Un día en Tréveris, la ciudad más vieja de Alemania, al borde del río Mosela, la llamada segunda Roma. Ahora que Alemania ha vuelto a ponerse de moda.

Una vuelta ritual por la casa natal de Carlos Marx. Lo que más apreciaba de la casa-museo, la genealogía de los Marx, ha sido descolgada, o descolgado anda mi tío, que no la encuentra. También es cierto que hay mucho visitante oriental. No había ninguno en las calles en la ciudad, y resulta que estaban todos en la Marx Huis, interesados por el joven Marx, por doña Jenny, por el tío Feuerbach y el yerno Lafargue. Qué tristeza la Historia, así con mayúsculas, una lluviosa tarde de sábado, la negra sombra del gulag y del holocausto asomando por la ventana adornada con geranios.

Ateo como soy prefiero la Catedral, tantas veces renacida del polvo de las guerras. No es cuestión de ir por la vida comparando, de modo que tampoco voy a compararla con la Porta Nigra, ni con el Aula Palatina, ahora templo protestante. Ni siquiera con la hamburguesería de la esquina, que adopta un look moselense.

El euro no es otra cosa que el marco alemán con otros colorines, asegura con guasa Enric González. Lo cierto es que los precios son más bajos en Alemania que en los países vecinos (ya digo que no hay que ir comparando), los dorados de las molduras más brillantes y la bandera tricolor, Eurocopa mediante, lleva los colorines más triunfales.

Trier