dimanche 28 octobre 2018

Fuegos de San Antonio

Anoche había una buena razón para celebrar y celebramos. Conté entonces la aventura del personaje de una novela de Tabucchi que recorre Lisboa un domingo de julio de extremo calor con una botella de Veuve Clicquot bajo el brazo.

Por la mañana abrí el libro y vi que no es con una botella de Veuve Clicquot que se pasea el personaje sino con una de Laurent-Perrier. A la hora de comprarla en «La Brasileira», el hombre duda entre ambas marcas pero el barman inclina la balanza en desfavor de la Veuve Clicquot porque afirma que no le gustan las viudas.

Pasa por muchos sitios y le pasan muchas cosas al personaje de «Requiem». El cuento es que llega sobre la hora de cierre al Museo de Arte Antigua porque quiere volver a ver «Las Tentaciones de San Antonio», del Bosco.

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Frente al tríptico hay un copista que reproduce un detalle a un tamaño desproporcionadamente grande. El copista le explica que trabaja para un millonario texano que quiere llenar su rancho con detallazos del Bosco.

El copista conoce el tríptico como sus bolsillos (así dice, «como os meus bolsos»). Antes de estar en el museo, añade, el tríptico estaba en el Hospital de los Antonianos, a donde llegaban las víctimas de enfermedades de la piel, casi todas de origen venéreo. La más común de esas enfermedades era el entonces llamado Fuego de San Antonio, ahora conocido como herpes zoster. Los enfermos peregrinaban hasta el tríptico del Bosco para pedir a San Antonio que los curara de los terribles ardores de ese fuego.

El virus del herpes zoster lo llevamos todos dentro, dice el copista, nos ataca si bajamos las defensas y luego se adormece hasta que reaparece. El herpes es como el remordimiento, sentencia. Podemos amansarlo y adormecerlo, pero en cuanto nos pilla volando bajo nos vuelve a atacar.

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lundi 22 octobre 2018

Ah, girl...

Vengo de ver Girl.

La adolescencia es un periodo delicado en varios terrenos, el de la identidad el primero. La identidad social, existencial, eventualmente sexual. En el caso de la protagonista de Girl, la cuestión de la identidad sexual es radical.

Lo bueno de la opción del filme es que despeja los habituales obstáculos que se oponen a la voluntad de quien quiere cambiar de sexo: las instituciones, la familia, el padre. La girl del filme está en buenas manos, médicas y educativas, y su padre es un modelo de justeza, de manera que no hay más culpables frente a la complicación que representa el cambio de identidad sexual que la complicación misma, que el propio cuerpo, las propias fuerzas. Ah, girl...

Girl es la primera película de Lukas Dhondt. Ha sido recibida con premios allí por donde ha pasado y parecen merecidos. A la espera quedamos de la siguiente. Sin que se trate de eso, Bélgica es el espacio en que se despliega su filme y el retrato del país que asoma suena justo, por lo que deja con ganas de volver a verlo con más detalle.

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dimanche 21 octobre 2018

Si hablo de Flaubert es porque

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Si hablo de Flaubert es porque mirando este cuadro de San Huberto que pintaron Bruegel y Rubens al alimón me preguntaba por qué los animalistas no intentan apropiarse de su figura.

San Huberto cazaba en las Ardenas cuando un ciervo se volvió hacia él y le mostró la cruz de Jesús. El hombre dejó la caza y se convirtió al animalismo. Ya sé que los cazadores recuperan a su manera esta historia y han hecho de él su patrono, y no es que yo quiera dar ideas pero si los del Pacma quieren que los vote alguna vez o me ponen un cartel pintado por Bruegel o no hay tu tía. Quiero decir que no ganarán las elecciones si antes no ganan la batalla por la hegemonía cultural. Que le pregunten a Errejón, que lo explica mejor que yo.

Sobre esto, Yourcenar recuerda a los santos irlandeses. A San Colombano, que supo que había llegado su hora cuando un caballo se acercó a poner su cabeza junto a su pecho. Y al ermitaño aquél que estaba leyendo delante de la puerta de un claustro cuando vio llegar un ciervo huyendo y le abrió la puerta para que se precipitase al interior, la cerró y continuó leyendo su breviario. Así lo encontró el señor que llegó en seguida acezante con sus cazadores y le dijo: ¿Sabes dónde está el ciervo? «Dios sabrá», respondió el ermitaño y siguió leyendo. Y a San Blas, que por cuestiones políticas tuvo que refugiarse en el bosque, donde lo encontraron unos cazadores hablándoles a los animales. Los cazadores corrieron a denunciarlo al señor, que lo mandó ejecutar.

En las Ardenas ahora las ciervas están en celo y los ciervos sueltan aquel bramido estrepitoso que acojona a sus rivales. Otra cosa que ocurre en esos bosques por ahora es que ha entrado una epidemia de peste africana que mata a los jabalíes y amenaza a los cerdos de los criaderos. Y en Bélgica, como se sabe, hay más cerdos que seres humanos. Lo triste del caso es que la peste africana la introdujo un señor que decidió importar jabalíes checoslovacos para atraer a los cazadores que pagan entrada en su coto de caza. Por esa vía nos hemos enterado de que la carne de caza belga que compramos en el supermercado en realidad es polaca o checoslovaca. Tal como nos enteramos cuando la epidemia de las vacas locas de que la famosa carne de los Grisones suiza es carne argentina. Si hablo de Flaubert es por esto.

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samedi 20 octobre 2018

La maldición del ciervo

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Allí donde lo ven, este vitral de la catedral de Rouen cuenta la historia de San Julián el hospitalario.

Cazador arrepentido y parricida muy a su pesar, su historia tiene todo de la más griega de las tragedias. La maldición de su presa lo condena al parricidio y, cual Edipo, se pasa media vida huyendo del oráculo para acabar cumpliéndolo cuando y donde menos se lo espera. Media vida en la que va de la fortuna al infortunio y de la voluntad al abandono.

Flaubert cuenta esto en el segundo de sus célebres Tres cuentos, su último libro, relato al que llama simplemente La leyenda de San Julián el hospitalario. Para hacerlo despliega un repertorio de proezas narrativas y, cuando acaba, señala que sólo ha estado detallando las imágenes que pueden verse en este vitral. Que se trata de un écfrasis, en suma, de un ejercicio similar al que hace un guía cuando intenta estimular la mirada distraida de los visitantes.

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samedi 13 octobre 2018

Acontece

Años buscando ese momento de un concierto de Gal Costa en que se corta una cuerda de la guitarra y ella dice «Acontece»...

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mercredi 10 octobre 2018

El zapatero

Un relato de Tolstoi, Donde está el amor está Dios, también llamado a veces El sueño del zapatero.

Un viejo zapatero maltratado por la vida encuentra consuelo en la lectura del Evangelio. Poco a poco, la palabra de Dios va operando el milagro en su espíritu mohíno y nuestro zapatero remendón recobra la alegría por la vía de tratar de alegrar la vida de los demás.

Asombra ver cómo en unas pocas páginas se dan la mano la maestría formal y la intención ideológica. No conozco lo bastante al ruso como para saber si está primero el oso o la miel, si su maestría como narrador lo lleva al Evangelio para dar forma al personaje. O si es su fe evangélica la que lo pone a trabajar en ello. O las dos cosas.

Por cierto, el tono y el asunto son decimonónicos y les sacarían sonrisas amarillas a los frívolos y a los escépticos. También por eso, chapeau le vieux !

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Óleo de Iliá Repin

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vendredi 5 octobre 2018

La culpa del tiempo

Anoche murió M. Estaba ya muy mayor, en esa etapa postrera de la vida en la que la muerte supone un descanso a los tormentos del cuerpo. Cuando se enteró de la triste noticia, D, su bisnieto, echó unos lagrimones y dijo así: No es culpa de nadie, es culpa del tiempo.

M vivió su vida en Valparaíso, en Chile, adonde llegaron sus abuelos, y pasó los años laborables enseñando matemáticas a varias generaciones de porteñas, que la saludaban a su paso cuando la veían pasear por la ciudad. Tal como en las idas y venidas de la gente en este documental de Joris Ivens, de 1963. Entonces ella tenía 38 años.

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