samedi 27 février 2016

Dos titanes

Conocía la historia de Prometeo, el titán que quiso hacerse con el fuego y pagó su osadía con una condena atroz. No sabía —o lo supe alguna vez y lo olvidé— que ese suceso es parte de un relato mayor. Lo cuenta Platón en uno de sus diálogos, Protágoras y los sofistas.

Como los dioses se aburrían en su mundo ferpecto, decidieron crear a los mortales, a los hombres y a los animales, a ver si les alegraban un poco la vida. Una vez creados los moldes, encargaron a dos titanes hermanos, Prometeo y Epimeteo, terminar el trabajo y dar vida a los modelos. Prometeo, cuyo nombre significa «el que piensa antes», aceptó que su hermano Epimeteo, cuyo nombre significa «el que piensa después», se encargase de repartir los dones. Así hizo hasta que al momento de dotar al ser humano de algún don, tardo como era, Epimeteo se dio cuenta de que ya no quedaban.

Para remediar lo mal obrado por su hermano lerdo, Prometeo robó el fuego y el arte a los dioses y se lo entregó a los hombres. Zeus lo castigó atándolo en lo alto del monte Cáucaso, donde día tras día un águila le devora el hígado. Por las noches, el hígado se reconstituye, de manera que la condena sea eterna.

Los mitos suelen dar de sí a la hora de traerlos al presente. Tal vez para eso estén. Nuestra época ha acuñado un palabro para señalar la máxima de las virtudes, el don supremo: la proactividad. El hombre de hoy ha de anticipar los acontecimientos para tener el control de las situaciones: programar, actuar y evaluar para volver a programar, actuar y evaluar y así sucesivamente, en un bucle recurrente y espiralado hacia la cima. Cima donde está encadenado Prometeo, con el hígado hecho polvo. Porque Prometeo, no hace falta decirlo, es proactivo, tanto como su hermano Epimeteo es reactivo: la realidad va por delante de él y él va detrás, intentando acomodarse como puede.

La paradoja es que el relato mítico invierte los papeles y pone al reactivo Epimeteo manos a la obra, mientras que al proactivo Prometeo lo condena a reaccionar. Por mor de la fraternidad, probablemente, o de la mera contigüidad. Porque el individualismo más radical se topa a menudo con los lazos de sangre y con la mera limitación del espacio: si tu hermano decide volarse los sesos, o tu vecino, allá él; mientras no te salpique, claro (y sobre este detalle tratará la próxima entrega de este blog).

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Piero di Cosimo, Prometeo plasma l'uomo, 1515 - 1520

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lundi 22 février 2016

Adso y el baobab

Lo estaba leyendo un amigo muy querido que decía divertirse mucho con esos monjes memorables. Así fue como yo también leí El Nombre de la rosa, a pesar de que por esos entonces mi religión me impedía leer best sellers. El sábado, en cuanto supe que había muerto su autor, busqué sus libros para releer alguno. La mano me guió hasta el más breve, las Apostillas al Nombre de la rosa, escrito por el flamante novelista tras el éxito monumental del Nombre, como una manera de responder de una vez a todas las preguntas con que lectores y periodistas lo acosaban.

Las buenas novelas llevan el nombre del protagonista, afirma Eco, que con buen ojo quería llamar a su novela Adso de Melk. La editorial no lo quiso así. Otra posibilidad era llamarla La Abadía del crimen. De manera que finalmente el nombre que lleva resultó ser un un compromiso que agregaba un enigma inicial al enigma de fondo: quién es el culpable y qué quiere decir el autor con ese nombre.

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Como se sabe, Adso de Melk, el protagonista de El Nombre de la rosa, narra cuando anciano una aventura vivida por él a los 18 años, a su llegada a la abadía benedictina donde siete crímenes se cometerían durante siete días y siete noches.

Mucho Borges ha sido citado a propósito del laberinto en la biblioteca de la abadía y, sobre todo, a propósito del bibliotecario ciego llamado Jorge de Burgos. Y cómo no. Pero pocos han visto otros borgeanismos de talla, como ese contrapunto del doble juego enunciativo entre el viejo y el joven narrador, una suerte de desarrollo del diálogo entre el viejo y el joven Borges en El Otro.

Eco cita como modelo en ese plano no al Otro borgeano, sino al Fausto de Goethe. De cualquier manera, esa doble enunciación le permitió lograr esconder su propia voz bajo varias máscaras: «...Cuando duplicaba a Adso volvía a duplicar la serie de espacios estancos, de pantallas, que había entre yo como personalidad biográfica, o yo como autor narrador, yo narrador, y los personajes narrados incluida la voz narrativa», escribe.

Hay más en el librito, mucho más. Es un concentrado de poética y de saber enciclopédico. Los deslices de Eco en el árido terreno de la poética no los voy a poner en evidencia porque para qué. En el otro terreno, en cambio, el selvático del saber enciclopédico, voy a señalar uno, sólo por no dejar:

«Los personajes de Salgari huyen a la selva perseguidos por los enemigos y tropiezan con una raíz de baobab, y de pronto el narrador suspende la acción para darnos una lección de botánica sobre el baobab», dice Eco a propósito de la manera de introducir el saber enciclopédico.

BenissimoQuien encuentre un baobab en una selva se va de excursión a Madagascar. A releer La Estructura ausente.

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dimanche 14 février 2016

Una de Truffaut

Una de Truffaut, Domicilio conyugal.

La grâce !

Francia en 1970. Una pareja joven, cultivados ambos sin ser presumidos. Tienen trabajo, un hijo, aventuras, aventurillas, se separan, se arrejuntan. Con la Europa de los seis como trasfondo y un optimismo propio de una gente que nació en cuanto acabó la guerra.

Me paro a mirar mi pueblo y lloro, me confiesa G, que nació justo antes. Y sin embargo era un pueblo de mierda.

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samedi 6 février 2016

Una de Sergi López

Sergi López en el teatro de mi pueblo presentando Livingstone 30/40, escrita, dirigida y actuada por él y Jorge Picó.

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Muy gracioso López, muy versátil, un actorazo de lo ligero. La obra trata de dos momentos: la despedida de un hijo como los de hoy, adolescente tardío, con un padre como los de antes, un juez jubilado que presta más atención al tenis en la tele que a la despedida de su hijo, y todo lo que el hijo quiere es que le presten atención. López es un emotivo y el padre es un sillón. Un clásico de lo muy resabido bastante bien llevado.

El segundo es un largo intento de contacto entre López y el otro, un ser con cuernos, que bien puede ser un animal, o un primitivo, o incluso un hombre cualquiera, ya se sabe que hay gente con cuernos. El paño funciona, aunque por momentos peca por descosido. Lo salva el despliegue de López, que debe de perder un par de kilos en las casi dos horas que está en el escenario. No hay riesgo, le sobran. Tanto le sobran que López hace lo mejor que se puede hacer en estos casos, que es tratar a su tripón con desparpajo y hacer de él un protagonista más de la pieza.

Por otra parte, conocidas las simpatías de López por el independentismo radical, tiene gracia que los chistes sobre su identidad que se permite los haga a partir de su condición de español. Quiero decir que si esos mismos chistes los hiciese sobre su catalanismo se los pillaría su prima, si acaso. Por eso digo que tiene gracia. A mí, ya antes de saber que López es independentista, cuando me preguntan cuál es el actor español que más cara de español tiene yo respondo que Sergi López. 

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mercredi 3 février 2016

Una canción de Joan Baez

Fundador del Partido de los Trabajadores, que gobierna Brasil desde hace doce años, y pionero de la promoción de la idea de la renta mínima universal o ingreso ciudadano, Eduardo Suplicy recibía ayer en mi pueblo un doctorado honoris causa. Sensible a estas cuestiones tanto como al intraducible jeitinho brasilero, asistí a un encuentro informal con el flamante doctor previo a la ceremonia. 

A pesar de algunas preguntas marcadamente escolares (¿por qué los pobres votan por los ricos?), el encuentro fue ameno e interesante. Yo tengo de Suplicy un recuerdo transmitido por mi amigo JM, que acompañaba a Joan Baez en Sao Paulo en 1981, donde se reunieron con el entonces sindicalista Lula y con Suplicy. Quien no fue insensible a los encantos de la estrella, etcétera.

Joan Baez, Eduardo Suplicy, Lula, brasil 1981 foto julio moline

Me acordaba ayer de eso y me reía para mis adentros, cuando el propio Suplicy comenzó a seguirme la corriente. Respondiendo a una pregunta sobre la corrupción, o sobre la coyuntura, o sobre el coeficiente de Gini, se largó a contar cómo fue que su exmujer, Marta Suplicy, ministra de Lula y de Dilma, abandonó el PT y de paso lo abandonó a él, aunque no por las mismas razones. Y de cómo la fecha de ayer, dia dois de fevereiro, marcaba el aniversario de su relación con su actual mujer, presente en la sala.

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Digamos también para redondear la escena que Suplicy tiene aspecto de lord inglés y que lo del jeitinho brasilero es tal vez intraducible pero no necesariamante incomunicable. 

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