jeudi 21 juin 2007

Brutales las fotos

¿La víctima, será más fotogénica que el victimario?

1994

Foto de James Nachtwey

Treinta y cuatro años más tarde, el World Press Photo de 1973 por fin tiene nombre de autor. Se trata de Luís Orlando Lagos, entonces fotógrafo de La Moneda, exiliado en Venezuela y fallecido en Santiago a los 94 años, en enero de este año. La historia de la foto, la última de Allende, la contó en este diario Camilo Taufic tras la muerte de Lagos, y ese relato y otras gestiones consiguieron que finalmente la página oficial del World Press Photo fuese modificada consignando el nombre del fotógrafo, que se mantuvo anónimo y al margen de los reconocimientos por razones de seguridad en los primeros años después del golpe y luego en razón de su apego a un compromiso firmado con el New York Times.

Ahora que la imagen predominante del fotógrafo de prensa resulta ser la del paparazzo que se extenúa día tras día corriendo detrás de las aventuras y desventuras de las emprendedoras de las pistas de baile, como las llamó con acierto Roberto Merino, el reconocimiento tardío a Lagos debería ser doble o triple, por buen fotógrafo, por discreto y por recordarnos la cara más digna de su profesión.

La visita al sitio del WPP permite, además, pasar revista a las fotos ganadoras desde que el premio holandés fuera creado en 1955, conjunto de imágenes que compone una sinopsis de la historia del último medio siglo. En estas fotos suele haber tres protagonistas, el que muere, el que mata y el que toma la foto. O al menos dos, el que muere, o queda herido, y el fotógrafo, que estaba allí para contarlo. La víctima suele ser un niño, a menudo una niña. Algunas de ellas alcanzaron una cierta forma de celebridad, póstuma, como Omayra Sánchez, la niña colombiana atrapada en los escombros de una erupción volcánica en 1985. O en vida, como Kim Phuc, la niña vietnamita que corría por una carretera, desnuda, escapando del napalm en 1972. Una de cada tres fotos premiadas muestran niños muertos o sufrientes. Niños nigerianos, angoleños, somalíes, indios, afganos, paquistaníes, palestinos, chechenios, la triste geografía de las guerras y de las calamidades se revela en estas fotos. Pietás argelinas, kosovares, camboyanas o chipriotas completan el cuadro. ¿La víctima, será más fotogénica que el victimario?

¿Y por qué tanto patetismo? ¿Se justifica poner en primer plano, y premiar incluso, el martirologio del género humano, para emplear un término que nos recuerde a Clotario Blest? ¿No anestesia acaso contra el dolor ajeno su permanente exhibición? Susan Sontag, tal vez la ensayista más oportuna en materia de fotografía periodística, fue quien divulgó esta idea en su conocido ensayo Sobre la fotografía. Hacia el final de su vida, sin embargo, Sontag tuvo la entereza de corregirse a sí misma en una entrevista con Arcadi Espada para la revista Letras libres: « Las fotos brutales suponen una brutalidad previa que es necesario conocer. Con la que es necesario encararse. Una sociedad democrática debe someterse a ese tipo de ejercicios. Si no, se convierte, en cierto sentido, en una sociedad cómplice de la brutalidad ».

Por cierto, ¿dónde están las fotos de los siete niños afganos que mató este lunes 18 de junio la aviación norteamericana, so pretexto de que en su remota escuela se escondían terroristas? El bruto suele ocultar la mano y huir de su retrato.

Mirando las cicatrices marcadas a machete en la cara del ruandés protagonista del WPP de 1994, es imposible no repasar el punto más intenso del citado diálogo entre Sontag y Espada. Sontag: « ¿Sabe lo que a mí me interesa? Ruanda. El genocidio. El genocidio a cuchillo de Ruanda. La literatura es totalmente secundaria. A mí me interesa la realidad. En seis semanas, ochocientas mil personas, OCHOCIENTAS MIL PERSONAS, fueron asesinadas en Ruanda. Por su vecinos. POR SUS VECINOS. Cada una de esas personas murió de una manera individualizada, pasada a cuchillo. Mire la historia de la humanidad. Mírela fijamente: ¡le importa un rábano lo que dicen los escritores! Ruanda. ¿Sabe usted lo que es Ruanda? Ruanda es un pequeño país. Un pequeñísimo país. Y con un noventa y cinco por ciento de sus habitantes que son católicos ».

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jeudi 14 juin 2007

Footing en el Báltico

El resultado de la agitación del G-8 terminó siendo un acuerdo endeble sobre el clima, una promesa de reducción no cifrada ni obligatoria de los gases contaminantes para el año 2050

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Los mandamases de las ocho naciones más ricas del planeta, Estados Unidos, Alemania, Italia, Francia, Reino Unido, Canadá, Japón y Rusia, aquéllas cuyas poblaciones superan ampliamente la encuesta Casen (salvo Rusia), reunieron su club, el llamado G-8, en un lugar de bucólico nombre, Heiligendamm, un balneario del mar Báltico, en el norte de Alemania. Petróleo, misiles y paraguas antimisiles en el menú del encuentro, así como, para sus protagonistas, footing, encuentros bilaterales y foto de familia con las primeras damas.

El país anfitrión destinó 16 mil policías y cien millones de euros a impedir que unos cuantos centenares de manifestantes se acercasen al lugar de la reunión para cuestionar la legitimidad del encuentro. Quién eligió al G-8 como gobierno planetario, preguntaban. Qué parlamento refrenda las decisiones que adopta en nombre de la humanidad. Qué contraloría fiscaliza su aplicación. A qué poder judicial cabe referirse. No aceptamos sus decisiones, decían. Not in my name. Pero los policías estaban intratables. Y los mandamases, olímpicos, distantes. Es verdad que los revoltosos anti G-8 no eran todos demócratas sufragistas y algunos de ellos parecían haberse cortado el pelo a mordiscos.

El resultado de tanta agitación terminó siendo un acuerdo endeble sobre el clima, una promesa de reducción no cifrada ni obligatoria de los gases contaminantes para el año 2050, vale decir el año de la pera, y otra promesa, otra más, de unos cuantos millones que irían a rescatar a mucha gente del fondo pantanoso de la pobreza.

Tras la cumbre, y para cambiar de asunto, George Bush decidió irse de gira por Europa, periplo que lo llevó hasta Albania, país remoto y algo abandonado por la mano de Dios, donde quiso darse un baño de multitudes. A falta de poder hacerlo en Irán o en Venezuela. El hombre más poderoso del planeta extendió sus manos, bajo la atenta mirada de sus guardaespaldas, hacia esa población maltratada por la coyuntura histórica. Que ésta, llevada por el entusiasmo del momento, sustrajera el reloj pulsera presidencial es un detalle que, probablemente, la historia de los Balcanes no retendrá. Como quiera que sea, hay quien sostiene que un solo albanés ha obtenido más de Bush que miles de norteamericanos. También es posible que varios símiles del reloj de Bush se oferten ahora mismo en los sitios de compra-venta en Internet bajo el improbable rótulo del reloj del hombre que dio la hora en Irak.

Durante la cumbre por su parte, y para no ser menos (lo que siempre duele un poco), Nicolás Sarkozy cenó en aparté con Vladimir Putín. Se presume que, a la hora de los bajativos, el servicio ruso le habrá ofrecido té, pero el líder galo, quizá recordando el caso Litvinenko, parece haber preferido el vodka. A continuación se presentó ante la prensa muy garboso pero con la lengua traposa.

Es probable que los electores franceses le celebren la gracia ofreciéndole este próximo domingo, en la segunda vuelta de las elecciones legislativas, una mayoría parlamentaria a la altura de su sed de reformas. Paradojas de la modernidad, los ciudadanos aprecian e incluso premian las debilidades de los mandamases, las que dopan sus resultados electorales. La identificación de unos con otros parece pasar por ahí. Si el prohombre es brillante (en eso no se nos parece), al menos comparte nuestras debilidades (en eso si que sí). Un ministro de hacienda de un gobierno regional belga suele aparecer en la televisión ebrio como un pirata pero en las elecciones (las últimas fueron el domingo pasado) consigue sistemáticamente una de las mayores votaciones de su cantón electoral.

Digo todo esto porque incluso quien no tiene derecho a voto, ni en las cumbres del G-8, ni en las legislativas francesas, ni en las belgas, ni siquiera en las municipales chilenas, tiene, al menos, el derecho a opinar y a manifestarse. En cambio, quienes gozan de esos privilegios, quienes pueden y deben votar, no siempre quieren. Se malacostumbran. Dieciocho millones de franceses (el 40% del electorado) se abstuvieron de votar el domingo pasado. A un abstinente de esa laya, en mi pueblo lo llaman el perro del hortelano.

logocl 14 de junio de 2007 PDF

PS: A continuación, Sarkozy se presentó ante la prensa muy garboso pero con la lengua traposa. Los adjetivos son intercambiables, también es verdad que se presentó muy traposo pero con la lengua garbosa. Patético el esfuerzo del entorno de Bush por hacer creer que el reloj no fue robado, que se perdió, apareció y se volvió a perder. Patética también la autocensura de los medios franceses frente al estado de Sarkozy. No fue el vodka, era tarde, el presidente estaba agotado, había subido las escaleras a toda velocidad para no llegar tarde a la cita con la prensa. Estaba practicando footing en el Báltico.

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jeudi 7 juin 2007

Edwards Bello descabezando mitos

En un país donde el arribismo es la autopista por donde vamos todos, en jeep o en citroneta, alguien que como Edwards Bello iba en la dirección contraria provocaba perturbaciones y accidentes.

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Joaquín Edwards Bello fue un escritor prolífico, un buen novelista y un mejor cronista. Publicó más de treinta libros y escribió una columna, la más leída y comentada de este diario, Los jueves de Edwards Bello, cuando la gente leía el diario día tras día y no sólo el fin de semana. Fue también un personaje controvertido, bohemio, jugador, brillante casi siempre, opaco cuando quería. En un país donde el arribismo es la autopista por donde vamos todos, en jeep o en citroneta, alguien que iba, como él, en la dirección contraria provocaba perturbaciones y accidentes.

Tras su muerte, en 1968, los ecos de su obra quedaron sonando en el limbo hasta que, en los últimos años, una magnífica novela, El inútil de la familia, de Jorge Edwards, lo trajo de vuelta a la letra impresa. También ha escrito sobre él Salvador Benadava (Faltaban sólo unas horas…) y me entero por este diario que Roberto Brodsky le ha dedicado un capítulo de la obra El asilo contra la opresión a su inveterado antisemitismo. Guy Bajoit, sociólogo belga, autor de obras leídas y estudiadas en Europa, se ha valido, en un ensayo reciente, Joaquin ou le jeu avec la marginalité, de la figura de Edwards Bello para ilustrar sus teorías. Esperemos que se traduzca cuanto antes y se difunda porque resulta notable la reunión de historia personal y colectiva que logra Bajoit apoyándose en la vida del novelista, en su calidad de contradicción viviente y en sus personajes novelescos, Esmeraldo, el Azafrán, la Chica del Crillón.

Impulsado por esa lectura, releo de una sentada Mitópolis, selección de crónicas de Edwards Bello publicadas en La Nación en los años cincuenta y sesenta, precedidas de una entrevista al autor, conjunto editado por Alfonso Calderón en 1973. Impresiona la libertad de tono y la acerada crítica a Chile, a sus mañas y manías. ¿Quién se expresa hoy con la mitad de la pertinencia y la carga crítica con la que arremetía Edwards Bello en contra de la sociedad chilena hace medio siglo? La Mistral dijo de él que Chile tenía en su persona a su “hijo más reprendedor”. Para no contradecirla, Edwards Bello afirmaba que los chilenos vivimos en las zonas más oscuras de la imprevisión: « Después de las cuchipandas: ¡Déme bicarbonato! Al caer de la primera lluvia: ¿Dónde quedaría el paraguas? ».

Alegra reencontrarse, por otra parte, con su cosmopolitismo. Se supone que Chile entonces era provincialismo puro, y el propio Edwards Bello se encarga de recordarlo cada dos líneas, pero su escritura resulta abierta y sin complejos, tanto así que el ancho mundo parece su calle y su casa. Ya en sus lecturas de infancia, Edwards Bello se muestra como un criollo mundano, tan de España y de Inglaterra -o de Brasil o de México- como lo era del entrañable Chile. No sé si hoy se pueda decir otro tanto de los letrados en boga. Algo de Norteamérica reivindican, pero en su variante Miami, y paremos de contar.

Jueves con jueves, Edwards Bello se daba a la tarea de descabezar la mitología nacional. No se salvaban ni Caupolicán empalado, ni Colo Colo insurrecto, ni siquiera Prat, ni tampoco Murieta. Ni la Quintrala, ni Manuel Rodríguez,  ni Portales, ni menos José Miguel Carrera, cuyo cráneo todavía algunos buscan y otros veneran. Nuestro cronista de los jueves no dejaba prócer con cabeza. Tenía, por suerte, buenos lectores, que respondían con bien calibradas cartas a sus columnas. E incluso contaban chistes. Doña Eugenia Urquieta, en octubre de 1956: « Un yanqui andaba buscando reliquias del pasado chileno. Un huaso diablo fue a ofrecerle una calavera de O’Higgins. El yanqui, entusiasmado, le pasó veinte dólares. El huaso pretendió repetir y llevó otra calavera chica, de niño. El gringo le preguntó: ¿Y ésa? Es la calavera de O’Higgins, cuando era guaguita ».

logocl 7 de junio de 2007

PS: Por si alguien se asoma a leer el PDF con la versión impresa de este texto, aclaro que la palabra 'poetisa' con la que el editor engalana a la Mistral no es mía, no acostumbro ofender a las señoritas.

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jeudi 31 mai 2007

Diálogo entre Cecilia la regia y Betty la fea

La reina del lugar común se sienta ahora en el trono de la compunción.

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« Lugar común es tu foto en el diario La Tercera », decía el pintor Eugenio Dittborn en una larga enumeración de lugares comunes de inicios de los ochenta, de cuando la prensa chilena informaba de los crímenes de Pinochet como si se tratara de crónica roja. Hoy cabría tal vez decir « lugar común es tu imagen en Youtube ».

Se me vino esto a la cabeza observando los contornos del affaire protagonizado por Cecilia Bolocco y su amante rollizo, al ver con qué rapidez, con qué ímpetu incluso un lugar privado como la terraza de una casa se convierte en un lugar común. Qué rápido que socializamos, y eso que vivimos en pleno reino neoliberal. Qué raudos, qué veloces para tomarnos la Bastilla catódica. Qué virtuosos a la hora de afilar la guillotina.

¿Qué cómo y por dónde se pasa de lo privado a lo público?, se preguntan los analistas. Por dónde va a ser, por donde siempre, por donde mismo. Por un canal. Por las cuerdas bucales, por la radio, por la tele, por Youtube. En Youtube precisamente, esa feria persa de las imágenes, donde cabe desde el best of hasta los retazos del circo catódico, hay, a este propósito, unas imágenes muy decidoras.

Se trata probablemente de un extracto de una teleserie, o de algo por el estilo. Cecilia la regia en persona le explica a Betty la fea que, en apretado resumen, el llanto no es privilegio de las deslucidas, que las regias también sufren, que a todas, estupendas como feas, les llega la hora de llorar.

El extracto citado recuerda la teleserie Los ricos también lloran, en su variante Las regias también sufren. Pobres todas, feas como regias, siempre al borde de las saladas lágrimas. Pero Betty se lleva la peor parte, porque a ella no sólo le toca hacer de fea sino también de pasmada, de crédula, y acaba vencida frente a la elocuencia de la espléndida, rendida frente a su poder de seducción.

Supongo que ahora le toca a la fea recordarle a la regia un par de verdades. Que serían, en sustancia, éstas: Te nombramos reina catódica, te alabamos y bendecimos y compramos generosamente los productos de tus auspiciadores. Ahora te pasamos la cuenta. Es bien sabido que la suerte de la fea la bonita la desea. Es bien sabido también que la televisión democratiza y degrada. Y que ambas operaciones se dan simultáneamente. No se necesita ni siquiera saber leer para enterarse de cómo viven las reinas, ni por dónde pecan. A la reina del lugar común le corresponde sentarse ahora en el trono de la compunción.

En Youtube, la feria persa de las banalidades, al introducir la palabra « Chile », desfilan paradas militares, campeonatos de peluqueros y chascarros de Don Francisco. Cecilia Bolocco, por su parte, no tarda en aparecer en la larga serie de lugares comunes, acompañada por Carlos Cardoen, Carlos Menem y Pinochet. Y el antivirus se dispara.

Y ya que estamos en Youtube, podemos poner alegre música a este asunto. Hay una canción de Caetano Veloso dedicada a un personaje de Jorge Amado, Tieta de Agreste, que dice más o menos así: « En esta tierra el dolor es grande y la ambición pequeña, nada nuevo que contar, todo el mundo quiere saber con quién usted se acuesta, nada puede prosperar ».

Para volver a Eugenio Dittborn, va siendo hora de poner también su nombre en Youtube. Aparece entonces un hombre manipulando un tambor de aceite que acaba por dejar una negra mancha en la rubia arena del desierto.

logocl 31 de mayo de 2007 PDF

PS: Tras el atracón de Youtube no hay bastante sal de fruta. Y hay más.

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jeudi 24 mai 2007

Votar en Venecia

Pasear en góndola o en 'vaporetto' por la laguna de Venecia o por la laguna de Aculeo no debería privar a nadie de ningún derecho, ni menos del derecho a voto

Gondola

Por enésima vez en los últimos 36 años un proyecto de ley que buscaba devolver el derecho a voto a los chilenos que viven en el exterior ha sido rechazado en el Parlamento. Veintitrés votos en contra y veinte abstenciones han podido más que los 63 votos de apoyo al proyecto. La iniciativa se quedó, así, seis votos por debajo de la mayoría cualificada requerida, no para aprobarlo sino para pasar al siguiente trámite de discusión.

Habituados a los sucesivos rechazos, esta vez los chilenos en el extranjero, algo menos de un millón según el último conteo, tenían la esperanza puesta en la aprobación de la reforma y en poder contribuir por fin a elegir a los gobernantes. Dos elementos nuevos alimentaban esa esperanza. La mayoría cualificada había sido rebajada y, sobre todo, el propio candidato presidencial Sebastián Piñera había comprometido el apoyo de Renovación Nacional a la iniciativa en sendas reuniones con chilenos, en Estocolmo y Madrid, durante la campaña presidencial de 2005.

A la hora de votar, sin embargo, otro gallo cantó en Valparaíso. « Es ilógico que quien pasea en góndola por Venecia decida quién gobernará », argumentó el presidente de Renovación Nacional, Carlos Larraín, para justificar el rechazo de los parlamentarios de su partido. Por si no se nota, la metáfora náutica de Larraín apunta al fondo del asunto.

El argumento de Larraín es impresentable. Desde luego, pasear en góndola o en vaporetto por el Canal grande y la laguna de Venecia, o por la laguna de Aculeo y el Canal San Carlos de Santiago, no debería privar a nadie de ningún derecho, ni menos del derecho a voto.

Aun así, podría ser útil conocer qué porcentaje de chilenos en el exterior ha estado alguna vez en Venecia paseando en góndola y comparar ese porcentaje con el número de amigos y asociados de Larraín que se han dado ese gusto. Los países con mayor concentración de chilenos en el exterior son Argentina, Estados Unidos, Canadá, Australia y Suecia. En todos ellos, las góndolas venecianas son tan remotas como los barcos de totora del lago Titicaca. El argumento de Larraín es, como se diría en Venecia, proprio babbèo.

Sebastián Piñera concentró en las formas sus objeciones al proyecto. Vaya formas: « ¿Cómo se va a acreditar la característica de ciudadano chileno de las personas que se quieran inscribir, cómo se va a acreditar que son mayores de 18 años cuando no tienen carné de identidad? ¿Con el carné de chofer, con una declaración, mostrando la barba los hombres o mostrando otras cosas las mujeres? ».

El razonamiento de Piñera carece por completo de vuelo y de altura, un colmo viniendo de un magnate aeronáutico. Cualquier persona que haya hecho un trámite en una oficina del registro civil en Chile, o en una oficina consular en el extranjero, habrá podido comprobar que éstas disponen de información completa y actualizada. Nadie necesita bajarse los pantalones para obtener un certificado de nacimiento o un pasaporte, como supone o quisiera Piñera. ¿Por qué tendría que ser otro el caso, tratándose de emitir el sufragio?

Aparte, claro está, de los apabullantes resultados que obtuvieron a la sombra de Pinochet en consultas y plebiscitos entre 1978 y 1981, la última victoria electoral de Renovación Nacional remonta a cincuenta años atrás, cuando las micros se llamaban góndolas y los predecesores de Larraín y Piñera se llamaban conservadores y liberales y apoyaban a Alessandri Rodríguez. Los tropiezos del Transantiago les harán sentir que la victoria está cerca y que aquéllos que están lejos, impedidos de ejercer sus derechos, son parte del enemigo al que hay que batir. Tardan en entender que se puede ganar una elección contra la gente (todo se puede), pero cuesta.

No sé cuán lejano estará el día en que los chilenos del extranjero puedan votar. Espero, sí, que cuando ese día llegue voten masivamente. Y que los chilenos de Venecia, no son muchos pero alguno hay, también vayan a votar. En góndola, por supuesto.

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PS: Sobre este mismo asunto, hay varios comentarios repartidos por aquí, por ahí y por allá. También he escrito antes tres columnas, 1, 2 y 3. No es que esté obsesionado con el voto, es que me encanta votar. Incluso ya he sido candidato. Lo más duro de la campaña fue intentar convencer a mi señora de que votara por mí. No la convencí. Peor aún, levantó su propia candidatura.

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jeudi 17 mai 2007

El lonco en internet

Pobre lonco. No sólo se aburre en las inauguraciones, además lo insultan.

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Hoy es jueves 17 de mayo, día internacional de internet. El domingo fue del día de la Madre y el lunes el de San Isidro labrador (pon el agua y quita el esmog). Qué semana.

Al Gore visitó Chile y pareció conseguir en unas cuantas horas lo que no han podido hacer en años sequías e inundaciones, alertas ambientales y neurastenia canicular. A esta hora Gore ya estará lejos, organizando un macroconcierto en lejanas macrociudades, mientras la carrera de los negocios derivados del calentamiento global comienza atropelladamente. Si los bosques desaparecerán de todas maneras, por qué no aprovechar cuanto antes tanta riqueza, se dicen los inversionistas. La antigua fiebre del oro se convierte en la fiebre del agua. El capitalismo tiene eso de impulsivo y está que se abre la temporada de saldos en materia de recursos naturales.

El último capricho de turista nuevo rico es ir a ver el deshielo en Groenlandia. Debe de provocar una especie de embeleso frío contemplar el derretimiento de los polos. Por su parte, la población china, aprovechando el tirón del 10 % de crecimiento económico anual, recomienza a reproducirse. La barrera del primer hijo, impuesta por la magistratura post-maoísta, se viene abajo y los chinos, encabezados por la elite de los negocios y del espectáculo, van a por el segundo, pasándose por la cola del dragón la norma del hijo único. 10 % de los orientales acomodados ya tiene una media de tres hijos. Dentro de 25 años, los chinos serán 1 500 millones, cien veces la población chilena actual.

Otra curiosidad de la semana, la foto que ilustra esta columna o el uso que de ella se ha hecho. La imagen fue tomada en la ceremonia de inauguración del hospital de Puerto Saavedra, bautizado con el nombre de Arturo Hillerns, médico de 29 años desaparecido en Temuco tras el golpe de Pinochet. Más allá de la indumentaria, de sus absolutos y de sus intermedios, llama la atención ver dónde mira cada cual y, sobre todo, cómo mira cada uno. El lonco anciano, la machi, el representante político del pueblo mapuche, el probable guardaespaldas, los funcionarios, las siete personas-personaje de la foto hablan con los ojos. Hablar, habla Michele Bachelet. Y la manera cómo cada cual la escucha es elocuente.

La foto ha circulado por internet en calidad de chiste, haciendo notar un supuesto parecido entre el anciano lonco y Pinochet. Pobre lonco. No sólo se aburre en las inauguraciones, además lo insultan. Eso sí, le han puesto unas boleadoras en las manos, y no le costaría mucho enredarlas en el pescuezo de alguno de los chistosos. En Italia, sin ir más lejos, un regidor al que trataron de Pinochet llevó a los injuriantes ante la justicia y ganó el juicio.

Las últimas dos curiosidades de la semana son detalles, pero no por eso desmerecen. Serbia parecía haberlo perdido todo tras la guerra de los Balcanes, pero ha acabado ganando nada menos que el festival de la canción de Eurovisión. Poco importa que se haya impuesto con un avatar de Betty la Fea cantando una canción de la época de la revista Ritmo. La victoria tiene su alcance geoestratégico porque la ha conseguido con los votos de los mismos países que Serbia bombardeó a conciencia.

Y alguien habrá hecho un descubrimiento que tampoco deja de tener su alcance, y es que aumentan las posibilidades de llegar a prócer teniendo una mujer que se llame Cecilia. Es el caso de Sarkozy y de Menem. Aunque luego Cecilia no vote necesariamente por el prócer.

A todo esto, qué será de la Pequeña Gigante. Según la prensa islandesa, la marioneta anda, en estos días, por las calles de Reykjavik, en Islandia, una tierra tan fría como Groenlandia. Al ritmo que va el cambio climático, ¿cuánto tiempo tardará Islandia en poblarse de cocodrilos, de reinas de belleza y de narcotraficantes?

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jeudi 10 mai 2007

Innato Sarkozy

Tienen razón los ácratas cuando dicen que si las elecciones sirvieran para mejorar la situación, hace tiempo que estarían prohibidas. Tienen razón, pero la tienen a medias. Mírese el caso de Francia. No era seguro que el resultado de las elecciones mejorara la situación. Lo seguro era que podía empeorarla. Y no ha tardado en hacerlo.

La victoria de la derecha francesa recuerda la magnitud del rechazo del electorado galo al tratado constitucional europeo en 2005, resultado que permitió a Nicolás Sarkozy reintegrar el gobierno francés y conducir a su bando al actual continuismo tras los dos mandatos presidenciales de Jacques Chirac. “Francia es un viejo país de derecha”, solía decir François Mitterrand, el único socialista que ha conseguido ganar unas elecciones presidenciales durante la Quinta República.

Tanto así que Nicolás Sarkozy ha conseguido acceder directamente a la presidencia desde el ministerio del Interior, presentando un programa del tipo “A Dios rogando y con el mazo dando”, afirmando que la pedofilia es innata, tanto como la propensión al suicido. Y que Francia no debe avergonzarse de su pasado, porque no fue ella quien inventó la solución final. No parece mucho predicamento para el país de las luces y los derechos humanos. Y, sin embargo, con un credo elemental como ése ha obtenido la mayor votación de la derecha en las últimas décadas.

Duro para una izquierda que pierde en todos los terrenos, comenzando por las mujeres y los tradicionales bastiones obreros. Lejos también de las barriadas laboriosas, Sarkozy se ha ganado conspicuos adeptos en el campo de los llamados nuevos filósofos, que han encarrilado su reconversión ideológica a la sombra del prócer innato. Todos son aplausos por el momento para Sarkozy, comenzando por los de Blair, quien ha querido resarcirse de su derrota en las elecciones locales escocesas colgando en Youtube una felicitación en francés para la nueva cabeza del Estado francés.

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Fortalecido por tanto apoyo, Sarkozy se propone llevar adelante una política europea excluyente, haciendo hincapié en el rechazo a la pretensión turca de acceder a la Unión como miembro pleno. Su primer desplante será entonces intentar enviar a Turquía, que golpea a las puertas de Europa buscando consolidar la democracia y mejorar las condiciones de vida de su población, a Asia Menor, de donde nunca, según él, debería haber salido.

También quiere Sarkozy enviar a Mayo del 68 al retrete de la historia, culpando a la trifulca parisina de hace cuarenta años de la decadencia de la escuela como institución republicana. Es posible que con ese anatema haya cosechado unos cuantos votos de profesores, que últimamente llevan la autoestima por las rodillas y, sobre todo, de padres y apoderados que esperan que un golpe de autoridad magistral convierta a sus querubines, pasablemente intoxicados de Internet y de tele, en seres inteligentes, sensibles y trabajadores.

Daniel Cohn-Bendit, líder de la revuelta estudiantil y hoy diputado europeo verde franco-alemán, le ha recordado a Sarkozy que la escuela republicana tenía antes del 68 como misión preparar a los hijos de los campesinos a la sociedad industrial, lo que está bastante lejos de ser hoy el caso. El verdadero horror sarkozysta frente a Mayo del 68, ha dicho Cohn-Bendit, aparece ante la autonomía de las mujeres, quienes, en los años sesenta, debían pedir permiso a sus maridos para abrir una cuenta bancaria.

Más allá de Francia, hay una larga lista de elecciones cuyos resultados están a la espera de empeorar situaciones. Chile está “al aguaite”. Los chilenos del extranjero llevan 36 años intentando participar en ellas. Las voces pesimistas auguran que tal vez deban esperar otros tantos para poder aportar con sus votos. Las optimistas, por su parte, afirman que, por esos entonces, la situación habrá empeorado suficientemente por sí misma.

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PS: Me gustaría no volver a escribir sobre Sarkozy durante los próximos 36 años, pero me temo que pronto le sobrevenga un ataque a alguna víscera derecha y no haya manera de evitarlo. Por lo pronto, el hombre se ha ido a celebrar su victoria sobre un yate de su riquísimo amigo Vincent Bolloré. La vergüenza cubre Francia, ironiza Hervé Le Tellier, Bolloré alcanza apenas el lugar 451 de la clasificación mundial de millonarios.

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jeudi 3 mai 2007

Un asomo de Napoleón y nada de Sócrates

A la hora de elegir, los franceses parecen preferir los sobredimensionados egos napoleónicos a los mesurados socráticos

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A tres días
de la segunda y definitiva vuelta de la elección presidencial francesa, los sondeos anuncian una victoria relativamente holgada para el candidato de la derecha, Nicolás Sarkozy, frente a la candidata socialista, Ségolène Royal. Los sondeos pueden equivocarse, y se equivocan. Pero, a la espera del impacto del debate televisivo de anoche, la distancia que separa a los dos contendientes es mayor que el margen de error que los sondeos consienten.

Hijo de un emigrante húngaro, Nicolás Sarkozy ha trepado por los peldaños de la pirámide republicana con la misma velocidad con la que habla y gesticula, beneficiándose de la sombra protectora de sus padrinos políticos Jacques Chirac y Charles Pasqua y, al mismo tiempo, presentándose como el delfín que los mandará al limbo político, ahí donde la justicia no pueda cobrarles viejas cuentas pendientes. Es así como siendo Sarkozy ministro del interior del actual gobierno, no tiene escrúpulos en presentarse como una encarnación del cambio. Manejando una hábil combinación de autoritarismo y republicanismo en dosis variables y copando porfiadamente los medios, en particular la televisión, con su imagen ultra móvil, Sarkozy es lo más parecido a George Bush de todo cuanto se mueve por las pantallas. La figura resultante no convence, pero al menos contenta a muchos franceses.

La relación de Sarkozy con la prensa está enturbiada por su amistad con los dueños de los principales grupos de prensa galos, la que le ha permitido más de una vez usar su influencia para bajar el perfil de asuntos de dudosa estofa y desigual valía. Le Canard enchaîné, uno de los pocos periódicos que vive de los lectores y no de la publicidad, publicó en 2004 una investigación sobre la relación estrecha entre Sarkozy y un grupo inmobiliario activo en la región de la cual ha sido alcalde durante años. 

Rompiendo con una tradición republicana de separación de la esfera personal y pública, Sarkozy no ha dudado en mostrar abundantemente en la prensa ilustrada su relación con su mujer, Cecilia, una de sus consejeras en materia de imagen. Sin embargo, cuando el semanario Paris-Match publicó en 2005 unas fotografías de Cecilia Sarkozy con su supuesto amante, la cabeza del director del semanario rodó gritando “Sarkozy fue”. La última víctima ha sido esta semana un traductor kamikaze de la cadena France 2 en Nueva York, quien se concedió el placer de transformar la frase del candidato “Invito a los franceses a unirse a mi candidatura” en “Invito a los franceses a unirse a mi ego sobredimensionado” (my inflated ego).

Y es que en materia de egos, a la hora de elegir los franceses parecen preferir los sobredimensionados napoleónicos a los mesurados socráticos. Algo hay de Napoleón en el cuerpo de Sarkozy, comenzando por la talla. Y siguiendo por la ambición desmesurada. El filósofo Michel Onfray cuenta de esta manera su encuentro reciente con el candidato, por encargo de la revista Philosophie magazine: “Sarkozy nos confiesa que nunca ha oído nada más absurdo que la frase de Sócrates ‘conócete a ti mismo’. Esta confesión me deja helado, por lo que muestra de quien la profiere. ¿Entonces este hombre considera huero el conocimiento de sí mismo? ¿Este aspirante a conducir el destino de la nación francesa cree que conocerse a sí mismo es una iniciativa vana? Me echo a temblar ante la idea de que, en los hechos, la fragilidad psicológica pueda gobernar al encargado de reinar desde la cima del Estado sobre todos nosotros”. La sanción de Onfray es implacable: Sarkozy es “demasiado débil para concederse el lujo de una introspección o darse a la tarea socrática sin miedo a encontrar en esa caja negra el triste cadáver de su infancia”. Y ese hombre que se niega a mirarse a sí mismo será, de ser elegido este domingo 6 de mayo como predicen los sondeos, el depositario del fuego nuclear.

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jeudi 26 avril 2007

El niño y el toro

Con una ayudita de la socialdemocracia, la humanidad ha conseguido extraer a los niños de las minas y ponerlos en las escuelas. De donde no ha conseguido bajarlos es de los escenarios. Ni sacarlos de los estadios. Ni de las plazas de toros. Por la memoria reciente corre todavía aquel niño desnudo entre los equilibristas de un circo de provincia. O llora la nadadora ucraniana, a quien su padre y entrenador propinó una paliza en los últimos mundiales de natación por no haberse clasificado para las semifinales.

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A ellos se suma ahora el niño torero Jairo Miguel, quien recibió el domingo pasado una cornada en la plaza de toros de Aguascalientes, en México, a una semana de haber cumplido catorce años. El puntazo le abrió el pecho y se quedó a dos centímetros de la aorta. Por fortuna, el torero niño se recupera, Virgen de los Milagros mediante, en el hospital de la ciudad.

Hijo de torero, su padre se vino muy joven a hacer la América. A México. Allí toreó, se casó, y no volvió a España hasta que el terremoto del 85 le echó abajo la casa. Andando los años, en 1993, en Cáceres, nació Jairo Miguel. El niño creció entre las patas de los toros, bestias a las que aprendió desde muy niño a desafiar. Como en España la ley prohíbe a los niños torear antes de cumplir 16 años, su padre se lo llevó a México. A los doce años se puso por primera vez el traje de luces. Un año después recibió su primera cornada, que le rompió la muñeca pero no le impidió seguir toreando hasta cortar rabo. En casi dos años en los ruedos mexicanos, Jairo Miguel ha matado 25 toros.

El domingo de la grave cogida en Aguascalientes toreaban también otros dos toreros menudos. Que un niño se ponga frente a una bestia de 400 kilos y la maree a punta de verónicas es gran atracción y aumenta el aforo. El más joven de entre los toreros de México tiene nueve años. Con su altura, se queda por debajo de los cuernos de la bestia.

El torero niño puede parecer una figura extemporánea, directamente sacada de las cavernas junto a su minotauro ensangrentado y, sin embargo, resulta ser perfectamente contemporánea. El y otros adelantados de la sociedad del espectáculo son sólo la cara visible de un ejército de esforzados púberes que se desloman a diario esperando turno para saltar cuanto antes a los estudios de televisión, a los céspedes de los estadios y a la arena de los ruedos.

Tal vez se pueda discutir hasta cuándo se es niño y se pueda también matizar en cuanto a que todas las criaturas no pierden los dientes de leche al mismo tiempo. Más difícil resulta negar, en cambio, que se necesitan unas normas comunes. No se trabaja con menos de tantos años. Pero ya se sabe que hecha la ley, hecho el atajo.

De tal manera que los niños que se pasan horas o incluso días esperando a ser contratados en los estudios publicitarios, trabajan. El candoroso niño que quiere ir a “hacer” donde el vecino, en el anuncio de papel confort, está trabajando, aunque no lo parezca. Los futbolistas impúberes, que entrenan varias horas cada día, juegan tal vez pero sobre todo trabajan. El boliviano Diego Suárez tiene 14 años y un récord, el de ser el futbolista más joven que haya disputado un partido de la Copa Libertadores de América. El doble de los años que tiene el niño brasilero Bruno Pellegrino, recientemente contratado por el Santos de Brasil. Detrás de estas figuras se esconde la faena de miles de niños anónimos.

Paradojas de la modernidad, nunca antes en la historia de la humanidad, con una ayudita de la socialdemocracia, eso sí, tantos niños han podido disfrutar de la niñez y, sin embargo, casi todos quieren convertirse cuanto antes en adultos. Lolita le va ganando la partida a Peter Pan.

No anda lejos un toro bravo. Y no todos los niños son duchos en el arte de la verónica.

logocl 26 de abril de 2007 PDF

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jeudi 19 avril 2007

Sexo, dinero y calcetines rotos

El mundo puede ser un lugar muy injusto. Piénsese en el pobre Paul Wolfowitz. Por fidelidad con su amigo, George Bush, Wolfowitz aceptó hacerse cargo de la presidencia del Banco Mundial, pega durísima allí donde las haya. Como la prioridad del Banco Mundial es combatir la pobreza, la primera medida de Wolfowitz, apenas entró en funciones, fue poner a su novia al abrigo de la pobreza, asignándole un sueldo de 200 mil dólares al año. Y como los lectores tenemos dificultades para representarnos tal cantidad de dinero, en este punto las agencias de noticias nos ayudan agregando que ese monto supera al salario anual de la secretaria de Estado norteamericano Condolezza Rice.

Desde que se puso a la cabeza del Banco Mundial, otra prioridad de Wolfowitz ha sido la buena gobernanza. No basta con que los países pobres sean bien gobernados. Si quieren recibir fondos del Banco Mundial, éstos deben beneficiarse además de una buena gobernanza. “Gobierno” y “gobernanza” quieren decir más o menos lo mismo, pero “gobernanza”, en el vocabulario del Banco Mundial, introduce un matiz según el cual resulta impresentable meter mano en las arcas fiscales o subirle el sueldo a la novia. Lo de la gobernanza vale principalmente para los gobiernos africanos (nadie reclama buena gobernanza a los escandinavos, basta con que tengan un gobierno decente), y Wolfowitz se encarga personalmente de reclamarla.

Para hacerlo, Wolfowitz no ha dudado en rodearse de fieles seguidores, además de su novia, a los que no ha tenido que ir a buscar muy lejos, puesto que el Pentágono y la Casa Blanca quedan en el mismo barrio. Neoconservadores, miembros del Opus Dei y otros cremosos de la crema del conservadurismo privatizador mundializado han llegado con Wolfowitz a la cumbre del Banco Mundial a imponer sus maneras. Para hacerse sitio en esas altas esferas, en apenas dos años han puesto en la puerta a siete vicepresidentes del Banco.

Y no se crea que el Banco Mundial está inmovilizado a causa del affaire Wolfowitz y del sueldo de su novia. La prensa titula que un reciente informe del Banco Mundial apunta que el número global de pobres cayó en 21 % entre 1990 y 2004. Atención al adjetivo “global”. Que el número de ex pobres sea un número “global” hace del monto un asunto redondo. En tanto que casi mil millones de personas sigan instaladas en la pobreza extrema, malviviendo con menos de un dólar diario, que más de 10 millones de niños menores de cinco años mueran cada año a causa de enfermedades que se pueden prevenir, que en África negra la esperanza de vida haya caído desde los 49 a los 47 años desde 1990, son sólo la otra cara de la misma noticia.

Por su parte, los palestinos afirman que el Banco Mundial financia la construcción del muro de ocho metros que los separa de Israel. Pese a que, en 2004, la Corte Internacional de Justicia ordenó echar abajo el muro y compensar a las comunidades afectadas, la construcción de la pared continúa aceleradamente. En Uzbekistán, los fondos del Banco Mundial no tardaron en ser desbloqueados apenas el gobierno uzbeco aceptó la instalación de tropas norteamericanas en su territorio.

Wolfowitz  La asociación de empleados y el consejo de administración del Banco Mundial piden la cabeza de Wolfowitz. Pero ésta no caerá mientras la sostenga George Bush, para quien Wolfowitz concibió la teoría de la guerra preventiva, de tan exitosa aplicación en Irak. Y mientras se mantenga el acuerdo que pone a un norteamericano a la cabeza del Banco Mundial y a un europeo a la del Fondo Monetario Internacional, Paul Wolfowitz, el mismo que se presentó en una mezquita turca con los calcetines agujereados y el pantalón manchado, el mismo que aparece en Fahrenheit 9/11, de Michael Moore, peinándose « con escupito », seguirá plantando cara a las injusticias del mundo. Pobre banquero rico.

logocl 19 de abril de 2007 PDF

PS: Un par de comentarios por aquí. Y más información por allá.

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