Más de una vez dije que no pensaba leer «D'autres vies que la mienne» (De vidas ajenas), de Emmanuel Carrère. He vivido un par de terremotos estrepitosos y por ese lado ya está bien. Hasta que, días atrás, sin querer queriendo me encontré con el libro en las manos y ya no lo cerré hasta que lo acabé.

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Contrariamente a lo que creía, el tsunami de 2004 no es el único asunto del libro, que se consagra principalmente a contar los últimos días de una jueza de provincias que muere de cáncer a los 33 años. Carrère relata la vida de esa familia desde el interior porque la jueza en cuestión es su cuñada. Cuenta también en qué consistía el trabajo de ésta y el asunto con más enjundia de los que trataba, los casos de familias endeudadas ante los organismos de crédito, los usureros del presente.

Lo que Carrère hace es reportear una o varias situaciones en profundidad y luego contar el resultado valiéndose de maneras propias de la literatura de ficción e integrando en el relato su propia presencia en tanto que narrador. Esto último es lo que menos me gusta de su propuesta, tal vez porque la combinación de narcisismo y exhibicionismo que inevitablemente exige el género me cansa pronto.

El título del libro debería ser más bien «Otras vidas y la mía». Bemol aparte, el resultado al que llega Carrère contando vidas ajenas es notable.