SEMANAS atrás murió en Lisboa mi amigo Mário Mesquita. 

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 Mário fue el diputado más joven del primer parlamento elegido tras la revolución de los claveles, en 1974. Entonces la precocidad era lo suyo porque un poco antes, a los 23 años, había sido uno de los fundadores del PS portugués. 

Andando la vida y para mantenerse fiel a su ideario, Mário se apartó de la política contingente y se dedicó al periodismo y la docencia. Fue el director más joven del más que centenario Diário de Notícias y más tarde dirigió el Diário de Lisboa. Escribió unos cuantos libros. Uno de ellos, una summa de sus saberes en materia de periodismo y comunicación, O Quarto Equívoco. O poder dos media na sociedade contemporânea, tuve el privilegio de traducirlo al español. El último de sus libros lleva un título que resume su actitud: O Estranho dever do cepticismo.

En su funeral coincidieron el presidente de la República portuguesa, Marcelo Rebelo de Sousa, y el primer ministro, António Costa. En su homenaje, Rebelo destacó que la vida de Mário Mesquita fue una permanente y apasionada lucha por la libertad.

En enero del 2020, justo antes de la pandemia, Mário celebró su antepenúltimo cumpleaños en mi casa. Ese día, el de Reyes, la tradición manda que el que encuentre la figura escondida en la tarta de mazapán sea coronado rey. Mário siempre fue republicano pero aceptó la corona con su humor proverbial. Ese mismo 2020, cuando recibió el doctorado honoris causa por la Universidad de Oporto (estas coisas só servem para contentar aos amigos e chatear (fastidiar) aos inimigos, me dijo, sonriendo), sus discípulos organizaron un homenaje en forma de libro, A Liberdade por princípio, en el que escribí un breve texto sobre la pandemia en la prensa, siguiendo unas claves de lectura que aprendí con él.

He tardado en escribir estas líneas porque no me acostumbro a la idea de que Mário ya no esté con nosotros, ni llame para comentar la insólita actualidad, ni nos demos una vuelta por Lisboa y mirando el mar compartamos un silencio insular (Mário era azoriano) viendo ese barco que no termina de acercarse. 

Como dijo el cantor, a saudade dói como um barco que aos poucos descreve um arco e evita atracar no cais.

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Foto de Nuno Ferreira Santos