En el Sacrificio de Isaac, tal como lo pintó Carabacho, puede verse que el hijo resiste a la mano de Abraham, su padre o, al menos, no muestra la proverbial aceptación del relato bíblico.

1024px-The_Sacrifice_of_Isaac_by_Caravaggio

Sobre la base de esa imagen, el protagonista de El hijo de José, la película de Eugène Green, imagina una transgresión radical que consiste en invertir los papeles y poner al hijo a levantar la mano contra el padre. Como Abraham, el joven protagonista acepta acercarse al abismo y, al hacerlo, pone a Dios de su parte.

Otras referencias puntúan el relato. El Cristo muerto de Philippe de Champaigne, de 1654, en cuya posición, más o menos, el protagonista descubre la cretinez de su padre.

11482_p0000368

Y el San José carpintero, de de La Tour, de 1642. «José no es el padre de Jesús», le dice frente a esta tela el protagonista al padre sustituto que se ha echado. «Sí —responde éste—. Es por su hijo que José se convierte en padre».

La_Tour

Con su padre sustituto escucha las Lamentaciones de la madre de Euryale, de Domenico Mazzocchi, y asiste a una declamación del «Epitafio por la muerte de Honorato de Bueil, hijo del autor que murió a la edad de 16 años siendo paje de la reina el año de 1652».

Todas las referencias de este Hijo de José, como se ve, de la intención refinada y ornamentada del autor a la prosodia de los actores, vienen del barroco. El resultado es desigual y, según quien lo mire, lo sublime —la belleza de la madre del protagonista, el esfuerzo empresarial del muchacho que se mata a pajas para vender su semen en internet— puede codearse con lo ridículo, como un paseo en burro por una playa normanda.