Diario del Cono Sur, 7 

Despierto y oigo ruidos raros, voces. Ya está, se trata de una toma de rehenes, pienso. Descorro la cortina y aparece colgado de una cuerda el limpiador de vidrios. Estamos en un octavo piso. Buenos días, sesión de fotos.

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También desde la ventana, a pocos metros, veo el costurón que dejó la explosión en el edificio de la mutual judía. Una bomba terrorista mató allí a 85 personas hace veinte años. Un reciente coletazo de esa explosión, que debió de quebrar en su momento los vidrios que lava el trabajador de la foto, es la muerte del fiscal Nisman, que acababa de inculpar a la presidenta Kitschner de fabricar la impunidad de Irán en ese atentado.

El pedazo de Buenos Aires que veo desde esa ventana comprende oficinas, habitaciones, escuelas -María Admirable- la copa de los árboles del Museo Colonial -un palo borracho está en flor ahora mismo-,  el movimiento de las calles que se pierden a la distancia, como ríos o corredores aéreos.

Me pierdo yo también en esas distancias, sorteando luego en el movimiento de la ciudad una concentración de Podemos-Argentina, con banderas griegas y siñalética española. Y a gente que me advierte que abra bien los ojos porque en Buenos Aires, desde el corralito, atracan a la luz del día.