En una secuencia de «J'accuse», dos oficiales de inteligencia se citan en el Louvre para intercambiar información y a pito de las estatuas terminan discutiendo sobre la diferencia entre una falsificación y una copia. En otra escena que incluye un cameo del propio Polanski, un grupo de civiles y militares celebra mientras los músicos arrancan con el quinteto n° 2 de Gabriel Fauré. El presidente de la República francesa por ese entonces era Félix Fauré, pero no parece que fuesen primos él y el músico. Los oficiales franceses involucrados en el caso (representados por buenos actores, la mayoría de ellos miembros de la Academia) llevan todos el bigote con las puntas subidas propio de la época. La justicia y la presión civil le recorta trabajosamente y sólo en parte el bigote a la cúpula militar.

«J'accuse» cuenta con precisión el affaire Dreyfus, un caso clave en materia de antisemitismo en la Francia de fines del XIX. No es fácil meter el caso en un filme. Aparte de algunos momentos redondos, como los juicios que se suceden y la publicación del «J'accuse» de Zola en L'Aurore, el caso Dreyfus se estira por años y no acaba con un cierre único y definitivo. Se estira en el tiempo y llega hasta nosotros.