Cerrar una cuenta de Facebook es más difícil que morderse un codo. Tuve una y la creía muerta y sepultada y hete aquí que ayer abrí una vieja tableta que daba por perdida y para mi sorpresa andó y abrió Facebook que estaba donde mismo en su agua estancada con sus renacuajos y sus hedores penetrantes y, sin embargo, también había esto de mi amigo Miguel Ángel Felipe sobre la colección de postales de su abuelo Goyo.

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