El Reino, 6

«La cacatúa no se escapa cuando la abuela abre la puerta de la jaula. En lugar de volar, se queda donde está. La abuela explica el truco: basta con poner un espejo al fondo de la jaula. La cacatúa está tan contenta mirando su reflejo que no ve la puerta abierta hacia la libertad, no se percata de que para ser libre sólo tiene que mover las alas».

Pasa con las buenas historias, como ésta que cuenta Carrère en El Reino, que uno está tentado de sobrecargarlas con una metáfora sobre la realidad que las envuelve. Si la cacatúa es la gente, el espejo serán las redes sociales, la ideología, la ficción, la posverdad o lo que se ponga.

Sean estas buenas historias de la abuela de un amigo o del padre del propio Carrère, quien prefería las misas de antes porque «en latín no te dabas cuenta de la idiotez que es», la que ha pasado a ser mi fórmula reaccionaria favorita.

Mi ejemplar está de vuelta, por otra parte, así que, a falta de una imagen de la cacatúa, o de la abuela, ya puedo al menos poner la foto de la jetilla.

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