dimanche 24 mars 2019

Un efecto maestro

Este video casero ha tenido mucha audiencia, con millones de visualizaciones en un poco más de un par de meses.

Yo veo un par de razones al menos para explicar el éxito del Chimuelo. El responso improvisado que el niño reza y con el que cumple con el viejo rito de enterrar a los muertos, otorgándole a un compañero toda la dignidad que se merece en su despedida, así sea éste una cotorra.

La aparición del perro, en seguida, ese giro imprevisto de la narración, como la mano que asoma de la tumba en la escena final de Carrie, el filme de Brian de Palma, un efecto maestro a cargo en este caso de la propia realidad, y por el cual el perro devuelve al pájaro a la animalidad, hasta donde el niño tiene que ir a rescatarlo en un combate cuerpo a cuerpo.

Todo esto sin perder de vista por cierto que se trata de una filmación hecha por dos niños para grabar el momento de la despedida de una de sus mascotas. Que haya roto tan naturalmente la esfera infantil y doméstica y la comente medio mundo es parte también de su gracia.

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samedi 2 mars 2019

Pirómano pero bombero

En el Satiricón, Petronio cuenta la historia de un cuestor romano que obtiene de una familia de patricios en una ciudad de Asia central el cuidado del primogénito. Para protegerlo de los seductores y guiarlo por el camino del bien.

Si no conocen la historia ya imaginarán cómo acaba.

Me acuerdo del cuestor de Petronio a cuento de los curas pedófilos. En los patios de los colegios de curas las debilidades de los santos varones eran destripadas sin miramientos por alumnos y sacristanes. Y sin embargo esos mismos alumnos no dudaban en poner a sus hijos al cuidado de esos curas llegado el momento. Por lo visto el impulso hacia la reproducción social es más fuerte que el discernimiento y, como la familia romana del pícaro Petronio, poner el gallinero al cuidado del zorro o el fuego en manos del bombero pirómano, es la norma porque es lo que siempre se ha hecho y la normalidad tiene ese precio.

Inevitablemente me había ido enterando por los diarios del llamado caso Karadima, un cura manipulador que durante la Pinochetura tocaba a los acólitos y ¡milagro! los convertía en obispos. Karadima me provocaba una suerte de repugnancia abstracta, por lo que no me interesaba conocer más detalles del asunto.

Pero ahora vi una película con el caso y la caracterización del personaje por el actor Luis Gnecco es tan conseguida —esas maneras untuosas, aquella campechanía babosa— que de la repugnancia abstracta he pasado a la repugnancia física. La imagen es lo que tiene.

karadima

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Pinochetura © Vicente Montanés

Posté par Josepepe à 11:22 - Commentaires [0] - Permalien [#]
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