Cuenta Savater en sus memorias un chiste de Groucho: «Estoy estupendamente de todo menos de la cabeza, que es lo que menos importa». Lo cuenta a proposito de su abuela materna que había perdido la cabeza, que es como se llamaba antes a los estragos del alzheimer, el parkinson, la arteriosclerosis o la demencia senil, males que no son ningún chiste, ya lo sé, pero de los que se cuentan unos cuantos, como ése que explica por qué el alzheimer es muy preferible al parkinson: «Si tienes parkinson, vas al bar, pides una copa, te la vas a tomar, la vuelcas y tienes que pagarla. Si tienes alzheimer, te tomas tranquilamente la copa y te olvidas de pagarla».

(Chiste y dolor, ya se sabe: -¿Te duele? -Sólo cuando me río.)

Esto porque vi anteayer a Quino, tan viejecillo ahora, recibir el premio Príncipe de Asturias, y me acordé de ese chiste suyo, entrañable:

 

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Y también por esto que cuenta Iñaki Uriarte en un adelanto del tercer volumen de sus Diarios, que publica Clarín:

«Tere me contó ayer su encuentro en el parque con X, un señor mayor al que ella conoce desde hace tiempo. Se saludaron efusivamente y charlaron un rato. El le explicó con detalle sus diversas penalidades físicas y varias operaciones recientes. Estuvieron hablando así un rato largo. Hasta que él le dijo: Y lo peor de todo no es lo que te he contado. Lo peor es que no sé quién eres».