Anoche murió M. Estaba ya muy mayor, en esa etapa postrera de la vida en la que la muerte supone un descanso a los tormentos del cuerpo. Cuando se enteró de la triste noticia, D, su bisnieto, echó unos lagrimones y dijo así: No es culpa de nadie, es culpa del tiempo.

M vivió su vida en Valparaíso, en Chile, adonde llegaron sus abuelos, y pasó los años laborables enseñando matemáticas a varias generaciones de porteñas, que la saludaban a su paso cuando la veían pasear por la ciudad. Tal como en las idas y venidas de la gente en este documental de Joris Ivens, de 1963. Entonces ella tenía 38 años.