo de las Tentaciones de San Antonio, que habíamos estado mirando un rato antes en el museo.

Fue un domingo hace seis años. Por suerte M tiene la buena costumbre de dedicar los libros que regala, detalle que permite situar el recuerdo (Para o A, memória do nosso passeio de domingo no Museu das Janelas verdes). El Museo de Arte antiguo de Lisboa está en la Rua das Janelas verdes, lo que lleva a los lisboetas a llamarlo así y a Fernandes Jorge a llamar también así a su libro. Son poemas escritos frente a las pinturas y esculturas que abriga el museo. Pies de fotos, como quien dice. El procedimiento es simple y los poemas son buenos, los que no resultan redundantes, quiero decir.

Lo releí anoche tumbado en la hamaca. Y hoy traduzco dos poemas, en atención a que es domingo. Uno va por mi abuelo y el otro por la bisabuela, la abuela y la madre del nieto.

NAUFRAGIO

 

Murió joven, en un mar extranjero como si hubiese / mares que son patria y otros la infinita agua peregrina. / Pereció en el profundo abismo atlántico / cuando iba a la procura de otra tierra / de pan que pudiese arrinconar la piedra de la nostalgia. / El cuerpo confundido con los maderos del barco / y la explosión del mar tempestuoso / las lágrimas / y el dolor absoluto del hombre / joven, ave afligida. / En la aldea quedó el padre viejo / nunca supo: la muerte es un motivo de gloria para los mortales - el curso tempestuoso del océano.

SANTAS MADRES

Las Santas Madres traen consigo el rumor / del mundo / canto repartido por sus nombres -Ana y María- / y el niño, nieto y luego hijo / cargado con la levedad de la inocencia eterna / exento de muerte / todo él natividad. / Pasan las aves de la noche / y los siglos / por el tiempo de sus manos / por las frentes / a la merced de los vientos de la memoria. / Transportan la sombra trinitaria / o, al decir de Aquilino, una simple mirada macarena.