jeudi 30 juin 2011

Voy y vuelvo

Voy rumbo a Iberia. Saludos.

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lundi 27 juin 2011

Mi cuenta en Twitter

MEn 1926, Maurice Maeterlinck publicó con gran éxito, como todo lo que publicaba, uno y a veces dos libros cada año, La vida de las termitas, un tratado entomológico. Un plagio abierto y más bien descarado de Die Siel van die Mier, del escritor sudafricano Eugene Marais.

Marais había ido dando a conocer sus ideas sobre el termitero como «unidad orgánica» en la prensa sudafricana en afrikáans durante los años veinte. Maeterlinck escribía en francés pero hablaba neerlandés, lengua de la cual deriva el afrikáans, y la reproducción de artículos escritos en afrikaans en la prensa flamenca y holandesa era común en ese entonces. El plagio estaba servido, pero Maeterlinck no parecía tenerlas todas consigo porque ya en la introducción al libro intentaba justificar la ausencia de referencias por razones técnicas y para no abrumar al lector. Lo común en estos casos.

Sostenido por un grupo de amigos, Marais clamó justicia a través de la prensa sudafricana y quiso llevar el asunto ante una corte internacional.  Sólo consiguió algo de nombradía intentado transformar el agravio personal en afrenta nacional: «Me pregunto si Maeterlinck se sonroja cuando lee la aclamación de la crítica y si se para a pensar en lo que le ha hecho a un pobre trabajador boer desconocido». El escritor consagrado y mundano que fagocita al escritor provinciano y periférico, esa película ya la vimos pero sigue en cartelera.

Hay quien atribuye incluso el suicido posterior de Marais al plagio de Maeterlinck y a la falta de reparación. Lo cierto es que, tras el chascarro, Marais se internó en el desierto y se abstuvo para siempre.

De tales rivalidades entrañables está hecho el mundo en general y el mundo de los plumíferos en particular. Vi Tín me recordaba hace unos días el entuerto Burton-Speke sobre las fuentes del Nilo, que, según Ulschmidt, está a la base del Informe de Brodie.

El cuento es que, cuando apareció Twitter, abrí una cuenta a nombre de Maeterlinck y la ilustré naturalmente con una foto de Marais. También porque mi calle lleva el nombre del único premio Nobel belga (vivo al llegar a la intersección de Yourcenar con Michaux, para más señas). Y soy un simbolista de barrio, muy de hormigas coloradas y de pájaros azules, aunque espero no llegar nunca a prologar los discursos de Salazar.

En Twitter sólo tengo ocho seguidores, truchos todos, o como se diga. Y sólo sigo a ocho oradores, para estar en el mundo, por mientras.

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vendredi 24 juin 2011

La foto

V

Ya la hemos visto suficientemente. Ha estado en todos los diarios, en portada, en sucesos, en deportes, en espectáculos. Durante los incidentes que siguieron a un partido de hockey en Vancouver, Canadá, Richard Lam obtuvo esta foto.

Su notoriedad estaba servida porque la foto se funda en un equívoco. Allí donde se cree ver tendresse au milieu de la détresse, según la fórmula acuñada por un diario belga, hay una joven aturdida por el golpe propinado por un escudo policial y su novio que la socorre. Más que un beso, se trata de una suerte de respiración boca a boca.

Con todo, la imagen es espléndida. Un paréntesis que se abre en medio de la calle, entre la policía que carga hacia uno y otro lado, abertura que ocupa la pareja apaisada. El enfoque exacto en el corazón de la situación, el encuadre, el tono, el color de la foto son perfectos. La imagen, como se debe, cita a varias otras, los besos de Doisneau, de Klimt, de Magritte.

También se inscribe en el espíritu de estos días, en que las manifestaciones se multiplican y en cuyo centro descansa, o lo intenta, una pareja de jóvenes. Se llaman Alex y Scott y, para que a la imagen no le falte nada, se niegan a hablar de ella.

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lundi 20 juin 2011

Bruselas, nuestra Jerusalén

CUn año después de las elecciones de junio de 2010, Bélgica continúa en manos del mismo Gobierno que mandaban cambiar. El triunfo electoral -nacionalistas en Flandes, socialistas en Valonia- ha puesto al país en una situación inextricable. Las negociaciones se empantanan y los sondeos confirman que si las elecciones se repitiesen hoy la votación de los ganadores del 2010 aumentaría. Si no hay solución es porque no hay problema, se oye decir: el desinterés de la plebe por el embrollo en que se han sumido los tribunos es patente.

Philippe Van Parijs, que enseña ética económica y social en la Universidad de Lovaina publicó hace unos día esta tribuna en Le Soir. La traduzco porque delimita el problema y lo proyecta más allá de su frontera:

Hace un año ya que Bélgica votó y sigue sin Gobierno. ¿Por qué? Fundamentalmente, porque Bélgica no ha consguido constituirse como nación lingüísticamente unificada, como Francia, y porque los vencedores de las últimas elecciones, los nacionalistas flamencos de la NVA, adhieren al credo republicano francés: sin nación no puede haber democracia próspera ni solidaridad interpersonal viable, y no hay nación sin lengua común.

Bélgica, sin embargo, lo ha intentado. Hasta 1898, el francés era su única lengua oficial. Unida a la erradicación de las hablas flamencas y valonas, su difusión a través de la educación y de la conscripción era parte del proyecto de construcción nacional tanto en Bélgica como en Francia. Pero el movimiento flamenco saboteó ese proyecto. Obteniendo el mismo respeto formal por el neerlandés que por el francés, primero, asegurando su protección en el norte del país, en seguida y, finalmente, desarrollando una educación en neerlandés eficiente y un conjunto dinámico de medios de prensa a los que la población flamenca debe hoy lo esencial de su información y de su cultura.

El resultado es un ruptura lingüística cada vez más profunda. Si bien el francés sigue siendo enseñado en todas las escuelas flamencas, el manejo del francés en la elite flamenca se deteriora de año en año y es actualmente inferior a su dominio del inglés. Además, siendo como son 50% más numerosos y 15% más ricos que los francófonos, los flamencos se preguntan, lógicamente, por qué tendrían que ser ellos quienes se esfuercen por hablar la lengua de la minoría, y no lo contrario. Por parte de los francófonos, el esfuerzo por aprender el neerlandés se intensifica pero sigue siendo modesto. En Valonia, los alumnos sólo aprenden neerlandés durante la secundaria, la mitad de entre ellos como tercera lengua, después del inglés, y algunos no lo aprenden en absoluto. Sólo 14% de los valones afirma poder hablar suficientemente neerlandés, en comparación con el 51% de los flamencos que lo hacen con el francés.

A falta de lengua común, la nación belga parece una quimera, el pueblo belga una ficción y la Bélgica del presente una flagrante infracción al cuerpo doctrinal que comparten republicanos franceses y nacionalistas flamencos: un vestigio anacrónico del Imperio plurilingüe de los Habsburgo, un error histórico que se evaporará, un monstruo que debería sentirse culpable de existir.

Y, sin embargo, Bélgica sobrevivirá. No se romperá ciertamente en dos, ni siquiera en tres. Porque ni Flandes ni Valonia pueden llevarse consigo Bruselas ni quieren irse sin Bruselas.

Bruselas, en efecto, es un poco nuestra Jerusalén. Felizmente para nosotros ni Salomón, ni Jesús, ni Mahoma recorrieron sus calles y son pocos los que estarían dispuestos a dar su vida por reconquistar la que después de todo no es más que la ciudad de Manneken Pis. Con todo, Bruselas es una cuidad símbolo frente a la cual cada una de nuestras etnias pretende tener un derecho sagrado: los flamencos porque la ciudad está en el corazón de su tierra y porque es su lengua la que el pueblo de Bruselas ha hablado por siglos, los Valones porque es en francés que Bruselas se convirtió en capital y porque es el francés la lengua hoy por hoy más hablada por los bruselenses. Abandonar Bruselas sería, por lo tanto, para unos y otros una insoportable humillación. Además, Bruselas es más que Jerusalén. Porque un tercio del PIB belga se produce sobre el 2% del territorio nacional ocupado por la gran Bruselas: la región de Bruselas propiamente tal y sus tentáculos en los dos Brabantes, flamenco y valón.

Por esas dos razones, Belgica no se separará. Tanto mejor. El Estado belga no es más que un instrumento que puede desaparecer por falta de uso. Pero la Región de Bruselas no se extenderá jamás a su hinterland y Bélgica continuará siendo, a causa de eso, esencial para aseguran una administración mínimamente eficaz -tanto del transporte como de la imposición- de una métropolis repartida entre tres regiones. O, cuando menos, continuará existiendo mientras Europa no sea capaz de asumir el relevo, en particular en lo que se refiere a la función redistributiva que hoy le incumbe al Estado belga.

Estamos lejos de eso y lo seguiremos estando mientras la propia Bélgica no haya demostrado cómo una democracia sana y una solidaridad fuerte pueden lograrse en ausencia de una nación.

No hay razón, así, para que nuestra no-nación se sienta culpable de existir. Y sí hay todas las razones para que intente rendir servicio a Europa innovando y experimentando reformas en profundidad: cuatro regiones de tamaño muy desigual con competencias ampliadas; una lengua pública diferente (neerlandés, francés, alemán) en tres de ellas y un régimen trilingüe (francés, neerlandés, inglés) para la región de la capital; una base federal simple y sólida que asegure lo esencial de la solidaridad entre las personas; y un sistema electoral que convierta a quienes quieran gobernar la federación sancionables por el conjunto de la población.

Ni culpable ni dividible, Bélgica hace frente a un tarea difícil pero importante. La crisis actual debe empujarla a la acción. ¿Lo logrará? Dependerá de la valentía y de la inteligencia de quienes conduzcan la maniobra y, en particular, de su aptitud para reconocer que si la democracia y la solidaridad son menos arduas en el seno de un Estado-nación, siguen siendo necesarias y lo serán más aun en el seno de entidades que no lo son ni lo serán jamás.

Imagen: Plaza mayor de Bruselas, óleo de Jacques Carabain

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mardi 14 juin 2011

El otro Soto

'Llegó un día al pueblo un circo. En el circo había un domador de leones. Tenía la desgracia de llamarse Soto. La gente estaba asombrada, entonces empezaron a hablar de este Soto. A Soto, el cuchillero, le dio rabia porque hablaban de Soto, pero ese Soto era otro. Cuando el domador estaba una tarde en el despacho de bebidas, se le acercó Soto el cuchillero y le dijo: 'Yo quiero saber su gracia' (su nombre). El otro le respondió: 'Soto, para servirlo'. El cuchillero dijo: 'Aquí el único Soto soy yo, de modo que no se apure, elija su arma y yo lo espero fuera'. Nunca se peleaba bajo techo, porque era ofender la casa, aunque la casa fuese un prostíbulo. El domador no sabía qué hacer, pero alguien le dio un puñal. Entonces salieron a la calle y, como el domador no sabía manejar el cuchillo, Soto lo mató. Luego todos los testigos dijeron que el domador lo había provocado. Además, como éste era el héroe local y el otro un forastero, todo quedó como si nada hubiese pasado.

La historia del otro Soto la cuenta Borges en una entrevista con Reina Roffé. En ella, Borges evoca también su relato sobre dos teólogos que en vida se odian y se destripan, y cuando llegan frente a Dios constatan que Dios los confunde, que para él forman una sola persona.

El otro, teólogo o domador de leones, es un de los asuntos que ponían a trabajar al maestro, afán que resolvía con unos relatos espléndidos.

Durante unos años leí a René Girard y llegué a entender que la mímesis, la manera de encarar al otro y al equívoco que el otro obra en uno, es asunto central en toda vida humana. Girard elaboró su teoría mimética a partir de su trabajo como crítico literario, apoyándose en una lectura de los clásicos, la Biblia delante pero, curiosamente, que yo sepa, no parece haberse referido a Borges.

Borges consigue en este materia dar otra vuelta de tuerca enfrentando a Borges no ya con el otro exterior, sino con el otro sí mismo, que es de lo que trata El otro, el relato de su encuentro ya mayor consigo mismo cuando joven:

'Me le acerqué y le dije:
-Señor, ¿usted es oriental o argentino?
-Argentino, pero desde el catorce vivo en Ginebra -fue la contestación.
Hubo un silencio largo. Le pregunté:
-¿En el número diecisiete de Malagnou, frente a la iglesia rusa?
Me contestó que sí.
-En tal caso -le dije resueltamente- usted se llama Jorge Luis Borges. Yo también soy Jorge Luis Borges. Estamos en 1969, en la ciudad de Cambridge.
-No -me respondió con mi propia voz un poco lejana.
Al cabo de un tiempo insistió:
-Yo estoy aquí en Ginebra, en un banco, a unos pasos del Ródano. Lo raro es que nos parecemos, pero usted es mucho mayor, con la cabeza gris.
Yo le contesté:
-Puedo probarte que no miento. Voy a decirte cosas que no puede saber un desconocido. En casa hay un mate de plata con un pie de serpientes, que trajo de Perú nuestro bisabuelo. También hay una palangana de plata, que pendía del arzón. En el armario de tu cuarto hay dos filas de libros. Los tres volúmenes de Las mil y una noches ( ) y, escondido detrás de los demás, un libro en rústica sobre las costumbres sexuales de los pueblos balcánicos'.

El viejo, conservador, no puede por menos que burlarse del joven que cree en la fraternidad de todos los hombres. Una manera como otra de contener la emoción.

'Noté que apenas me prestaba atención' prosigue el viejo. 'El miedo elemental de lo imposible y sin embargo cierto lo amilanaba. Yo, que no he sido padre, sentí por ese pobre muchacho, más íntimo que un hijo de mi carne, una oleada de amor. Vi que apretaba entre las manos un libro. Le pregunté qué era'.

Era éste.

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samedi 11 juin 2011

Porque hoy es sábado

Esta mañana bajamos hasta el lago para ver nadar a las fulicas. A esa hora temprana el mundo parece estar hecho de nuevo sólo para nosotros y tal vez sea así. Luego entramos a comprar el periódico, y los colores de las chucherías de la tienda componen otro mundo paralelo recién salido de su envoltorio.

De pronto se acerca un ciclista con cara de desesperado. Es el veterinario que busca a su perro.

44234940

____________

Hace 25 años murió Borges. Un mes más tarde, aterrizamos en Ginebra y nos acercamos a Plainpalais, buscando su tumba. Costó encontrarla porque alguien se había robado la placa sobre la cruz. Borges era entonces un muerto reciente y anónimo.

Borges, entrevista en Facebook

Borges and me (breve relación)

Swissair

Swissair (2)

Swissair (3)

Swissair (cauda)

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jeudi 9 juin 2011

El efecto BS

Buzz y hoax son dos palabrillas en alza, de esas que ya nadie se molesta en traducir. Hoax es una información falsa y buzz una información que se propaga por la Red a la velocidad de la luz. Ambas categorías pueden combinarse y un buzz, además de rápido, puede resultar ser falso. Hoax célebres son esos poemas como de autoayuda que se atribuyen erróneamente a Borges o a Neruda. Quién haya intentado pararle los pies a la falsía (la Fundación Neruda, por ejemplo) comprueba la cuasi inutilidad de su afán. De existir dentro de mil años, las Obras completas de Borges incluirán seguramente el bodrio ese de las habas versus los helados.

Desde hace unos días circula por la Red este vídeo que muestra una ruta comarcal belga absurdamente saturada de paneles. 250 en cinco kilómetros, creo. Surrealista, como llaman los belgas a todo lo que se sale un palmo de la norma. Los autores del vídeo lo llenan también de mensajes populistoides y, al final, le imputan el imbunche a un ministro de apellido Lutgen. Este, fígura montante de la democracia cristiana provinciana, ha intentado por todos los medios a su alcance corregir la atribución. Pena perdida. Peor, lo que ha consiguido con su agitación ha sido aumentar la velocidad de propagación del mentado buzz.

Lutgen ha intentado acallar los ecos gritando, como se dice. Más o menos lo que hizo Javier Cercas ante el infundio puteril de Arcadi Espada. O Barbra Streisand, quien, queriendo evitar la publicación de unas fotos de su casa, consiguió abarrotar su calle de fotógrafos y bautizar al famoso efecto con su nombre. El efecto BS.

BS

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samedi 4 juin 2011

Uno a uno

 B

 Waar is de feestje? Hier is de feestje! gritábamos anoche desde la tribuna durante el partido Bélgica-Turquía, previo al Euro 2012, que acabó empatado a uno.

Waar is de feestje? Hier is de feestje! (¿Dónde es la fiestita? !Aquí es la fiestita!). No fue total la fiesta para los belgas, los turcos se la estropearon en parte. No es su culpa, sino la del timorato de Georges Leekens, el entrenador belga, gran hacedor de uno a unos.

Tous ensemble, tous ensemble, tous, tous, tous!, gritaban también los belgas, que en estas lides se muestran bilingües y unidos. Ahora bien, cómo estar todos a una, cómo ser uno a uno, más allá de la ilusión más o menos regresiva de serlo sólo por estarlo. Echando mano a los códigos consabidos, voceando a los de nosotros cuando llevan la pelota, silbando a los otros cuando suena su himno y atacan. Eramos cincuenta mil los belgas y los pro-belgas y cinco mil los turcos en su tribuna particular. Éramos más y queríamos que nuestra presencia contara. Éramos locales. ¿Cómo ser uno a uno y, sin embargo, desempatar?

Suelo ver el fútbol por la tele y me dejo impresionar por el menú del director del programa. En el estadio, es uno el que selecciona lo que puede, se concentra en ello, y se pierde lo que se le escapa. La realidad no espera ni se repite. Por eso es embriagadora de tan real y de tan inminente. Durante un momento todo parece posible. Y todos los momentos parecen posibles sucesivos, y así hasta que ya es demasiado tarde.

Desde arriba de la tribuna se ve mejor el juego que en la superficie de la tele, pero en el estadio hay mucho para ver además de la pelota, como esos stewards que tienen la ingrata tarea de pararse al borde del terreno para vigilar a los aficionados, de espaldas al partido. Alguno hace trampa y acaba con tortícolis. Y alguno también recibe el resultado de la frustración de la muchachada en la forma de un vaso de cerveza. El hombre pierde el equilibrio y se va al suelo. Sólo unos pocos contemplan la escena, porque hay cientos de escenas sucesivas y una sola pelota, que es pequeña y veloz. Y esquiva, las más de las veces. Así fue cómo la que pateó Axel Witsel a la hora del penalti se fue a las nubes, y la victoria tan buscada por los belgas se quedó en un ramplón uno a uno.

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vendredi 3 juin 2011

Un día en Amsterdam

La campiña amberina está pajiza de sol pero las torres de vidrio de los anillos de Utrecht y de Amsterdam reflejan charcos y vacas como siempre. Hay mucha gente en la ciudad porque es día de asueto y las policías jovencísimas no dan abasto para orientar a los visitantes, ocupadas como están controlando la identidad de los músicos rumanos que brindan un repertorio hollywoodense al personal repartido por las terrazas, ahíto de sol y de fermento.

De regreso, al crepúsculo, el paisaje brabanzón me parece por primera vez digno de verse, con sus primeros relieves tomando forma tras tanta planicie. Ya era hora, después de tantos años y de haber plantado un par de guindos. Como dice Cornelio, es una pena que Dios no se haya limitado a pintar paisajes.

R

 

 

 

 

 

 

 

 

Rembrandt, Vista de Amsterdam

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