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Este cartel de Manuel Peña sobre la navidad en Sevilla está dando que hablar. Según esta encuesta exprés en Twitter, dos tercios lo ven mal y casi la mitad lo ve fatal.

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A mí me parece bien que el cartel intente ponerle una cara sevillana a la figura de Gabriel, que fue quien anunció a la Virgen el misterio de la encarnación, por si fuera necesario recordarlo. Y junto con la anunciación tuvo que calmar los legítimos temores de José. La Virgen era la Virgen, pero en ese entonces el castigo para una mujer acusada de adulterio era la lapidación. Poco antes, Gabriel se había presentado también frente a la madre de Juan Bautista para anunciarle el nacimiento del profeta, otro prodigio porque la mujer era estéril. 

Con este bagaje, poner la figura del arcángel al centro de la celebración de la navidad en la capital andaluza parece una buena idea. Pero el Gabriel del cartel no anuncia nada que no sea él mismo, su cara y su gesto. Su gesto, la manera cómo pone las manos. No veo yo que se coja una vara de azucenas de ese modo. Aunque hay quien le encuentra al personaje un parecido con el futbolista Griezmann. Puede ser. Lo cierto es que yo le veo un ojo azul y el otro café, lo que tal vez sea un guiño a la figura de David Bowie.

Esto, de la azucena hacia arriba.

De la azucena abajo, la parte inferior del cartel parece una postal navideña banal tirando a fea, con sus dorados y su tipografía mal escogida.

Una cosa con otra, el conjunto es pretencioso y efectista, de un efectismo que parece ir buscando las reacciones que provoca. Un meme pidiendo memes, en suma. Esto lo pone aun más en evidencia el hecho de que quienes encargaron la imagen han detenido su difusión porque se les han echado encima las redes sociales a punta de memes. Memes contra el meme, esta historia es pura redundancia.