Gira europea de Cohen en 1972. ¡1972! Se suceden las ciudades en desorden, Tel Aviv, Berlín, Copenhague, Viena, Manchester, hasta el que sería el concierto final de esa gira, en Jerusalén. El filme que registra todo aquello —los escenarios, los públicos, las bambalinas— se llama Bird on a wire y se estrenó en 1974No le gustó a Cohen en su momento, pidió que cambiaran el montaje, y tampoco. Y allí quedó, olvidado. Hasta que en 2009 el director, Tony Palmer, lo retomó e hizo esta versión. 

Un filme sobre el artista on the road, un topicazo donde los haya dentro de la topiquísima cultura rock. Lo bueno de éste es que se cuela el año 72 a borbotones y hace añicos la previsible hagiografía. También será mérito de Cohen haber abierto espacios al público —y mérito del público haberlos reclamado. «Canta», exige uno desde la platea, como quien dice «calla y canta». Oye, que yo también tengo mis derechos, reclama el cantante, como si de una asamblea se tratase.

Grouppies tratando de llevarse al ídolo a la cama. Un par de airados espectadores reclamando y obteniendo que les devuelvan el dinero de las entradas por la mala calidad del sonido (Cohen lidiando con un altoparlante chillón). Uno de los músicos confesando haberse quedado dormido mientras Cohen cantaba Suzanne. Entrevistadores que descubren en directo que no fueron capaces de retener las inspiradas respuestas del vate por no haber sabido apretar el botón. Otro, en Israel, interrogando maquinalmente a Cohen sobre su judeidad:

—¿Con qué frecuencia va a la sinagoga?

—Depende de la calidad de las canciones.

Así hasta el concierto final. La gira se hacía larga, repetitiva. A veces me siento como un loro repitiendo una canción que compuse hace muchos años, repite el cantante, like a bird on a wire, como loro en el alambre. «Sean comprensivos con el ruiseñor deprimido», le pide al público por ahí. Tanto así que sobre el escenario, en Jerusalén, resiente un súbito burn out. (La mitad de Montreal dira surmenage, la otra mitad burn out. En esos años no sé si ya se usaba el término, hoy passe partout).

El artista que reclama libertad al público que lo constriñe, otro topicazo. Pero por esas imágenes finales de Bird on a wire se cuela una forma de verdad. Vale la pena verlas. (Y si sólo quieren ver ese final, arrastren el cursor hasta 1:20).