Nicanor Parra cumple cien años. J'ai cent ans, qui dit mieux, cantaba el otro.

Me pregunto qué añade a su figura alcanzar esa edad improbable, asomarse así por la cima de la piràmide demográfica. No le falta singularidad a Parra, ni a la hora de escribir, ni a la de contar.

Una de las páginas que le dedica la prensa recuerda que Parra escribió una tesis sobre Descartes en 1940. Su publicación era un requisito para conseguir una plaza como profesor y está dedicada a su maestro en el Internado Barros Arana, Amador Alcayaga. Parra se mueve con soltura en varios terrenos, ensayo, traducciòn, discurso, plástica. Por otra parte, Descartes conviene perfectamente como título de un libro suyo, descartes en el sentido de textos dejados de lado un momento y recuperados luego. Como Cachureos o Sobras de arte.

Hay quien sostiene que si Parra ha vivido cien años ha sido para compensar el medio siglo escaso que vivió su hermana Violeta. Puede ser. En materia de poder ser, Parra se las trae y se las lleva. Una vez lo llamaron del diario La Tercera. Querían entrevistarlo para una sección llamada Así soy yo. Respondió que encantado, que cero problema. A condición de que la sección pasara a llamarse Azí zoy yo. La señora o señorita le dijo que esperara un momentito, que iba a preguntarle al jefe y lo volvía a llamar en seguida.

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