Llevo varios días diciéndome que tengo que buscar en el libro de Pamuk sobre Estambul lo que éste cuenta sobre la famosa Plaza Taksim. Por fin lo abro y doy con la página en la que explica que taksim señala en la música otomana un intermedio, un solo que se ejecuta durante el paso de un tema a otro. Y, añade Pamuk, «como la palabra taksim se refiere a repartir y al lugar donde se distribuye el agua, los estambulíes comenzaron a llamar Taksim a la alta llanura en la que Nerval se entretenía contemplando el paisaje, los vendedores y los cementerios, debido a la existencia allí de un centro de distribución de aguas. Todavía siguen llamando así a ese sitio, en cuyos alrededores he pasado toda mi vida. Pero antes de ser conocido como Taksim, al igual que Nerval, paso por allí Flaubert». Y pasa a explicar qué hacía Flaubert en Estambul, enfermo de una sífilis que había contraido en Beirut, y lo mucho que echaba de menos a su mamá. Tanto como echa de menos Pamuk a la suya, a la luz del tono con el que cuenta lo que ésta le decía para convencerlo de que no se dedicase a la pintura cuando era muchacho. Lo que me lleva a acordarme de la mía. Así no se va a ninguna parte.

E

Foto de Richard Kalvar