lundi 28 décembre 2015

La compañía de baile

El baile tradicional imita los ritos del apareamiento al uso en la madre naturaleza. El ballet moderno también, pero intenta que no se note. 

Robert Altman en su penúltima película, The Company (2004), imita por su parte el ritmo del baile y muestra como se compone una y varias piezas de ballet contemporáneo. La historia así contada no sigue la pauta habitual de los relatos, la de Caperucita roja, aunque de cierta manera acabe siguiéndola porque así es como los espectadores la percibimos: a una bailarina la escogen prima donna, se echa novio, se lesiona el día del estreno (y sí, se lesionan los bailarines)... Una compañía de ballet, el Joffrey Ballet de Chicago, en suma, entre camarinos y  ensayos, por dentro, y por fuera, sobre los escenarios... 

En cuanto al baile, se trate de ballet clásico o de cumbia colombiana, por más vueltas y saltos que den los pies de los bailarines no consiguen despegar del suelo más que unos cortos instantes. Con la ayuda de formas, de luces y colores, estos brevísimos momentos pueden parecernos desplegar una gracia infinita. Porque, con todo, tal vez sea lo mejor que la especie ha conseguido dar de sí para pasar los saraos dentro o fuera de la caverna en buena compañía.

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Sobre danza también, Rodin, que vio en París en 1906 una compañía de baile camboyana y la siguió hasta Marsella, consignando más de 150 dibujos, que estarán entre lo mejor hecho hasta hoy en la materia. Sin hablar de sus esculturas. De Rodin, se conoce sobre todo su Pensador. Pero su Danzador no se queda atrás.

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samedi 26 décembre 2015

Los sesos a dos manos / Otro 26 de diciembre

Hoy es 26 de diciembre, fecha de nacimiento y fallecimiento de Rodrigo Lira.

De quien fui amigo durante ocho años, el último cuarto de su vida, porque Lira se mató al momento de cumplir 32 años. Escribimos a cuatro manos —y a seis también, con Roberto Merino. De vez en cuando, admiradores y tesinantes me escriben para preguntarme algo sobre su vida y obra. Lo agradezco y procuro responder, así sea para decir que ya lo he dicho casi todo aquí. El amigo Albert sostuvo con buen ojo que si abrí este blog fue mayormente para hablar de Lira.

Lo cierto es que tal vez hay algo que sí no he dicho, y es que me estorba que se reduzca a Lira a la posición del locatelli, del drogadito. Es verdad que Lira fumaba pitos y es verdad también que tuvo un historial siquiátrico, un largo tira y afloja clínico, una especie de menage á trois entre su madre, el siquiatra de turno y el interesado. Todo eso es innegable y está más que asumido por el propio Lira en sus escritos. Pero Lira también escribió esto sobre sí mismo: «Advierto que ni siquiera soy mucho más neurótico que el promedio de mis contemporáneos. Confieso, eso sí, que a veces tengo que tomarme los sesos a dos manos».

Muchos artistas de su generación, y probablemente también algunos de las anteriores, experimentaron con drogas o se volvieron adictos y se las vieron en algún momento de sus vidas con la siquiatría. Y en sus casos no es eso lo que lleva o no a considerarlos, sino el valor relativo de su producción. ¿Qué fuerza entonces a que en el caso de Lira sea la etiqueta del malditismo y la casuística siquiátrica lo que prime? ¿El suicidio joven, la forma de ese suicidio, que llevó su muerte a las páginas policiales?

Probablemente, pero sólo en parte. También cuenta el hecho de que Lira desafió burlona y descaradamente a su tiempo y a sus representantes. La venganza de estos fue condenarlo a la interpretación siquiatricoide de sus textos. De donde pocos se han movido desde entonces. Como si el país en el que Lira escribió y murió, el de la dictadura y el apagón cultural, el de la picana eléctrica y los electrochoques, siguiese sumido en la misma tiniebla de entonces. 

No se me escapa que treinta años después no se recuerda a nadie por buenos motivos y los recordados lo suelen ser por malas razones. (Kundera dedicó un libro a explicar el fenómeno, Los Testamentos traicionados). Aun así.

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jeudi 24 décembre 2015

Un cuento de navidad

Iba a escribir un cuento de navidad.

Y ya está escrito. Está en la prensa, como casi todo, o en la calle.

El oro para el senegalés que se ganó un cachete del gordo en Croquetas de mar. Y para su hijo, que está por nacer en Senegal.

Y el oro y la mirra y el incienso para el niño que también está por nacer, aquel que colgaba dentro de su madre desde una ventana del Bataclan, cuando una mano se extendió para aliviar a esas manos que aflojaban.

No se cortó aquella vez ese hilo tan ligero que lleva de una mano a otra mano, y ahora el niño está por nacer.

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Hubert Malfait, Niño con sombrero de paja

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mardi 22 décembre 2015

Madre mía

La muerte de la madre desestabiliza hasta al más desmadrado. Nanni Moretti cuenta ese momento —ese antimomento—magníficamente.

Es cineasta, y esa circunstancia lo pilla en plena filmación. En esa filmación, el punto comedia lo pone el actor estrella, mientras que el punto tragedia lo pone la cineasta que lo filma. Todo lo que lleva a Moretti a hacer llorar al espectador ligeras lágrimas de risa y gordas lágrimas de pena. Y también a señalar la artificiosa manera como el cine intenta representar la imagen del mundo en movimiento. Y ese mundo en movimiento, la gente.

Puede ser que Mia madre sea la mejor película de Moretti. Lo digo porque la vi anoche y reconozco mi propensión a dejarme llevar por mi percepción sensorial.

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En tres semanas, he visto otras tres películas: Pasolini, de Abel Ferrera. Paradise now, de Hany Abu-Assad, que me recomendó el amigo Cary Gooper, y sobre la que me propongo decir algo más adelante. Y Los Jardines del rey, que no vale para gran cosa, salvo por la Kate Winslet en tanto que Sabine de Barra. A una y otra las llevo desde entonces en el pensamiento. La cineasta de Mia madre da esta consigna a sus actores: sé tu personaje y sé tú mismo al lado (accanto a) de tu personaje. A la Kate no necesitan decírselo.

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Y sobre el resultado de las elecciones, que por decir no quede:

Que el PP pierda la mayoría absoluta es lo menos que podía ocurrirle. No es de extrañar que un partido conservador, hegemónico en su campo ideológico, obtenga alrededor de un cuarto de los votos. Lo anómalo fue que obtuviese la mayoría absoluta en el 2011. Partiendo de la base de que todas las opiniones son respetables, mi opinión es que el PP no da para más.

Que un partido socialdemócrata, históricamante hegemónico en su campo ideológico, consiga un quinto de los votos dice mucho de este PSOE de hoy, al que tanto lo poco que propone como lo mucho que defiende parece quedarle grande.

Que Ciudadanos acabe alcanzando un honroso cuarto lugar y le sepa a fiasco dice mucho del selfismo en boga, no sé si me explico.

Que Podemos haya hecho un hábil manejo del relato de su propia remontada sobre la base del anti-desahucio y del pro-referéndum dice mucho de la candidez de los votantes de Podemos.

Mis pulsiones me llamaban a votar al Partido animalista. Pero luego no hay melocotones.

samedi 19 décembre 2015

Conversaciones con la diputada

Corría el año 99 y la lista del partido verde belga al Parlamento europeo presentaba una novedad: una candidatura europea no belga, en la persona de la italiana Monica Frassoni. Un amigo me invitó a un debate en el que ella participaba, la escuché atentamente, me leí el programa, decidí apoyarla.

No era cabeza de lista, sus opciones de ser elegida eran bajas. Una oleada de voto ecologista, sin embargo, en gran medida debida a la crisis de la dioxina en Bélgica —introducción ilegal de aceites industriales contaminados en la alimentación animal, escándalo que el gobierno belga de mayoría democristiana intentó ocultar, lo que hizo que los democristianos perdieran ese año las elecciones y quedaran por primera vez desde la Guerra fuera del gobierno— hizo que los verdes aumentaran votos y mi candidata fuera elegida.

Poco después supe que los diputados verdes habían formado en Bruselas un grupo parlamentario con nacionalistas de variado pelaje, flamencos, vascos y tutti quanti. Me inquieté por el asunto, lo consulté con un par de amigos conocedores del percal verde, que me tranquilizaron diciendo que se trataba de un acuerdo meramente técnico, indispensable para existir políticamente en Bruselas, acuerdo al que los empujaba el sectarismo de las tres grandes coaliciones europeas: conservadores, socialistas y liberales.

Así hasta el año siguiente, en que me enteré de que el Parlamento europeo había acordado la entrega del Premio Sájarov, en pro de los derechos humanos, al colectivo vasco Basta Ya por su defensa de las libertades en Euskadi a través de una valiente denuncia de los métodos mafiosos de ETA. A nombre de Basta Ya fue a Estrasburgo a recibir el premio Fernando Savater.

Entonces leí en la prensa que en el momento en que Savater se dirigía a los diputados europeos para agradecer el reconocimiento mi diputada, junto a sus aliados nacionalistas, se levantó de su silla y abandonó el hemiciclo en señal de repudio.

Mi diputada. Hay que joderse, como diría mi tío. Volví a leerme el programa, a ver si me había saltado la línea en que explicítamente los verdes apoyaban al terrorismo y denigraban a quienes le plantaban cara. De nuevo no la encontré.

Así que le escribí a mi diputada, haciéndole ver mi estupefacción. Creía haber votado ecologista y resultó que voté nacionalista, le decía. Con copia a los dos presidentes del Grupo verde, la belga Isabelle Durant y el franco-alemán Daniel Cohn-Bendit. Con copia también a Savater.

Savater fue el primero en responder. Un cordial mensaje agradeciendo la preocupación y diciéndome que esta gente actuaba así porque estaba mal informada.

Ni Durant ni Cohn-Bendit se dignaron responder. Monica Frassoni, sí. Sobre la forma, me decía que mi tono era muy duro. Y sobre el fondo, que, en suma, el nacionalismo español era peor que el nacionalismo vasco. Al cabo de un par de mensajes y viendo que de ahí no nos movíamos, me dijo que lo mejor sería que me pasara un día por el Parlamento y nos tomábamos un café con Gorka, que me lo explicaría mejor. Le dije que me disgustaba el café. 

Así que hace unos días, viendo que este año el Premio Sájarov le era concedido al saudí Raif Badawi, le envié un tuit a la diputada —que sigue siéndolo, no sé si ahora por Italia o por dónde— diciéndole que imaginaba que esta vez también se había levantado del asiento. Los dejo con el diálogo subsiguiente:

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