lundi 29 décembre 2014

Un mantra para Allen Ginsberg

Del Perico del que habla hoy Roberto, me acuerdo yo la noche del 27 de agosto de 1980, cuando Eduardo Frei Montalva llamó a votar en contra de la constitución de Pinochet. A las afueras del Caupolicán abarrotado, en la mera calle San Diego, Perico se trepó a un poste de la luz dispuesto a arengar a la multitud:

-¡Viva la democracia!, gritó Perico. -¡Viva!, respondió la multitud.

-¡Muera la dictadura! -¡Muera!

-¡Viva el anarquismo organizado!

...Ahí fue cuando la multitud dudó.

Tiempo después, Perico fue a La Reina ver a Nicanor para contarle que emigraba a Norteamérica, donde pretendía visitar a Allen Ginsberg. Parra le dio entonces un mantra para el bardo beatnick.

El mantra decía así: Allen, Allen, Ginsberg, Ginsberg... Allen, Allen, Ginsberg, Ginsberg... Allen, Allen, Ginsberg, Ginsberg...

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dimanche 28 décembre 2014

El pintor cockney y la luz

Anteayer vimos Mr Turner, de Mike Leigh, una película tan trabajada como conseguida. Al punto que Thimothy Spall, el actor que encarna a Turner, premio de interpretación masculina en Cannes, dice haber pasado siete años elaborando el personaje.

Se suele mostrar al artista rompiendo moldes, movido por un arrebato pulsional. Un ícaro seductor en plena subida. Leigh, por el contrario, muestra al pintor viejo y basto, reconcentrado en su asunto, indiferente a las modas, a los demás. Un cockney empecinado en captar la forma de la luz, viejo y libre, seguro por fin de lo que busca y encuentra. 

Esto que digo resume lo que he leído sobre el pintor y sobre la película desde que la vi. Por cierto que hay más tela allí, pero yo me muevo, como el padre de Turner, en el terreno de la anécdota y por eso prefiero referirme a él, al padre del pintor, que exponía en la ventana de su barbería de Covent Garden los primeros croquis del pintor cuando niño, que rasuraba las cabezas de cerdo antes de que la cocinera las presentase a la mesa, convertido luego en factotum del hijo, preparando para él telas y pigmentos, recibiendo a los clientes y proponiéndoles la prueba de encontrar al elefante (the element of the elephant) en esta Tormenta de nieve, el ejército de Aníbal cruzando los Alpes. Porque si, como el elefante, todo es anécdota, el protagonista del cuadro es la luz, su forma.

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Un detalle de temporada, para acabar: al morir, en pleno solsticio de invierno, Turner exclama en su ultimo suspiro un muy inglés «Sun is God».

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vendredi 26 décembre 2014

Mapocho abajo

Diez años sin haber leído D'autres vies que la mienne. En cambio, me entero de que, seis meses después de la ola que barrió Banda Aceh, la tasa de matrimonios en la ciudad se disparó. D'autres vies que la mienne, literalmente.

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Cuando iba al mercado persa en busca de marcos viejos, en Munich, Paul Klee dejaba a su hijo Félix frente a un teatrillo de marionetas. Así, hasta que él mismo fabricó para su hijo un teatro casero y creó los primeros personajes. De las cincuenta marionetas que llegó a modelar Klee, unas cuantas desaparecieron bajo las bombas inglesas en Wurzburg, en el 45. Quedan treinta.

Supe de ellas en Berna este verano y, hoy, 26 de diciembre, doble aniversario de Rodrigo Lira, cómo no recordar las marionetas de Lira -titiritero de por sí-, que conocí en la casa de la calle Hendaya y de las que nunca más tuve noticias. Me pregunto qué habrá sido de ellas, si estarán cubiertas de polvo en algún desván o habrán derivado Mapocho abajo.

K

Paul Klee y Galka Scheyer, 1922

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vendredi 19 décembre 2014

Nombres de películas en 2014

Cuentas tontas: de las treinta mejores películas de 2014, según Cinemanía, veinticinco no llegaron a mi pueblo, o yo no me enteré. Las otras cinco eran buenas. Las ordeno a mi manera:

1. Boyhood

2. Dos días, una noche

2. El gran hotel Budapest

3. El pasado

5. Guillermo y los chicos, a la mesa

Veo que del Gran hotel Budapest no dije nada -lo que tiene mérito- a pesar de lo mucho que me divertí viéndola.

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mercredi 17 décembre 2014

Con ojos de lobo herido

A finales de año me suelo sentar a ver películas. Será el solsticio de invierno, el mucho frío y la poca luz. La luz de las películas puede que sea reparadora. También serán ganas de ponerse mínimamente al día, sabiendo que ya no hay puesta al día posible.

El asunto es que he visto Shame y Bleak night, y las he visto a través del prisma del mensaje anterior. Es que los muchachos de Bleak night tendrán 17 años, y el protagonista de Shame, 27, o por ahí.

Pues eso, que no me gustaría volver a los 17. Ese lenguaje de sobreentendidos al interior del grupo de adolescentes, donde el que suelta palabra queda en posición de debilidad en la sorda lucha por llegar a ser adulto. No, por Dios, no me lo den de nuevo. La película está hecha con escasos medios, por lo que dicen, lo que aumentará su mérito, y sólo unos cuantos planos de la arquitectura de Seúl bastan para impresionar a esta alma sensible.

Shame, por su parte, es una obra cototuda del artista Steve McQueen. (Cuando le preguntan por su nombre responde secamente: «la pregunta siguiente».) Y no, tampoco me gustaría volver a tener 27, y salir por las noches a dar vueltas por la ciudad con ojos de lobo herido, como canta el bolero.

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dimanche 14 décembre 2014

Sé ver las edades al reves

Componiendo una galería de imágenes. Infancia y juventud, por ahora. Ya habrá tiempo para lo que sigue después. O no.

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 Christopher Robin Milne, dibujo de E H Shepard, 1923

Goethe en Roma, acuarela de J H W Tishbein, 1787

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lundi 8 décembre 2014

Escribo porque de niño no me dejaban terminar las frases

Del discurso de Modiano en Estocolomo, una cita de De Quincey, que buscaba en el laberinto de Londres a un viejo amor: «Tal vez sólo estábamos separados por unos veinte metros. No se necesita más para que una separación sea eterna».

Escribo porque de niño no me dejaban terminar las frases. Escribo para que los adultos me lean hasta el final, sin interrumpirme, dijo. Libros que no entiendo del todo mientras los escribo pero que cuando estoy por acabarlos parecen despegarse de mí, como hacen los niños en el escuela el día previo a las vacaciones, que ya casi no escuchan al profesor.

Modiano nació en París en 1945 y se siente marcado de manera indeleble por el lugar y la fecha de su nacimiento. Cuando niño, sus padres lo dejaban al cuidado de amigos de la familia. A un niño todo le parece natural pero, más tarde, su infancia pudo parecerle enigmática, y escribir novelas una manera de resolver esos enigmas. Para escribir, consultaba viejas guías telefónicas, imaginando a la gente que no respondería si marcaba esos números. (Lo que recuerda a Somerset Maugham en una estación de provincias, en la India, pidiendo la guía telefónica para entretener la espera. Una ciudad despoblada, rezongó luego, cuando la devolvió).

La ilustración es de Amedeo Modigliani, muerto en París en 1920, primo de Modiano. Y lo que pueden parecerse.

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samedi 6 décembre 2014

Una de series

Al príncipe Oberyn, de la serie Juego de tronos, lo encarna un actor que se llama Pedro Pascal. Pascal nació en Santiago de Chile en 1975. Seis meses más tarde, su padre, médico, atendía en un hospital santiaguino en el populoso barrio de Independencia, cuando llegó a buscarlo la policía política. El doctor Balmaceda, que así se llama el padre de Pedro Pascal, dijo que esperaran un momento a que terminara la consulta y escapó por la escalera de servicio.

En su casa de las afueras de Santiago, Andrés Pascal Allende, líder del Movimiento de izquierda revolucionaria, sobrino de Allende y primo de la mujer de Balmaceda, había repelido a tiros al grupo pinochetista armado que intentaba detenerlo y se había refugiado en la embajada de Costa Rica. Balmaceda, por su parte, consiguió asilarse con su mujer en la embajada de Venezuela. Habría más que contar pero una historia así gana resumida (más detalles, aquí). El caso es que, de niño, Pedro Pascal lloraba en los aeropuertos. Años más tarde, en Norteamérica, como sólo le proponían papeles de mejicano decidió resumir su nombre de José Pedro Balmaceda Pascal a Pedro Pascal, nombre con el que se le conoce, mayormente por el papel de Oberyn.

Cuento esto sobre todo por el momento ése del médico que decide escapar por la escalera de servicio. Ese momento.

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