Pregunté ayer en Twitter cuál de estas tres portadas es mejor:

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Este es el resultado: 47% para la australiana, 45% para la francesa y 8% para la argentina. 

El que pregunta no vota pero debo decir que comparto el resultado. Las dos primeras me gustan mucho y funcionan de diferente manera, creo yo. La australiana da por hecho que el potencial lector conoce al autor y se sentirá estimulado por el enigma que supone la presentación del título: doce signos ordenados simétricamente ocupan todo el espacio de la portada. Las nueve letras del nombre del autor y, abajo, en números romanos, la fórmula 1, 2, 3. Descomponer el nombre del autor en tres grupos de tres letras da como resultado que las iniciales aparezcan arriba. Lzs dos «palabras» que siguen connotan o significan: Zee, por ejemplo, quiere decir en neerlandés «mar».  A falta de ser unívoca semánticamente, la imagen lo es visualmente. Es ingeniosa, además.

La edición francesa echa mano a una imagen de síntesis —y viene a cuento llamarla así: una isla donde caben tres paisajes diferentes: un macizo vegetal con su palmera —la isla del náufrago, la isla de Robinson Crusoe, tal como la hemos visto mil veces representada—, rodeado por una iglesia más o menos barroca y unos rascacielos. La isla «flota» en ese espacio visual que queda a veces entre el mar y el cielo.

Cabría preguntarse frente a la imagen si se ajusta al contenido del libro. El primero de estos tres relatos de Coetzee se llama «Una casa en España» y se sitúa en Cataluña. El segundo se llama «Nietverloren» —No está perdido o abandonado— y describe una travesía por el desierto de Karoo, en Sudáfrica. El tercero, «Él y su hombre», es su discurso de aceptación del Nobel en 2003, y se sitúa, por decirlo así, en la costa sur de Inglaterra. Para refirse a sí mismo, Coetzee se apoya en uno de sus clásicos, Daniel Defoe. La isla como metáfora cabe, así, en la imagen de la portada, junto a los tres paisajes contenidos: la naturaleza más o menos intemporal, el pasado y el presente.

La edición argentina funciona sobre la misma base que la francesa, pero está menos conseguida. La fotografía muestar una casa que podríamos encontrar en Cataluña, cierto, o incluso en el Karoo, pero que no nos dice por qué tendríamos que interesarnos por ella.