lundi 28 septembre 2009

Dos días en Marburg

Que es una ciudad del centro de Alemania, con jardín botánico y universidad, en la que estudiaron Ortega y Gasset, Hannah Arendt, los hermanos Grimm y mi murciano favorito. Como las guerras no lo han arruinado, un paseo por el casco viejo de Marburg representa un viaje desde el medievo al presente, con una larga escala en tiempos del romanticismo alemán (pero todo romanticismo es alemán).

Las autopistas alemanas están impecables y perpetuamente en reparaciones, lo que explica que por ellas se vaya simultáneamente muy rápido y algo lento, y sea mejor orientarse en ese laberinto con un GPS, que es el karaoké de la autopista.

Ayer domingo se celebraban elecciones legislativas en Alemania y, aparte los carteles con la cara de la gigante Angela y el puesto callejero del Partido Pirata, éstas pasaban casi desapercibidas para el visitante. Tal como sus resultados.

El otoño, en cambio, sí que es notorio, sobre todo para quien llega desde el oeste (el otoño anida al este). O sea que hace en Marburg por ahora un tiempo para perderse en los bosques que la rodean y en el dédalo de sus calles y escaleras de piedra, y recuperar fuerzas en un Biergarten tomándose un Auflauf, el platillo local, con una Altbier, y ya con las fuerzas recuperadas trincar un Zwiebelkuchen, una tarta de cebolla.

Y mirar cómo se mueve la gente, que recuerda a otra gente. Ese anciano recuerda a Hesse, esa muchacha a Bettina, un amor de Goethe, tal como la describe Kundera en La Inmortalidad. La bella, el anciano, la inmortalidad, todas las presencias parecen ser ideas y todas las ideas parecen ser alemanas.

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jeudi 30 juillet 2009

Paisaje con hoja roja

Qué gran país, exclama Pepe. Todo es grande aquí, los paisajes, las distancias, los porcentajes, los camiones, los bosques, los lagos, las porciones en los restoranes. Los canadienses recientes, eso sí, mayormente de origen asiático, son más bien pequeños. Pero ya verás cómo irán creciendo.

Miramos Toronto desde la isla. ‘Canadá tiene muy poca historia y demasiada geografía’, repiten los canadienses, pero el tiempo los va desmintiendo. Cada día hay más historia y algo menos de geografía. El viento lima la cresta de los montes, el agua anega la tierra firme y, como dejó escrito el muchacho sobre el muro, ‘el bosque precede al hombre pero lo sigue el desierto’.

Ahora vemos caer el agua por las cataratas del Niágara. ‘La segunda decepción de la novia’, llamó Oscar Wilde a este tradicional destino para viaje de luna de miel. Imposible no pensar en lo que pueden juntos el tiempo y el agua. Time is as weak as water (El tiempo es tan feble como el agua), dice la canción. Febles son, pero juntos desplazan las cataratas varios kilómetros en unos cuantos siglos. Mientras resistimos a la tentación de lanzarnos cataratas abajo, Pepe me cuenta historias de gente que no la resistió.

Paisajes como éste los pintores del llamado Grupo de los Siete decidieron pintar ‘a la canadiense’. Para hacerlo se internaron en los bosques y acabaron descubriendo nuevos lagos. A los de agua transparente los bautizaron con nombres de pintores que admiraban y a los de agua turbia con nombres de críticos que los denigraban.

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En Ottawa nos mezclamos con el gentío durante la fiesta nacional del día primero de julio, al pie de los edificios sede de las instituciones. Son canadienses recientes y se cubren con la hoja roja sobre fondo blanco. Celebran la ‘idea’ de Canadá, tienen la cara del mundo y componen una olla podrida que no huele mal.

A dos pasos de allí, del otro lado del río, comienza Quebec, donde la fiesta pasa desapercibida. La mitad menos uno de la población quebequesa votó, en el referéndum de 1995, por la separación de Quebec del resto de Canadá. Observo de reojo a mi tío, a quien estos asuntillos se la traen floja. O bien lo ponen de los nervios.

La emigración campo-ciudad durante el siglo pasado fue poblando Montreal de descendientes de los colonos franceses. Que, en cuanto se fueron haciendo un lugar en la urbe cosmopolita y ganaron poder, impusieron su lengua. Y, para mantener su sitial, no vacilan en traducir hasta las señales de la circulación: donde ponía stop, léase arrêt. El resultado es que hoy se habla francés en una gran ciudad de América del Norte sitiada por el inglés. So, voilà.

La fauna urbana se dispersa y vuelve a reunirse en torno a los escenarios del Festival de jazz. Es la hora de la cena y todo el mundo se lleva algo a la boca. Hemos de escoger entre comida libanesa, etíope y cochinchínica. Me pregunto qué comían los canadienses antes de la llegada de los extranjeros. Pepa sostiene que antes de la llegada de los extranjeros no existía Canadá. Pero ya los primeros canadienses apreciaban la comida foránea, particularmente el misionero a la olla.

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vendredi 3 juillet 2009

Y viceversa

Sueño que voy a dar con mis huesos a la cárcel (y duelen). Como Yorick, el personaje del Viaje sentimental por Francia e Italia, de Sterne, quien, desde la habitación de su hotel, se ve a sí mismo engrillado en una mazmorra.

Otro personaje, pintado éste por Moroni, exhibe esta divisa: Duritiem Mollitie Frangit (Franquearse de la dureza por la suavidad). Y viceversa.

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lundi 11 mai 2009

El color del caramelo

Vueling

E
scribo estas notas en el Vueling que me trae de regreso a Zaventem. Me gusta el color del avión, me alegra que repartan caramelos a bordo. El sobrecargo que se dirige a los pasajeros da el nombre de cada miembro de la tripulación y también sus países y ciudades de origen. Es un detalle interesante. Ya no son sólo caras y voces, ahora son también un relato. También me gusta el nombre de la compañía, Vueling (pero preferiría que se llamara Volare), y que tenga maneras de pirata somalí. Hago el chequeo on line y Vueling me da mi asiento por aquí y el de mi vieja amiga por allá. ¿No le gusta su asiento, quiere usted cambiarlo?, me pregunta el programa. ¿No, sí? Pos, pague.

Peor es Ryanair, donde hay que pagar para ir al baño.

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jeudi 11 décembre 2008

Brindis

Este blog está tristón, razón por la cual se escapan los lectores. A la espera de que llegue alguien divertido a contar un par de chistes, propongo un brindis a cargo de estos amigos que hice en Borgoña. Son muy espontáneos.

En_Bourgogne








 

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vendredi 31 octobre 2008

La espera

Calmábamos la saudade mirando las imágenes de Guercino. Eramos de otra manera cuando nos despedimos bajo el quicio de la puerta, a medio camino entre el frío que venía de fuera y el calor que nos había alojado. Eramos los mismos, pero no sabíamos quiénes seríamos mañana. Si nos sería anunciada la alegría o la pena.

Buen viaje, decíamos, bon voyage.

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vendredi 10 octobre 2008

Epílogo

De espaldas durante el viaje de regreso. Si el automóvil es una silla de ruedas, como dice Parra, también puede llegar a ser un diván o una camilla para quien tiene el lomo adolorido. Un avión, para el que mira al cielo. En lugar de la autopista y sus camiones se ven por la ventanilla nubes y pájaros. Los romanos interpretaban los asuntos de este mundo y el otro siguiendo el vuelo de los pájaros. Las nubes también cuentan sus novelas y proponen sus acertijos. En la cima de una montaña suiza, a la entrada del túnel de San Godardo, se ve una colonia reciente de paneles solares. En la plana Lorena, en cambio, amenaza la vieja fumarola de una central nuclear. Y tras la frontera belga el cielo se cubre definitivamente. Para vivir en un país en donde siempre está nublado conviene recordar que por encima de las nubes nunca está nublado.

(Y con ésta me despido, cogollito de ciruelo, este viaje se ha estirado demasiado y se nos aburre la inconcurrencia.)

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mardi 7 octobre 2008

Las horas

Le pregunto al añoso nadador cómo está. Si se bebe, no está buena. Nada a diario hasta bien entrado el otoño, del que se sale en Porto Venere en plena primavera, más o menos cuando florecen las alcaparras. Se lanza al mar desde una roca, después de leer de cabo a rabo el periódico. No necesito preguntárselo, se ve que se baña para sacudirse la tinta. Enfrente, en la isla Palmiria, el tiempo pasa demasiado rápido. Se duerme uno y cuando despierta nota que las horas han ido pasando. Va a nadar y luego se seca al sol. Mucho más que nadar y dormir no se puede hacer en Palmiria. Andar. Esperar el bote y volver a Porto Venere a mirar Palmiria enfrente bajo el último sol de la tarde.

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dimanche 5 octobre 2008

Itala tele (2)

Es el cantante de moda. 'Primero prestan las tetas', canta, 'luego las alquilan, después las venden'. Es la canción de moda. 'Secondo me, secondo me', percute el estribillo y el cantante coge un mazo y le da al decorado en plan demolición total. 'Secondo me, secondo me' martilla el estribillo y el cantante se acerca al público, que se alinea en función de los productos de lujo que ha elegido para su consumo y, lentamente, sin agresividad, introduce un dedo en el ojo de los espectadores.

La escena no está en la pantalla de la tele, sino en la mía personal y portátil, durante las horas de programación nocturna.

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jeudi 2 octobre 2008

Itala tele

Todas las presentadoras, incluidas las del fútbol, se llaman Raffaella Carrà. Son eternas y recauchutadas. En la publicidad, en cambio, todas las mozas son Carla Bruni y se desplazan en Lancia. En la pizzería, el equipo de fútbol del pueblo se alinea en una larga mesa. Son 12 + 1 y componen una restaurada Última cena. Salvo que el capitán, entrenador y preparador físico no habla en parábolas desde el centro sino desde la cabecera de la mesa. Llama la atención la cantidad de tics de los muchachos. Como si la cara les pestañeara a intervalos disjuntos. Como si estuvieran perpetuamente frente a la tele.

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