Comienzo a leer a Pierre Loti por la que fue su novela mas leída, «Pescador de Islandia» [1].

Islandia, de la que asoma sólo la forma entrevista desde un barco de pescadores bretones que iban año tras año a pescar el bacalao y la merluza al mar islandés, por lo que en sus pueblos del finisterre francés los llamaban «islandeses». De regreso de la campaña de pesca, que duraba la primavera y el verano, bajaban en otoño a Gascoña a vender el pescado y a comprar la sal para la campaña siguente. Y pasaban el invierno en sus pueblos, dedicados a la reproducción social. Tal vez todavía lo hagan, como dice la canción.

Al menos los que volvían. Se adivina que los protagonistas de la novela no vuelven.

Loti cuenta bien las cosas, sus formas y movimientos, el cuerpo a cuerpo de los marineros con la mar y las tempestades y los regresos a la su engañosa firmeza de la tierra, la intensidad emocional con que viven estos vaivenes, indirectamente proporcional a la parquedad de su expresión. Y pone el acento o, mejor, enriela la trama por el carril de una historia sentimental.

Al mismo tiempo que me dejo atrapar por ese entramado emotivo me pregunto por qué me dejo atrapar. Al final, no sé por qué... Así es que voy y me leo en diagonal Fragmentos de un discurso amoroso, de Barthes, a ver si me entero. Y tampoco. Barthes dice muchas cosas de muy variada índole y entre otras que el discurso amoroso es hoy «d'une extrème solitude». No es lo que veo, pero tal vez el gascón quiere decir que la muerte de la novela decimonónica nos dejó huérfanos y desconsolados.

En fin. Como suele darse, un personaje que merece un par de líneas es la abuela. Un ser sobrio y alegre al que el tiempo y las desgracias van haciendo perder la cabeza hasta que un buen día se echa a canta delante de la gente letrillas como ésta:

«Mon mari vient de partir / Pour la pêche d'Islande / Il m'a laissé sans le sous / Mais tralalà / J'en gagne !». (Mi marido se ha marchado a pescar a Islandia. Sin dinero me ha dejado pero, tralalá, ¡yo igual me lo gano!

O sea que tralalá. A eso quería llegar.

9782253009153-001-T

 

[1] Tiene miga que siendo Loti el novelista decimonónico de los viajes lejanos y los amores exóticos en su novela más conocida los protagonistas son franceses. Aunque hay que admitir que los bretones son para los demás franceses exóticos, como los corsos. Otra cosa que tiene miga es lo rápido que gira la rueda de la fama y la fortuna. Ayer a Loti lo leía todo el mundo. Hoy no lo lee nadie. Mañana, quién sabe...