mercredi 30 mars 2011

Hecho en Chile

Este domingo se manifestaron en Bruselas dos mil jóvenes vaticanistas y un arzobispo contra el aborto y la eutanasia. No tengo nada en contra de que la gente se manifieste. Incluso contra el derecho a nacer y a morir dignamente. Creo, sin embargo, que los vaticanistas no entendieron del todo el mensaje que le dieron a Wojtyla setenta mil jóvenes reunidos en el Estadio Nacional de Santiago de Chile en el aciago año de 1987. Llevaban horas diciéndole que sí a todo. Pero a la pregunta de si estaban dispuestos a resistir a la tentación de la carne, le dieron un no sonoro. No hay pruebas gráficas de este hecho tremendo, las ha quemado Torquemada.

Sobre el asuntillo de la carne tierna, Carlos Peña les dio a los vaticanistas en las partes este último día del Señor: 'No se requiere ser Foucault para darse cuenta de que una institución que entrega a personas célibes la tarea de administrar el secreto de la vida adolescente y familiar (mediante la confesión) no puede sino producir, tarde o temprano, conductas perversas'. Conductas frente a las cuales el padre de la protagonista de Lo que me queda por vivir, la última novela de Elvira Lindo, se posiciona de la siguiente manera: 'Nunca me he quedado a solas con un cura en una habitación y nunca me quedaré, aunque sea un obispo. Un día se me sentó al lado un cura en un autocar y me cambié de sitio inmediatamente'. Sensato, tratándose de un señor musculoso.

P

Pascal Maître, Clase de anatomía en Mogadiscio, 2006

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Hablando de demografía, he notado que hay un tipo humano en boga, al menos en Europa, el del príncipe añoso, el principote. Carlos de Inglaterra es el ejemplar más vistoso, pero hay varios que le van a la zaga, Felipe y Lorenzo de Bélgica, entre ellos. Como los reyes de hoy se benefician también de la longevidad reinante, los príncipes deben estirar su bisoñez hasta bien avanzada la vida, en eterna calidad de príncipes.

Sobre Felipe de Bélgica, el cineasta Samuel Benchetrit cuenta una anécdota reveladora. Para su último filme, Chez Gino, estaban construyendo una pizzería de cartón piedra en el centro de Bruselas. Una mañana pasaba por allí Felipe, quien asomó la nariz para decirles que era una estupenda idea la de construir una pizzería allí, a dos pasos del colegio de sus hijas, porque a éstas les gustan mucho las pizzas.

Su hermano Lorenzo, por su parte, fue recientemente a hacer negocios al Congo, contra la opinión del Gobierno, que ahora amenaza con quitarle la mesada (30 mil pesos europeos, más o menos). Si son unos niños, como dice un amigo mío.

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Sobre demografía belga también: como por aquí muchas mujeres cincuentonas no se maquillan ni se arreglan, no se amanolan, y muchos hombres viven la caída de los hombros y de la testosterona, se da el caso que cueste distinguir sin gafas hombres de mujeres, que se aúnan en una especie de tipo genérico que una sobrina de mi tío llama homu.

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Mi tío, precisamente, me entrega su chaqueta para que la lleve a limpiar. La doblo por el revés y me fijo en las etiquetas. Una dice: Pierre Cardin Monsieur. La otra: Made in European Community. Una más pequeña: Tela importada. Y otra, minúscula, al interior del bolsillo del tabaco: Hecho en Chile.

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dimanche 27 mars 2011

El matemático

Dos matemáticos suben a un tren que los llevará a una ciudad distante. En cuanto el tren se pone en marcha, uno le hace al otro una pregunta matemática. Como el otro no responde, el que ha preguntado se dice que habrá considerado la pregunta inepta, puesto que, de los dos, el preguntado es más experimentado. Sólo cuando el tren se acerca a su destino, el matemático más experimentado comienza a hablar, a responder. Durante todo el trayecto se lo ha estado pensando.

B

Ferdinand Bol, Retrato de un matemático, 1658

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vendredi 25 mars 2011

El radioaficionado

Jordá cuenta que allá por 1974, viajando por Austria, se acercaron hasta la frontera húngara, donde un policía siniestro trató de impresionarles. Cuando lo dejaron atrás, el chofer local les explicó que el tipo era un pobre hombre: 'En 1956, cuando la revuelta, se puso del lado de los estudiantes. Luego, cuando entraron los rusos, cambió de bando. Su mujer lo dejó por un oficial soviético. Su hijo huyó a Occidente. Y a él lo destinaron aquí. Vive solo en el pueblo y no se habla con nadie'.

El retrato es elocuente pero lo que sigue lo supera, porque el hombre es radioaficionado y por las noches se pone en contacto con otros radioaficionados ante quienes se hace pasar por un campesino que cultiva remolacha. 'Dice que se llama Lászó, que tiene dos hijos, una esposa joven y una bonita casa de veraneo en el lago Balatón. Ya ve, concluye el chofer, un pobre hombre'.

La radioafición, ancestro reciente de internet. El radioaficionado, predecesor inmediato del nick digital que va tejiendo su redecilla, que va contando cómo es y no es.

R

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La culpa es del empedrado

Cuando abrí este blog, le puse como nombre el mismo de la columna que llenaba semana a semana por ese entonces en un diario, Camino de Santiago. Mi tío le echó un vistazo un día y me dijo que el nombre no estaba mal, a condición de que llevara este subtítulo: La culpa es del empedrado.

Lo dije que sí, por no llevarle la contraria. Es una frase que él suele soltar para acabar con una discusión y comenzar otra. El dice que no tiene de qué quejarse, que es un hombre afortunado, que de joven sobrevivió a los follones en los que se metió de puro capullo y ahora que se va haciendo mayor los follones pasan de él. Que siempre ha habido quien lo quiera más de lo que él es capaz de querer. De joven, dice, la ilusión de la testosterona o de la serotonina me impedía ver los baches del camino. Ahora, por no ver, no veo ni el camino. Esas cosas dice. No me quejo, sin embargo, pero no por eso echo pie atrás. La culpa no es de mi cojera ni de la tuya. La culpa es del empedrado.

Recientemente los dueños de este sitio cambiaron, sin avisar, el formato del blog e hicieron desaparecer el espacio del subtítulo. No hay manera de reponerlo. Por eso escribo estas líneas. Porque la culpa es del empedrado.

S

Óleo de Robert Spencer, 1909

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lundi 21 mars 2011

La primavera

Al crepúsculo, el sol tenía un color que no te sabría decir y ahora por la noche la luna parece andar por el barrio. Confieso que por un momento la guerra y la lluvia radioactiva me parecieron pelos de la cola del santo del día.

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vendredi 18 mars 2011

El noroeste

Ayer iba a celebrar el día de San Patricio bebiendo una stout en el Becketts, y finalmente lo hice leyendo las páginas dedicadas a Irlanda en Lugares que no cambian, el estupendo libro de viajes de Eduardo Jordá. Dublín es la ciudad más al noroeste en la que he estado. Tal vez no haya ido más lejos advertido por el veredicto del Dr Johnson: «Dublín, aun siendo una ciudad mucho peor que Londres, no llega a ser tan espantosa como Islandia».

Casi tan importante como el día de San Patricio es para los dublineses el 16 de junio, fecha del día que relata el Ulises. 'Muchos dublineses son tan mitómanos como los admiradores de Joyce, que escenifican los sucesos más importantes del Ulises cada 16 de junio', cuenta Jordá. Por la mañana desayunan riñones de cerdo y se bañan al pie de la Martello Tower. A mediodía se comen un bocadillo de gorgonzola y beben un vaso de clarete. A medio mañana, casi todos están ebrios de literatura y alcohol. Y cuando van al Museo Nacional, investigan si las estatuas de las diosas griegas tienen un agujero en el trasero.

D

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mercredi 16 mars 2011

La claustrofobia del rey de Portugal

L

Hace un cuarto de milenio, el primero de noviembre de 1755, se produjo la misma secuencia de estos días en Japón: terremotos, maremotos, incendios. La catástrofe mató a cien mil personas, arrasó la ciudad de Lisboa y cambió la geografía ibérica y norafricana a lo largo de miles de kilómetros.

La tragedia, no podía ser de otra manera, sacudió la fe del pueblo. ¿La infinita bondad de Dios echa abajo las iglesias y machaca a los feligreses que se apiñan en ellas para rezar? La Iglesia recompuso la moral del rebaño con esta cabriola: que el terremoto ocurriese un día de fiesta de guardar y destruyese todas las iglesias de la ciudad es prueba fehaciente de que Dios castiga los pecados de los hombres. Voltaire no tragó esa rueda de carreta y rompió con la teología de Liebniz, ruptura que  Rousseau aprovechó para romper con Voltaire (ganas tenía). El rey de Portugal Dom José sobrevivió al desastre al precio de desarrollar una claustrofobia mayúscula que lo obligó a vivir en tiendas de campaña el resto de sus días y el Marqués de Pombal se puso manos a la obra para refundar Lisboa.

¿Nada nuevo bajo el sol naciente? Japón es una isla archipoblada y en Tokio (situada a solo 250 kilómetros de la central nuclear de Fukushima que implosiona ahora mismo) viven 36 millones de habitantes, cuya fe está puesta menos en Dios que en la ciencia que sale por la pantalla, esa ciencia que calma la claustrofobia e impide la estampida.

T

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dimanche 13 mars 2011

La última hora

Viernes 11 de marzo de 2011, 8:04, una hora después del sismo nipón, la última hora de Le Monde: 'Un violento sismo de magnitud 8.9 se ha registrado en la costa noreste de Japón provocando numerosos heridos y desatando un sunami de cuatro metros. Varias personas han sido víctimas de un corrimiento de tierras y una nube de humo negro escapa ahora mismo de un edificio en la periferia de Tokio...'.

La primera noticia, también llamada última hora, anuncia la calamidad y de paso se cubre de ridículo. El dato duro en este caso era la magnitud del sismo. El resto podía ahorrárselo. Alguno debería explicarle a alguien qué es un terremoto de esa magnitud. Por lo visto, para quien no ha vivido un 8.8, un 8.9 parece impensable. Para quien lo ha vivido, también.

Mi tío Pepe cuenta que en la radio donde él era aprendiz el locutor desplegaba el diario que se acababa de comprar, tomaba la bagueta, golpeaba el gong sobre el escritorio, miraba el reloj en el muro y, cuando la luz roja se encendía, se aclaraba la voz y exclamaba: 'La señal horaria indica las diez de la noche en todo el territorio nacional. A continuación, les presentamos las noticias de última hora'. Y pasaba a resumir los titulares del diario (que se llamaba precisamente Última hora) como si estuviese leyendo un guión afanosamente preparado. Las noticias solían ser tristísimas. No tanto como las de hoy, eso sí.

Desconfía de los encuadradores, me advierte, y de los redactores de noticias de última hora. Cuando no exageran y anuncian que el mundo ya se acabó, omiten interrumpir la transmisión para anunciar el nacimiento de Cristo.

U

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vendredi 11 mars 2011

Mi tía Jerónima

Eme me reprochaba este martes que hablase a menudo de mi tío y muy raramente de mi tía. Espera a que la veas, la dije. El retrato se lo hizo un fotógrafo sevillano que tenía buen ojo y buena mano para eso, pero es que mi tía es inmejorable. Mírala cómo me conmina: Bonum est prestolari cum silentio salutare Dei (Buena cosa es esperar de Dios la salvación en silencio). O, dicho de otra manera, a ver si cierras el pico. Y cómo añade el gesto a la palabra, cruz en ristre. A callar, lo que se dice a callar, todavía no llego. Pero lo del laconismo se lo debo, todo hay que decirlo.

J

Velázquez, La venerable madre Jerónima de la Fuente

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mardi 8 mars 2011

El pan

Pan

Tenía que hacer de improviso unas fotos y compré una cámara desechable de este formato apaisado. Tras hacer las fotos, encontré en la calle estos panes que alguien había abandonado, empapados por el agua de la lluvia. Alfilereé la foto contra un corcho y allí se quedó durante largos años. Días atrás volví a mirarla y me devolvió intacta la misma interrogación del primer día: ¿Y este pan?

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