jeudi 31 mai 2012

Un grupo de amigotes

L

Llego a La Belle équipe por las imágenes. Es una historia de otra crisis, la de los años treinta. Un grupo de amigotes sin trabajo ganan un premio de la lotería e instalan un chiringuito al borde del Marne. Una especie de Full Monty, como quien dice. Con música también, Jean Gabin cantando Quand on se promène au bord de l'eau. Cuando el negocio van bien, muere uno de ellos y a partir de ahí las cosas se tuercen. Et in Arcadia ego. Los dos últimos, Juanito y Carlitos, están enamorados de la misma mujer y el asunto acaba en crimen. Los productores le imponen al director que cambie el final por uno más optimista. O al menos no tan triste. El director asiente, pero desde entonces hay pleito entre las partes por los dos finales. Y aún así, la película es un fracaso comercial. A otra escala, sin embargo, el filme funciona en referencia a la suerte del Frente popular, que consigue por entonces ilusionar al personal pero acaba mordiendo el polvo de la guerra.

Ahora que sé todo esto, debería verla.

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dimanche 27 mai 2012

La estación de Gembloux

Enciendo la radio del auto para oír las noticias. Acaba de ocurrir un crimen, esta misma tarde, en las inmediaciones de la estación de Gembloux. Se da la casualidad de que estoy justamente en las inmediaciones de la estación de Gembloux.

En ocasiones, el kilómetro sentimental no respeta las distancias. Días atrás, un sujeto mal encarado intentó agredir a un señor muy parecido a mí en una calle por la que circulo a diario. En plena vía pública.

Vida privada es aquello que no interesa a nadie más que a uno mismo. Y a veces ni siquiera. El problema es que no estoy aún en un nivel tan avanzado de evolución. Y como resulta algo obsceno preocuparse tanto por su propia suerte, intento desde entonces dar vuelta la hoja y pensar en la gente que vive frente a un lugar infame y se deja distraer por señuelos, o al revés.

Mal de muchos, dice mi tía. En casos como ése suelo recordar el privilegio de ser un hombre común que ha conseguido anidar en lo alto de la campana de Gauss y oír su tañido monocorde a intervalos regulares. En ese intersticio he plantado el árbol del que cuelga la hamaca en que me echo la siesta los días de asueto. Cualquier día cometo una imprudencia, lo corto, lo muelo y con la pasta publico un librito.

D

Óleo de Paul Delvaux

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samedi 19 mai 2012

Salmon y los salmones

La pesca de salmón en Yemen no es una comedia de gran cosa, pero reúne lo justo para mantener la atención, algo de geopolítica y una amourette entre dos brits queribles. Tiene eso sí un momento que está bien del todo: el rencuentro, teleguiado por el poder -por la eminencia gris detrás del poder, la asesora de prensa del primer ministro-, de un soldado rescatado de la guerra de Afganistán con su novia, sobre el terreno y frente a las cámaras. Una trampa tanto para los protagonistas como para el pueblo espectador, como las hay tantas y tan cosidas con hilo negro y sin embargo tan rentables para los mandamases.

Esta combinación de la teatralidad del ejercicio de la autoridad con la telerealidad como vía para cautivar a la opinión la describe hoy perfectamente Christian Salmon a propósito de las ceremonias eleccionarias francesas, en particular la escena del diálogo de François Hollande con su primogénito en directo televisivo la noche de su elección.

Como decíamos ayer, las dictaduras utilizan bombas lacrimógenas y gases hilarantes. Las democracias sólo las echan por la tele.

PS/ Una pena que las escenas yemeníes de La pesca... hayan sido filmadas en Marruecos. No porque yo tenga nada contra Marruecos ni contra las alegres cuentas de la industria del espectáculo. Es que esta constatación -la imposibilidad de filmar una película británica en el Yemen- anula per se la conclusion del propio filme. Y también porque, habiendo sido feliz brevemente en la Arabia feliz, me encanta volver a verla.



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jeudi 17 mai 2012

El sexo de los ángeles

N

Ernest Pignon-Ernest estuvo en Chile en 1981, donde dirigió un taller cuyo resultado fue un retrato de Neruda serigrafiado. Yo vivía entonces en la calle Maruri, la misma donde el joven Neruda escribió su famoso Crepusculario. En un rincón de la calle, frente a la casa, los pignonistas pegaron un ejemplar del afiche de Neruda. No tardó alguien en arrancar a medias la imagen y otro en recomponerla a la noche siguiente, dibujando sobre el muro unos toscos trazos. Luego alguien más puso un ramo de flores al pie del afiche, ramo que otro pateó y otro más repuso. Y así sucesivamente.

Pignon-Ernest ha pegado sus carteles en muchos sitios [Rimbaud en París y en Charleville, Carabacho en Nápoles, Darwish en Palestina, Genet en Brest...]. Ahora que Banksy ha popularizado esas intervenciones urbanas cabe recordarlo. Me gusta el resultado que consigue Pignon y me parece que, en su caso, ponerlo en la calle no es arbitrario. Sus retratos son formalmente muy acabados, pero enmarcados y colgados en un museo resultarían algo banales. En la calle, en cambio, o más bien en ciertas calles, ganan sentido.

Aprecio, sobre todo, que haya dirimido de una vez la polémica de los sabios de Bizancio y desvelado el sexo de los ángeles sobre los muros de la catedral de Montauban. Sexo que, por cierto, unos penitentes emborronaron a lo tonto.

PS/ La foto del afiche en la calle Maruri la tengo... la tengo que buscar, quiero decir. Este blog es un archivo al aire libre, lo que he ido colgando en él se encuentra rápido, al contrario de lo que no he ido colgando en él.

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dimanche 13 mai 2012

Mi vida sobre rieles

El tren se ha quedado vacio, estación terminal, fin del recorrido. Sobre un asiento, un ejemplar añejo del diario gratuito. Alguien ha escrito encima unas cuantas frases en español. Sigo mi camino pero, antes de bajar, me devuelvo y me llevo el ejemplar.

M

Lo que más me hubiese gustado de la vida sería el no haber nacido. ¿Por qué tuvo que ser así? ¿Por qué tener que sufrir?, dice un mensaje manuscrito en una crónica sobre el pintor Lucian Freud.

La frase es conmovedora en su contradicción. Porque sólo quien nace puede querer no haber nacido.

Aliviará echar fuera el dolor. Si no hay nadie que escuche, tal vez habrá quien lea. Un niño escribía en la suela de sus zapatos los deseos de los que se avergonzaba.

La vida es un territorio propicio a los mensajes contradictorios. Es mi vida, qué puedo hacer si ella me eligió, cantaba Adamo. En el diario de hoy, el velocista Christophe Lemaitre emite una sentencia común entre famosos: Mi éxito es una bella revancha sobre la vida. Leyendo la entrevista, queda claro que la revancha la toma Lemaitre contra quienes se burlaban de él cuando era niño. Los otros, en suma. Mi vida, ese sintagma tan al uso en los trenes, suele querer decir los demás, o cómo los otros me tratan.

Voviendo al recorte del diario, es probable que la imagen de Freud haya desatado la confesión del lector. Dificulto que hubiese escrito lo mismo en torno a un foto de, pongamos, François Hollande. O no todavía.

En fin, los diarios te ponen triste y los diarios te alegran el día. En el diario también se entera uno de esa madre que descubre que su hijo, al que daban por muerto, vive. Y un viernes mórbido se convierte en domingo de gloria.

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mardi 8 mai 2012

La yapa

(Tres días en Luxemburgo, 4 + 1)

Se me quedan tres detalles, que liquido ahora mismo. La yapa, the remnant.

Luxemburgo es un país muy verde y la gente pinta las casas de colores (en contraste con el sur de Bélgica, donde prima la piedra natural y el ladrillo). Sin embargo, no parece haber ni una sola casa pintada de verde. Terracotas, cremas, y cúrcumas a tutiplén, o azules, o incluso grises, pero ninguna verde. 

En el restorán de Urspelt, la camarera es brasilera, de São Luiz de Maranhão. Aparte lo verde, Maranhão será la antípoda de Urspelt.

De tan templados que son, los luxemburgueses parecen haber inventado el concepto del sauna tibio. Tal vez por eso, y por el número, no parece haber luxemburgueses que hayan marcado el imaginario colectivo. Y en cuanto al imaginario personal, al único luxemburgués que recuerdo es a Julien, el pianista de Rendez-vous à Bray. Y con esta nana me despido, que a eso quería llegar.

Six, cinq, quatre, trois, deux, un et une
Mon oiseau a perdu ses plumes
Plumes de bois et plumes de fer
Nous nous retrouverons en enfer
Plumes de fer et plumes de bois
Le paradis n'est pas pour toi
[Le paradis est pour le Roi.]



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lundi 7 mai 2012

El paréntesis

(Tres días en Luxemburgo, y 4)

Parra propone escribir como se habla y hablar con el lenguaje de la tribu, pero por escrito. Rimbaud, después de escribir el Antiguo Testamento a los 15 y el Nuevo a los 18, dejó de escribir a los 20 años. ¿Por qué? La respuesta es elocuente, silencio.

A todo esto me acuerdo de mi amigo T, a quien conocí en El Cusco. A propósito del leve malestar que creo haber sentido entre los huéspedes del hotel en Luxemburgo a la hora del desayuno. Del desprecio con que T se refería a sus equivalentes que paseaban su indolencia por Indiolandia mientras en Europa tenían en marcha su pequeño negocio. De T, digo, tan buen caminante como era. Lo he recordado poco en estos largos años, pero una vez soñé que le habían amputado la pierna derecha.

A todo esto también, confieso que vamos por Luxemburgo siguiendo una guía Michelin del año 55. No es que vayamos buscando bucólicamente el país que alguna vez fue Luxemburgo. Es que lo encontramos. Por los caminos comarcales, donde no hay nada que no sea paisaje, nada que no existiese cuando Rimbaud recorría estos parajes. Será una Europa recuperada de los agravios napoleonistas y adolfistas, anterior a la crisis y a la depresión. Una Europa entre paréntesis.

P1020605

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dimanche 6 mai 2012

El día de la madre

(Tres días en Luxemburgo, 3)

S

Vemos un filme suizo, L'Enfant d'en haut, de Ursula Meier. Suiza y Luxemburgo se asemejan no sólo por el negocio bancario, también por el ganado y por lo granado, e incluso por el paisaje. No en balde a la región fronteriza con Alemania se la conoce como la Petite Suisse luxembourgeoise. La gente es recatada pero la riqueza no hay quien la disimule.

La película cuenta de un niño que sube a una estación de esquí, donde se confunde con los esquiadores a los que aligera de lo que pilla a mano, y luego vende el botín entre sus vecinos de la torre popular donde vive, abajo, en el valle industrial. Vive con su hermana mayor, una perdida. Meier los filma de cerca: entre ellos hay emoción escondida y violencia manifiesta. Como en los filmes de los Dardenne, que han hecho escuela, la vida es una tristeza y además hay un niño de por medio.

¿Para qué tendrá hijos alguna gente? Pour enmmerder les gens, dice la mujer. El niño se las arregla como puede para no desmentirla.



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samedi 5 mai 2012

El busto

(Tres días en Luxemburgo, 2)

Cincuenta espléndidas ciudades andó Rimbaud, según los que saben contar. Los nombres de esas ciudades están alineados en la puerta de la que fue la casa de Rimbaud y ahora es uno de los museos que le están dedicados en su ciudad. [Recuerdo, por mi parte, haber listado también cuando tenía su edad las ciudades recorridas, pero en mi caso (en mi casa) creo que sólo eran 49].

La casa-museo de Rimbaud en Charleville no tiene cincuenta habitaciones, de manera que se concentra en las principales. Charleville, por cierto, París, Bruselas, Londres, Adén, Harar... La propuesta del museo es simple, muros encalados y suelos entablados, planos en el suelo y en el muro imágenes.

Rimbaud, ya está dicho, detestó intensamente Charleville, a la que llamaba Charlestown (Ma ville natale est supérieurement idiote entre les petites villes de province). Diez años después de su muerte, en 1901, las autoridades de Charleville, sintiendo probablemente una forma de culpabilidad retrospectiva y sabiendo, sobre todo, que en el futuro habría que contar con el personaje, quisieron recuperar el tiempo perdido y erigieron un busto de Rimbaud en la plaza de la estación, frente al café El Universo. Un busto dedicado no al escolar escandaloso ni al poeta de Las Iluminaciones, sino al explorador en África. A la avanzadilla de la civilización ardenesa. Un busto esculpido por el cuñado de Rimbaud, que el ejército alemán no demoró en desmontar durante la Primera Guerra.

Después de todo, a falta de ocupar Adén, o Harar, o cualquier otra de las cincuenta espléndidas ciudades, los alemanes sólo habían ocupado Charlestown.

R

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mercredi 2 mai 2012

Ô mon beau Rimbaud

Tres días en Luxemburgo

Luxemburgo tiene la forma de un zapato chino, al interior del cual el borde nunca está lejos. Mis tres días en Luxemburgo comprendieron vueltas y pirivueltas por cuatro países, Francia, Bélgica, Alemania, además del mentado Gran Ducado.

El primer día de viaje fue rimbaldiano. Creía que Charleville sería fea y estaría deprimida, tal es la mala fama que tiene el noreste francés. Y no, o nunca tanto. La plaza ducal es admirable de armonía. A dos pasos de allí, al borde del vigoroso río Mosa, el viejo molino está convertido en museo Rimbaud, tanto como la casa donde vivió Rimbaud está también convertida en museo Rimbaud. Todo es Rimbaud en las inmediaciones, la panadería Rimbaud, la librería Rimbaud, la peluquería Rimbaud.

A los quince años se fugó Rimbaud de Charleville por primera vez, lo atraparon y volvió a fugarse en seguida y no dejó de huir de Charleville incansablemente en los veinte años que le quedaban de vida, a pie, en tren, en diligencia, como fuera, a como diera lugar, como pudiera. Es difícil encontrar a alguien que haya maldicho a su ciudad de manera tan elocuente como lo hizo Rimbaud, a su ciudad y a sus provincianos burgueses.

Y la paradoja rimbaldiana, la parajoda del poeta maldito, es que son esos odidados burgueses de Charleville, a quienes Rimbaud quería hacer polvo, ellos mismos o sus descendientes, quienes han hecho polvo a Rimbaud. Y lo venden tan estupendamente.

R

Cartel de Ernest Pignon Ernest (fragmento)

(Dos días después pasamos por Vianden, donde vivió en su exilio luxemburgués Víctor Hugo. Y ya de regreso en Bélgica, por Verlaine. Pero no quisimos entrar ni en uno ni en otro. Los poetas franceses, de a uno por fin de semana.)

Ô mon bien, ô mon beau...

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