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El afiche muestra el clásico triángulo con jóvenes guapos. El primer plano para el muchacho pobre, hecho de buena madera pero ingenuo y testarudo. El intermedio para el pijo insoportable que se hace el interesante. El distante para la muchacha, tan alegre como triste, que va de uno al otro hasta que se hace humo. El filme, Burning, de Lee Chang-dong, despliega el triángulo y lo explora por varias aristas.

Todo esto en Seúl. No me acordaba de que Seúl estuviese a un paso de la frontera con Corea del Norte, desde donde se emite constantemente propaganda por altoparlantes. Con todo, la ciudad parece normalita, o tan normalita como puede serlo una gran ciudad contemporánea.

Luego te enteras de que al origen del entramado de Burning hay una nouvelle de Faulkner, Incendiar establos, reescrita por Murakami. O sea que el filme es muchas cosas —y por eso ha ganado premios— y también es una nota a pie de página a una nouvelle escrita en 1939.

También digo que los filmes se regrupan según el momento en que el jovencito se queda en pelotas. En este caso, al final.

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PS/ Una película dentro de la película, breve y bien llevada, el encuentro entre el muchacho y la muchacha, del coito inicial a la progresiva ausencia de ésta y las formas fantasmales de sus reapariciones. Un corto con esas imágenes, sin más contexto que el que las propias imágenes desprenden.

Ver la película en coreano sin subtítulos, volver a verla subtitulada y comparar.