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En un programa de radio en 1981, el admirable Perec propuso una lista de cincuenta cosas por hacer antes de morir. Cruzar el meridiano cero en el Pacífico para cambiar de día en pleno día. Ir de Uarzazate a Tombuctú en 52 días montado en un camello, el tiempo que tardó Stendhal en escribir La cartuja de Parma. Beber ron rescatado de un naufragio —como hizo uno de mi pueblo, el capitán Haddock.

Supongo que estos desafíos buscan retardar la inminencia del viaje definitivo. Perec moriría pocos meses después, a los 45 años, y no lo sabía al momento de establecer la lista.

Así que me pongo desde ya a hacer mi propia lista. O más bien me propongo ir haciéndola y deshaciéndola, a ver si así dura algo más la entretención. 

1. Jugar en la selección y marcar el gol decisivo.

2. Estudiar historia del arte y saltarme los capítulos malos.

3. Volver a vivir una hora de un día sábado de hace muchos años.

4. Caminar entre Conques y Cahors y luego entre Cahors y Rocamadour o Montauban. 

5. Entrevistar a John Maxwell Coetzee y preguntarle por qué va cada año a Chile.

6. Navegar desde Valparaíso a Montevideo y vice versa.

7. Avistar la isla de Delos desde la cubierta de una embarcación.

8. Ir del Cabo de Gata al Finisterre andando.

9. Ordenar la bodega y encontrar algo perdido y olvidado y muy querido.

10. Ir desde mi casa hasta la boca del Guadalquivir por la línea divisoria de las aguas.

11. Subir al Pierzu y ver el mar.