Contar es dar cuenta del paso del tiempo. No sólo eso, claro, pero sobre todo eso.

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Al final de «On Chesil Beach» hay un salto adelante en el tiempo y la película lo resuelve metiéndole un kilo de maquillaje a los actores, que de jóvenes pasan a viejos en un abrir y cerrar de ojos. El disfraz está bien conseguido pero no deja de ser un disfraz.

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«Moonlight» prefiere otra fórmula: las tres edades del protagonista —la niñez, la adolescencia, la primera edad adulta— son representadas por tres actores. Que el personaje siga siendo el mismo y sea a la vez diferente, que el cambio que llega con la edad lo refleje otra persona sin que el personaje deje de ser la misma persona, es un mérito añadido de la película.

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 «Boyhood» opta por una solución radical y acompasa el relato a la evolución natural de los actores. Tal vez sea la solución ideal para el receptor pero dificulto que lo sea para los productores.