Me enteré ayer de que la canción Un ramito de violetas se escucha cada 9 de noviembre. La escucho y compruebo que cuenta una historia ambigua, cosa poco común en la canción popular.

Ahora leo esto que le dedica El País y veo que la última línea dice que la canción es dulce y, a la vez, perversa. Ya te digo.

La flor está bien escogida, porque Violeta viene de Ío, una amante de Júpiter a la que, «para protegerla», el dios del rayo convirtió en una ternera que alimentaba con flores de violeta.

Por lo demás, en la versión de su autora, Cecilia, es una buena ilustración de laísmo, ese hábito entrañable de viejos castellanos.

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