jeudi 28 novembre 2013

La chichiología

Un cacique le contaba años atrás a mi tío lo apasionante que era la vida de su tribu. Tanto así, decía, que numerosos cientistas sociales se interesan por ella: tropólogos, sociólogos, sicólogos, chichiólogos...

Desde entonces adoptamos la chichiología como denominación y disciplina. Consiste, creo, en observar y comentar, o incluso en comentar y comentar lo que hacen y dicen los demás, esa tribu. Así que paso a compartir mis observaciones chichiológicas del día de ayer.

«¿Podría hoy el hijo de un trabajador del metro de Sevilla convertirse en lord Giddens? El entrevistado se remueve en la silla y rechaza la pregunta: Es inaceptable para un sociólogo». 

La intuición chichiológica me dice que el rechazo de Giddens en esta entrevista le viene dictado no tanto por su condición de sociólogo cuanto como por su pertenencia a la tribu británica. Cada pueblo tiene sus manías y la de los brits consiste en hacerse los reservados.

Así como los chinos tienen fama de meticulosos. O de algo por el estilo. También por el diario me entero de que en la provincia de Hunan un ladrón copió la lista de contactos grabados en el iPhone que acababa de robar (mil) y envió las once páginas resultantes por correo a su propietario.

Los pueblos, ya digo, tienen sus cosas. En este sitio se ve que el fotógrafo Jimmy Nelson se ha puesto a la caza de pueblos primitivos en vías de extinción y ha atrapado a unos cuantos. Después de lavarlos, perfumarlos y endomingarlos, les hace unos retratos de muy buen ver. Todo muy espectacular pero como kazajos, papúes y masáis ya están algo sobreexpuestos, el mayor hallazgo del artista consiste en haber contactado por primera vez con un pueblo hasta ahora desconocido, los algochos, intrépidos habitantes del corazón de Sudamérica.

La última chichiolada, cinematográfica, es esta In Another country, que observa y muestra los escarceos de Isabelle Huppert con los coreanos. Pero ésta es ligera, ligerísima del punto de vista de la chichiología.

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mardi 26 novembre 2013

La publicidad

Hace ya más de ocho años que publico este blog en Canalblog. Hoy me entero de que hace diez años que Canalblog existe.

Una vez leí una novela en donde la protagonista tenía un blog de bordados en Canalblog. Ahora me entero, adamás, de que tres de cada cuatro blogs de aquí están escritos por mujeres.

Sé también que hay publicidad al pie de las entradas. Yo mismo no la veo, cortesía de la casa. Los visitantes sí, y espero que les guste. Supongo que será de bordados. 

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Bordado de Brodamaryllis

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dimanche 24 novembre 2013

El polvo

Días atrás vimos Dust, de Marion Hänsel, basada en la segunda novela de Coetzee, En medio de ninguna parte. El filme es de 1985, la novela de 1976 y lo que se cuenta de un tiempo remoto afincado en la Sudáfrica feudal de mediados del siglo pasado. Se trata, pues, de un producto supuestamente caducado. Y sin embargo...

Dust muestra un huis-clos a campo abierto -una finca ovejera en la provincia del Cabo- entre un padre viudo y su hija solterona, acompañados por dos o tres criados negros, que en principio no cuentan para nada. Pero, y ése es el punto de Coetzee, en un momento de la histoira comienzan a contar, y cómo.

En medio de ninguna parte anunciaba Deshonor, sobre todo su volet rural, ese padre y esa hija perdidos en la Sudáfrica profunda (aunque Dust fue filmada en España, supongo que en Almería), ese pesimismo seco que tanto vale para el apartheid como para el post-apartheid.

No es fácil llevar al cine una historia de Coetzee: la precisión y la intensidad de su escritura no son solubles en las imágenes, que pueden ser buenas o muy buenas y siempre se quedan por debajo del texto.

Dust tiene también otro problema, que tal vez quepa cargar finalmente en la columna del haber: en la novela, Magda, la protagonista, es fea y sin gracia alguna. Y la cineasta puso a representarla a una mujer preciosa, una Jane Birkin treintañera completamente à contre emploi. Es decir que uno ve la película tan contrariado como agradecido por ese defase.

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samedi 23 novembre 2013

Las envenenadoras camerunesas

No sé si escribir algo sobre las envenenadoras camerunesas o sobre la promoción del libro y la lectura.

Para no meterme en forros, me decanto por lo segundo. Abordaré la cosa a escala local. Echevarría decía hace días que la gente no lee ahora menos sino más, sólo que no lee libros sino guasapes. Que no lee no por el IVA sino porque está leyendo. Puede ser. Mi tío se acuerda de haber comprado en Buenos Aires en los primeros años ochenta un libro que se vendía en los quioscos de diarios impreso con una tapa diferente de su contenido. Ya eran ganas de leer. También, en los años que siguieron a la redemocratización se puso de moda en Chile leer libros palpitantes, por lo que cundían las ediciones piratas vendidas a pie de calle. También serían ganas de leer.

En el mundo rico y moderno se publica una cantidad asombrosa de libros y se venden otros tantos, y a los invendidos se los hace picado rápidamente para publicar otros nuevos. No así en el tercer mundo donde se publica poco y los libros se venden y revenden una y otra vez en las ferias persas. En todo ese vaivén, algo se leerá, porque en las letrinas que frecuentaba mi tío en su infancia solían colgar libros que tenían una doble función. Y yo lo veía cruzar la calle hasta el puesto de libros y revistas de la avenida, donde cambiaba por cuatro chauchas sus novelitas releídas de Silver Kane por otras aún por leer y llenas de promesas. Silver Kane, que se llamaba por cierto González Ledesma y era barcelonés («Nadie va a leer novelas del Oeste escritas por un tal González», le habrían dicho en la Editorial Bruguera).

A lo que voy. Un vecino de mi barrio ha fabricado una casina que tiene algo de buzón y algo más de pajarera, la ha pintado de verde e instalado en el soportal de su casa, en la que dispone unos cuantos libros para que se los lleve y los lea el distraído paseante. Cada vez que paso por delante, a diario, no puedo dejar de investigar el contenido y reprimir el impulso de llevármelos todos conmigo. A eso le llamo yo promover la lectura, y lo demás son tonterías. Aunque tal vez esté mi vecino llevando a cabo un experimento sociológico, como el de mí tío con las camisas, cuya descripción dejo para una de estas largas noches de invierno.

Lo de las envenenadoras camerunesas (les empoisoneuses camerounaises, en camerunés suena aún mejor) también queda para otro día. Digamos por ahora que cundieron tiempo atrás los matrimonios de maduros señores belgas con impetuosas  jóvenes camerunesas. Hasta ahí, viva la Pepa. El problema es que esos señores se han ido muriendo casi todos, uno tras otro. Envenenados, según parece. Los habrán matado a polvos y rematado a polvitos.

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mardi 19 novembre 2013

Una buena ocasión para ver «No»

Ayer fue día electoral en Chile, una buena ocasión para ver No.

Como se sabe, la película cuenta la campaña del plebiscito de 1988, una consulta que buscaba prolongar la dictadura de Pinochet por vías electorales.

La película está bien. Sobre todo en cuanto integra felizmente material documental de la época con la historia que cuenta, la de un publicista exitoso que se embarca en la campaña publicitaria a favor de la opción del voto No en ese plebiscito. En torno a él, varios protagonistas históricos de los hechos de 1988 se representan a sí mismos en el filme dos décadas más tarde, y sus figuras avejentadas enlazan con la época y marcan, al mismo tiempo, la distancia que media ya con ella.

El tono de las imágenes, su coloración, es la propia de la televisión de esos años, ese deslavazamiento como de polaroid. Y no sólo los colores, también el pulso de la película es el de la tele de ese entonces, la que vería Larraín cuando niño.

Y luego está la tensión argumental entre la eficacia de la comunicación publicitaria y la ineficacia del discurso ideológico, tensión que expresa otro enfrentamiento, el de una sociedad cavernaria versus una sociedad llamémosla moderna. En medio de ese tira y afloja, la circunstancia personal del publicista se juega también al sí o al no, al ser o no ser del protagonista.

Por ponerle uno, le pongo un pero y, como soy el último en ver la película no seré el primero en ponérselo: según el planteamiento inicial del filme, fue la presión internacional, encabezada por Norteamérica, la que llevó a Pinochet a convocar ese plebiscito y a correr el riesgo de perderlo, y, otra vez, fue esa misma presión internacional, y sólo ella, la que obligó a un sector del pinochetismo, representado por Matthei, a reconocer la derrota electoral en el mismo momento en que el entorno más próximo a Pinochet se disponía a negarla.

Lo que equivale a decir que los norteamericanos estuvieron detrás del golpe en el 73 y también tras la caída de Pinochet, en el 88. Lo que es innegable. La presión popular, sin embargo, que se desató de manera más o menos espontánea e inesperada a mediados de 1983, pilló desprevenido al pinochetismo y, sobre todo, le demostró que la pura represión, por violenta que fuese, no era argumento suficiente para ganar la batalla de las imágenes.

Esa batalla Pinochet la tenía perdida, pero aún hacía falta saber ganarla.

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vendredi 15 novembre 2013

Ampliamente, Bachelet

Elecciones presidenciales en Chile. Iba a escribir algo cuando leo este resumen en Le Monde:

«Si hay que creerle al Washington Post ni el propio Shakespeare habría imaginado una historia mejor. Dos familias amigas, separadas por el destino. Este domingo los chilenos deberán elegir entre Evelyn Matthei y Michelle Bachelet (los otros siete candidatos no tienen opciones, según los sondeos). La primera es la hija del general Fernando Matthei, uno de los pilares de la dictadura de Pinochet; la segunda, la heredera de Alberto Bachelet, un general torturado y asesinado por esa misma dictadura. Para los analistas, no caben dudas: Michelle Bachelet, presidenta entre 2006 y 2010, sucederá al millonario de centro-derecha Sebastián Piñera en La Moneda. Sólo queda por saber si lo conseguirá ya en la primera vuelta. Su programa, en todo caso, promete una orientación más cargada a la izquierda que la de su primer mandato, según el Guardian y el Wall Street Journal. Sensible al movimiento estudiantil que sacude el país, Bachelet se ha comprometido en favor de la educación gratuita -financiada por un aumento de los impuestos a las empresas- y la consolidación de la seguridad social. Intentará también cambiar la Constitución, heredada del pinochetismo. Bachelet beneficia de un alto nivel de simpatía popular, pero está por ver qué conseguirá hacer con él. Ella misma se cuida de cualquier milagrerismo, según The Economist: Se puede ser popular sin ser populista».

 Tal vez sólo quepa añadir que la propia derecha espera más o menos secretamente ser derrotada en la primera vuelta. De ser así, Bachelet conseguiría una amplia legitimidad gracias a su, digamos, 51% de los votos. De no ser así, su legitimidad sería aun mayor al resultar elegida en la segunda vuelta con una votación probablemente superior al 70%.

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samedi 9 novembre 2013

Déjalos destriparse entre ellos

Llueve incesantemente. No queda más que leer novelas. 

Tras escapar por los pelos al linchamiento a manos del populacho azuzado por el etarra de turno, gracias a la protección inesperada del visir de Samarcanda, Omar Jayam recibe de manos de éste un cuaderno. El regalo del visir es un cuaderno en blanco, un moleskine último modelo, como quien dice, pero es sobre todo una advertencia: cúidate de los visires tanto como de los etarras, y sigue escribiendo versos como los tuyos, pero manténlos secretos.

Jayam no desoye el consejo y ese cuaderno se convirtirá en el manuscrito de Samarcanda que, tras innombrables aventuras, naufragará con el Titanic.

Samarcanda, la novela de Amin Maalouf, tiene méritos (aunque también sabe ser cursilínea). Leerla permite entender la diferencia entre sunitas y chiítas, nueva para nosotros y tan vieja, tan gastada ya para los musulmanes. Y comprobar que el terrorismo de Al Qaeda está enraizado en el hacer de la secta de los asesinos, de Hassan Sabbah, que asoló hacia el año mil, cuando el Islam conocía su apogeo.

Lo de lo cursilíneo (no me acuerdo de quién es el hallazgo) es por las descripciones de los amores de Jayam con Dayán, su poetisa intrigante: mieles van, mieles vienen, tortas van, tortas vienen, fragancia del jazmín, lukumíes y cuernos de gacela.

El desprecio de Jayam por el poder es crístico, y aun está mejorado con relación al de Cristo, porque se asienta en los sentidos, en la materia, en el placer del vino y el calor de la mujer. Estará exagerado por quienes nos lo cuentan, pero qué no está exagerado en el terreno de la Historia, donde lo que no ha sido exagerado ya no existe.

Como se sabe, Jayam no sólo era poeta, era astrónomo y médico. Los mandamases lo necesitaban, y Jayam a ellos, así los despreciase. Pero ese desprecio, ah, ese desprecio:

«Un hijo del sultán remplaza otro hijo del sultán, un visir desplaza a otro visir. ¿Cómo puedes pasar los mejores año de tu vida en esa jaula de fieras? Déjalos destriparse entre ellos. ¿El sol brillará menos, el vino será menos fragante?».

«Los imbéciles han renunciado al poder: yo me confieso imbécil», confesaba el poeta Hinostroza. Imitando a su manera a Propercio: «Los enamorados amamos la paz. Para crueles batallas, las que tengo con mi amada».

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samedi 2 novembre 2013

Adèle en «plan poitrine»

La vie d'Adèle, chapitres 1 & 2, de Abdellatif Kechiche, en el cine. Por una vez, hay gente en la sala. No tanto como la que habrá al lado viendo Thor o Gravity, pero hay. Lo digo porque tenemos por costumbre ver las películas solos, con la compañía que llevamos puesta, no más.

Pero es normal que haya gente, porque esta Adèle se llevó la Palma de oro en Cannes esta primavera y los filmes de Kechiche, cuál más, cuál menos, dan siempre que hablar. Ahora que he visto el último, Adèle, me gustaría ver el primero, La faute à Voltaire, y es que el mejor momento de este Adèle es cuando los muchachos leen por turnos una pieza de Marivaux en clase de literatura, y La faute à Voltaire, por lo que veo, va de eso, de citar a los clásicos en relación a la historia que se cuenta, de suerte que la platitud de la vida coja relieve. El procedimiento mal llevado puede sonar hueco y pedante, pero Kechiche consigue traer a Sófocles, a Marivaux o a Sartre y ampliar el espacio de la historia. Que su personaje sea una liceana que tiene que bregar con libros le ayuda, claro.

Adèle es un personaje desamparado. Tiene una buena familia y un lugar en ella, estudia y encuentra un trabajo que le gusta y hace bien, vive una historia de amor apasionado con la intensidad de sus años -18 en adelante- y, sin embargo, siempre parece estar sola, desprovista, perdida en el mundo. Como todos, tal vez, como muchos, sin duda, pero es a ella a quien Kechiche enfoca muy de cerca, hasta abusar casi del famoso plan poitrine del cinéma verité.

Supongo que la duración y la febrilidad de los polvos entre Adèle y Emma no serán ajenos al éxito de público de la película. La gente querrá, querremos, hacerse una idea cabal de un contacto sexual entre chicas. Kechiche podría abreviar en ese terreno, el segundo y el tercer polvo no añaden nada en relación al primero, y la película ganaría en concisión.  ¿Qué nota me podrías?, le pregunta Adèle a Emma en la cama. Catorce, responde ésta. Te falta un poco de práctica.

Bueno, pues eso, 14.

(Un detalle de talla, el plátano oriental bajo el cual se sienta Adèle al borde del Sena, qué esplendor de árbol. Imposible filmarlo en plan poitrine.)

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