La primera bomba explotó a su derecha, a unos veinte metros de donde se encontraba. La segunda, tres segundos más tarde, a su izquierda, algo más lejos. Mucha gente cayó. Los que quedaron en pie, echaron a correr. El sacó el móvil y filmó una secuencia de un minuto. Luego envió un tuit que decía escuetamente: «2 explosions à bxl airport». Eran las ocho de la mañana del martes 22 de marzo de 2016.

Sorteando heridos, en medio de humo, polvo y cascotes, salió a la calle. David Crunelle, así se llama nuestro hombre, es publicista y esa mañana iba a tomar un avión a Tokyo.

En una hora tenía más de diez mil notificaciones. Diarios y televisiones pidiéndole entrevistas y autorización para utilizar sus imágenes. No consigue responder a todos. Cuando responde, no siempre le preguntan cómo está. Algunos van directamente al grano: las imágenes, cuánto. 

Tras varias peripecias, acaba vendiendo una secuencia de treinta segundos por 1 500 euros a CNN.

En el aeropuerto dice haber visto con asombro que los niños no lloraban y muchos adultos sí. Que algunos policías estaban fuera de control.

Dice también haber conocido el entablado que está detrás del noticiario. Esa noche publicó un tuit en el que afirma que usará la suma ganada para ir en ayuda de las víctimas.

De poder hacer algo de otra manera, dice ahora, volvería al hall del aeropuerto a rescatar heridos.