samedi 5 juin 2010

La vuelta al mundo

(Tres días en Inglaterra, 4)

Un viaje siempre es otro viaje. Cuando la Tita era una niña, la emprendimos un día rumbo a la isla grande. Entonces los barcos eran lentos y los trenes puntuales, de manera que dormimos esa misma noche en Hastings. La dueña del hotel era chipriota. Un viejo cartel que colgaba en el pasillo mostraba un espectáculo llamado Greek Stravaganza. Cuando la señora nos ponía el desayuno, la imaginábamos danzando entre las mesas.

En la parte alta de la ciudad, en el East Hill, los libreros cerraban temprano pero dejaban junto a la puerta una caja con libros viejos y una hucha donde depositar el importe. Así fue como nos hicimos con un ejemplar de La Vuelta al mundo en ochenta días, con esta dedicatoria: Presented to Benjamin Read for good conduct and attention. R. L. Lambert, Teacher. St Edmun's Sunday School, 30th November 1919. Benjamin Read, el que leyó joven, el lector precoz.

Al anochecer, después de pasear por la playa y los acantilados, la Tita miraba su ejemplar de Angelina Ballerina y yo leía el libro de Verne y luego se lo iba contando. Capítulo tras capítulo, hasta la última frase: And in truth, reader, would not you go round the world for less than that? // En vérité, ne ferait-on pas, pour moins que cela, le Tour du Monde ? // Y, en verdad, lector, no darías por menos que eso la vuelta al mundo?

Hastings

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lundi 2 novembre 2009

Tres santos y el obispo Cachimba

9788432212741

Ayer, día de Todos los Santos, terminé de leer precisamente Tres vidas de santos, el último libro de Eduardo Mendoza. Trata de eso, de vidas de santos, sólo que, tal como explica el propio autor en el prólogo, en los tres relatos no está claro cuál es el santo y cuál no lo es y descubrirlo constituye uno de sus atractivos. Yo creo haberlo descubierto, no faltaba más.

El prólogo es estupendo. En cuatro páginas Mendoza resume lo mejor de su arte, que es el de tomarnos el pelo a los lectores, sin que nos sintamos ofendidos por ello. El primer relato, La ballena, trata del encuentro entre un obispo centroamericano y una ballena, ambos en estado de descomposición, en el puerto de Barcelona durante los primeros años cincuenta. En torno a esa conjunción improbable se despliega la vida del narrador, un muchacho sensato y algo escéptico, y la de su familia. La Barcelona de la posguerra es el escenario que Mendoza mejor conoce y lo describe en La ballena con esmero y mucho mérito.

En el segundo relato, El final de Dubslav, un hombre salido de ninguna parte aterriza en un paraje africano perdido desde donde pasa, sin más trámite, a la ceremonia de entrega de un premio científico en Bruselas, dos lugares, como puede verse, en las antípodas el uno del otro. En este último lugar, Dubslav pronuncia un discurso de agradecimiento que se convierte en una soberbia pieza de desenmascaramiento. Dubslav es como un relato de Kafka o un antipoema de Parra, donde el sentido aflora desde el sin sentido.

Y en el último relato, El malentendido, Mendoza, a través de la historia de un ex presidiario y de su mentora, expone su propia explicación narrativa. 'Un escritor no pone los conocimientos técnicos que posee al servicio de la historia que quiere contar, sino la historia que posee al servicio de los conocimientos técnicos que quiere utilizar', afirma Antolín Cabrales Pellejero, que así se llama el ex presidiario, convertido en Martín J. Fromentín, un novelista de éxito.

A propósito de técnica narrativa, sopésese el primer párrafo de La ballena:

-Pero, bueno,¿se puede saber cuándo llega el obispo Cachimba?, dijo el tío Víctor.

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mardi 2 juin 2009

Borges, entrevista en Facebook

Borges

B
orges ya no da entrevistas. Es una pena, porque las daba buenas.

Más de una vez he contado que intenté entrevistar a Borges, en marzo de 1983, en Buenos Aires. Entonces yo era joven y él era viejo. La juventud tiene cura, la vejez no tiene. A falta de poder entrevistar a Borges, puedo entrevistar a Sam, quien sí entrevistó a Borges. Sam vive en Washington, yo vivo en Bruselas y Borges ya no vive en Ginebra. El mundo es pequeño y Facebook es grande.

Sam: La pregunta es si recuerdo las noticias que traían por esos días los diarios argentinos. No, no lo recuerdo, ni recuerdo haberlos leído.

Pero te acuerdas de Buenos Aires.

Claro, cómo no me voy a acordar. Íbamos a Buenos Aires a ver las películas que no llegaban a Santiago, a las librerías y a los cafés abiertos a las cuatro de la mañana, a esas confiterías llenas de porteños gritando cosas importantes. Íbamos, entonces no nos daba vergüenza usar palabras grandes, a la civilización. Y también porque el viaje es pura posibilidad, cualquier cosa puede pasar, desde que se enamore de ti la mujer más increíble hasta que secuestren el avión unos terroristas chiítas y termines aterrizando en la ciudad sagrada de Qom. O que la entrevista con Borges sea inmortal, llena de declaraciones espectaculares. ¡Que te cuente que va a publicar su primera novela! ¡O que confiese que Borges no existe! Que es una creación colectiva, que los libros los escribe un grupo de matemáticos y filósofos y literatos y que el pobre actor que sirve como envoltorio para Borges es un triste asalariado...

¿Te fue fácil conseguir la entrevista?

Yo era fanático de Borges, de saberme párrafos de memoria y poemas enteros. Me había conseguido su número de teléfono y lo había llamado por si las moscas, y sí. No lo podía creer, estaba recién salido de la facultad, llevaba menos de un año trabajando y ya iba a entrevistar a Borges, en exclusiva para la revista Bravo. Claro que cuando lo llamé le dije que llamaba del suplemento literario del Chicago Tribune.

¿Cómo era el departamento de Borges, en la calle Maipú?

Lo que mejor lo describe es que pasaba inadvertido. Me abrió la puerta la empleada, que se llamaba María, y entonces conocí a Beppo. Borges tenía un botón del marrueco suelto, lo que le daba un aspecto poco prolijo.

Le preguntaste su opinión sobre Dios, presumo.

—Claro. Borges dijo que sí, que Dios, pero que él no podía creer en un Dios personal. Qué quiere decir con un Dios personal, le pregunté. ¿Es lo mismo que un Dios antropomorfo? Y le molestó la pregunta, porque no le gustó la palabra antropomorfo.

A continuación le preguntaste por el Papa.

Sí, y dijo que no tenía opinión, porque no le interesaban los funcionarios.

Apuesto a que también le preguntaste por Pinochet.

Cuando le pregunté por Pinochet y las dictaduras militares, dijo: «Todos somos cómplices, todos somos víctimas».

Y cuando tuve que dar vuelta la cassette para seguir grabando las palabras del viejo, por error apreté play en vez de record y, como tenía la grabadora a todo volumen, estalló una canción de Police, y el pobre Borges pegó un salto con el que casi llegó al techo. ¿Te imaginas que se hubiera muerto de un ataque al corazón por culpa mía y de la voz de Sting?

Me imagino. ¿Y cómo terminó todo?

—Borges daba entrevistas tupido y parejo a cuanto pelafustán se lo pidiera porque le gustaba conversar. Hablaba bien, con frases bien articuladas, no había que editarle nada. Cuando se me acabaron las preguntas, no había durado ni una hora la entrevista, el viejo me preguntó por mi apellido y se largó a hablar sobre su origen. Quería conversar, pensar en voz alta, por fin lo empezaba a pasar bien después de tanta pregunta. Y yo, tontorrón, nervioso, desatinado, no supe escucharlo, sentí que lo había molestado mucho rato y que adiós y gracias, Borges, fue un honor y un privilegio haberlo conocido. Cuando él quiso hablar en vez de llenar un formulario periodístico, yo no me supe salir del libreto.

La entrevista fue publicada con el poco imaginativo título de Laberinto de espejos, en una revista que ya no existe.

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La foto es de Miguel Ángel Larrea

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vendredi 15 mai 2009

Antes de acostarse (en, es, pt)

Elegy XIX To His Mistress Going to Bed

Come, Madam, come, all rest my powers defy,
Until I labor, I in labor lie.
The foe oft-times having the foe in sight,
Is tir'd with standing though he never fight.
Off with that girdle, like heaven's Zone glittering,
But a far fairer world encompassing.
Unpin that spangled breastplate which you wear,
That th'eyes of busy fools may be stopt there.
Unlace your self, for that harmonious chime,
Tells me from you, that now it is bed time.
Off with that happy busk, which I envie,
That still can be, and still can stand so nigh.
Your gown going off, such beautious state reveals,
As when from flow'ry meads th'hills shadow steals.
Off with that wiry Coronet and show
The hairy diadem which on you doth grow:
Now off with those shoes, and then softly tread
In this, love's hallow'd temple, this soft bed.
In such white robes, heaven's Angels us'd to be
Receiv'd by men: thou Angel bringst with thee?
A heaven like Mahomet's Paradice, and though
Ill spirits walk in white, we eas'ly know,
By this these Angels from an evil sprite,
Those set our hairs, but these our flesh upright.
License my roving hands, and let them go,
Behind, before, above, between, below.
O my America! my new-found-land,
My kingdom, safeliest when with one man man'd,
My mine of precious stones: my emperie,
How blest am I in this discovering thee!
To enter in these bonds, is to be free;
Then where my hand is set, my seal shall be.
Full nakedness! All joys are due to thee,
As souls unbodied, bodies uncloth'd must be,
To taste whole joyes. Gems which you women use
Are like Atlanta's balls, cast in mens views,
That when a fool's eye lighteth on a gem,
His earthly soul may covet theirs, not them:
Like pictures or like books gay coverings made
For lay-men, are all women thus array'd.
Themselves are mystick books, which only wee
(Whom their imputed grace will dignify)
Must see rever'd. Then since that I may know;
As liberally, as to a midwife show
Thyself: cast all, yea, this white linen hence,
There is no penance due to innocence.
To teach thee I am naked first; why than,
What needst thou have more covering then a man?

John Donne
1699


Elegía XIX: Antes de acostarse

Ven, ven, todo reposo mi fuerza desafía.
Reposar es mi fuerza pues tendido me esfuerzo:
No es enemigo el enemigo
Hasta que no lo ciñe nuestro mortal abrazo.
Tu ceñidor desciñe, meridiano
Que un mundo más hermoso que el del cielo
Aprisiona en su luz; desprende
El prendedor de estrellas que llevas en el pecho
Por detener ojos entrometidos;
Desenlaza tu ser, campanas armoniosas
Nos dicen, sin decirlo, que es hora de acostarse.
Ese feliz corpiño que yo envidio,
Pegado a ti como si fuese vivo:
¡Fuera! Fuera el vestido, surjan valles salvajes
Entre las sombras de tus montes, fuera el tocado,
Caiga tu pelo, tu diadema,
Descálzate y camina sin miedo hasta la cama.
También de blancas ropas revestidos los ángeles
El cielo al hombre muestran, mas tú, blanca, contigo
A un cielo mahometano me conduces.
Verdad que los espectros van de blanco
Pero por ti distingo al buen del mal espíritu:
Uno hiela la sangre, tú la enciendes.
Deja correr mis manos vagabundas
Atrás, arriba, enfrente, abajo y entre,
Mi América encontrada: Terranova,
Reino sólo por mí poblado,
Mi venero precioso, mi dominio.
Goces, descubrimientos,
Mi libertad alcanzo entre tus lazos;
Lo que toco, mis manos lo han sellado.
La plena desnudez es goce entero:
Para gozar la gloria las almas desencarnan,
Los cuerpos se desvisten.
Las joyas que te cubren
Son como las pelotas de Atalanta:
Brillan, roban la vista de los tontos.
La mujer es secreta:
Apariencia pintada,
Como libro de estampas para indoctos
Que esconde un texto místico, tan sólo
Revelado a los ojos que traspasan
Adornos y atavíos.
Quiero saber quién eres tú: descúbrete,

Sé natural como en el parto,
Más allá de la pena y la inocencia
Deja caer esa camisa blanca,
Mirame, ven, ¿qué mejor manta
Para tu desnudez, que yo, desnudo?

Traducción de Octavio Paz

Elegia: Indo para o leito

Vem, Dama, vem, que eu desafio a paz;
Até que eu lute, em luta o corpo jaz.
Como o inimigo diante do inimigo,
Canso-me de esperar se nunca brigo.
Solta esse cinto sideral que vela,
Céu cintilante, uma área ainda mais bela.
Desata esse corpete constelado,
Feito para deter o olhar ousado.
Entrega-te ao torpor que se derrama
De ti a mim, dizendo: hora da cama.
Tira o espartilho, quero descoberto
O que ele guarda, quieto, tão de perto.
O corpo que de tuas saias sai
É um campo em flor quando a sombra se esvai.
Arranca essa grinalda armada e deixa
Que cresça o diadema da madeixa.
Tira os sapatos e entra sem receio
Nesse templo de amor que é o nosso leito.
Os anjos mostram-se num branco véu
Aos homens. Tu, meu anjo, és como o céu
De Maomé. E se no branco têm contigo
Semelhança os espíritos, distingo:
O que o meu anjo branco põe não é
O cabelo mas sim a carne em pé.
Deixa que a minha mão errante adentre
Atrás, na frente, em cima, em baixo, entre.
Minha América! Minha terra à vista,
Reino de paz, se um homem só a conquista,
Minha mina preciosa, meu Império,
Feliz de quem penetre o teu mistério!
Liberto-me ficando teu escravo;
Onde cai minha mão, meu selo gravo.
    Nudez total! Todo o prazer provém
De um corpo (como a alma sem corpo) sem
Vestes. As jóias que a mulher ostenta
São como as bolas de ouro de Atalanta:
O olho do tolo que uma gema inflama
Ilude-se com ela e perde a dama.
Como encadernação vistosa, feita
Para iletrados, a mulher se enfeita;
Mas ela é um livro místico e somente
A alguns (a que tal graça se consente)
É dado lê-la. Eu sou um que sabe;
Como se diante da parteira, abre-
Te: atira, sim, o linho branco fora,
Nem penitência nem decência agora.
Para ensinar-te eu me desnudo antes:
A coberta de um homem te é bastante.

Versión de Augusto de Campos

Elegia

Deixa que minha mão errante adentre
Atrás, na frente, em cima, embaixo, entre
Minha América, minha terra à vista
Reino de paz, se um homem só a conquista
Minha mina preciosa, meu império
Feliz de quem penetre o teu mistério
Liberto-me ficando teu escravo
Onde cai minha mão meu selo gravo
Nudez total: todo prazer provém do corpo
(Como a alma sem corpo) sem vestes.
Como encadernação vistosa,
Feita para iletrados, a mulher se enfeita
Mas ela é um livro místico e somente
A alguns a que tal graça se consente
É dado lê-la.
Eu sou um que sabe.

Versión de Caetano Veloso

dimanche 8 février 2009

Lugares comunes

Del Diccionario de lugares comunes, de Flaubert:

Concupiscencia: Dicen los curas cuando hablan de sexo.
Cristianismo: Liberó a los esclavos.
Fénix: Bonito nombre para una compañía de seguros contra incendios.
Fotografía: Reemplazará a la pintura.
Genio: Un neurótico.
Gentilhombre: De acuerdo con las circunstancias, pronunciar 'galantuomo' o 'gentleman'. Ya no quedan.
Gramáticos: Todos pedantes.
Grupo: Útil en política y para salir a caminar.
Harén: Comparar siempre un gallo con sus gallinas a un sultán con su harén. El sueño de todos los estudiantes secundarios.
Hembra: Emplear sólo al hablar de animales. Al contrario de la especie humana, las hembras de los animales son más feas que los machos. Por ejemplo, el faisán, el león, el gallo.
Hidroterapia: Cura todas las enfermedades y las provoca.
Italia: Decepciona, no es tan hermosa como dicen.
Italianos: Todos músicos, todos traidores.
Japón: Todo allí es de porcelana.
Muchachas: Evitar que en el zoológico visiten la jaula de los monos.
Laconismo: Idioma en desuso.
Magistratura: Todos los magistrados son pederastas.
Magnetismo: Bonito tema de conversación para conquistar mujeres.
Mareo: Para no sufrir mareos basta con pensar en otra cosa.
Monarquía: La monarquía constitucional es la mejor república.
Negras: Más calientes que las blancas.
Negros: Maravillarse de que su saliva sea blanca y de que hablen francés.

Flaubert

(Un placer de traductor (de domingo): Traducir un diccionario es desordenarlo.)

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lundi 2 février 2009

Teoría de la milonga

Storytelling

L
a lectura de los artículos de prensa de Christian Salmon me llevó a leer su libro Storytelling, muy recomendable. Ediciones Península lo publica ahora en España, traducido por Inés Bértolo. Se puede leer el prólogo de Miguel Roig, Soy ciego y hoy comienza la primavera.

Y aquí, una entrevista con el autor.

Al59 propone una traducción para el título, Contar milongas.

O cantarlas, bien orquestadas, y con coro.

Sursum corda, sin embargo. Nuestras historias vienen espolvoreadas con azúcar flor. En Pekín y en Moscú se la ahorran.

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samedi 24 janvier 2009

La Giganta

He visto que Montano asocia felizmente el  'Amante menguante' con este soneto de Baudelaire, 'La Géante'. Copio el original y la estupenda traducción de Martínez Sarrión.

LA GEANTE 

Du temps que la Nature en sa verve puissante
Concevait chaque jour des enfants monstrueux,
J'eusse aimé vivre auprès d'une jeune géante,
Comme aux pieds d'une reine un chat voluptueux.

J'eusse aimé voir son corps fleurir avec son âme
Et grandir librement de ses terribles jeux ;
Deviner si son cœur couve une sombre flamme
Aux humides brouillards qui nagent dans ses yeux ;

Parcourir à loisir ses magnifiques formes ;
Ramper sur le versant de ses genoux énormes,
Et parfois en été, quand les soleils malsains,

Lasse, la font s'étendre à travers la campagne,
Dormir nonchalamment à l'ombre de ses seins,
Comme un hameau paisible au pied d'une montagne.

Baudelaire

LA GIGANTA

Cuando Naturaleza, en su brío poderoso,
concebía diariamente monstruosas criaturas,
vivir habría querido cerca de una giganta
como al pie de una reina un gato ronroneante.

Habría visto su cuerpo florecer con su espíritu
y en libertad crecer con sus juegos terribles;
sabría si el corazón guarda una llamarada,
en las mojadas nieblas que bogan por sus ojos.

Recorrer, al azar, sus magníficas formas;
escalar las vertientes de sus piernas enormes
y, acaso, en el estío, cuando soles malsanos

la tumbaran rendida en mitad de los campos,
a la sombra del seno dormitar sin cuidado,
como escondida aldea al pie de una montaña.

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vendredi 16 janvier 2009

Cornelius Berg

Le he oído decir a mi tío Pepe que él no lee libros de mujeres que no tengan nombre de flor, como Marguerite. Puede sonar a boutade machistoide pero, conociéndolo, apuesto a que se trata de un sincero homenaje a su admirada Yourcenar.

Me he acordado de esto porque llevaba algún tiempo con ganas de releer las Nouvelles orientales. Las leí cuando joven y mucho me impresionaron. Tanto, que me apresuré a regalarle el libro a un amigo (me parece que fue Sarte quien dijo que un libro leído es un cadáver que hay que arrojar cuanto antes por la ventana). Recuerdo haber leído las Nouvelles cuando se veía venir la guerra de los Balcanes, en cuya ocurrencia yo no creía, y tuve que cambiar en seguida de opinión.

El caso es que fui a la librería ayer y salí de allí con mi ejemplar. Como corresponde, comencé a leerlo por la última de la serie, La tristeza de Cornelius Berg, nouvelle que no tiene nada de oriental. Berg es un viejo pintor holandés, contemporáneo de Rembrandt, está de regreso en Amsterdam desde Italia, donde le tomó el gusto al vino, pinta poco y cada vez peor y cuando le piden que cuente sus aventuras por los países polvorientos de sol, Berg tiene que rendirse a la evidencia de que éstos son menos precisos en su memoria de lo que eran en sus proyectos antes de conocerlos.

Después de pasar la jornada pintando, Berg se dirige por la tarde al jardín de un viejo conserje que cultiva en Haarlem tulipanes (uno de esos veteranos que se recluyen en sus jardines a perseguir caracoles, como dice Roberto Merino). A la vista de un magnífico ejemplar de tulipán, cuyos colores hacen pensar en un iris, el viejo conserje dice que Dios es el pintor del universo. Sí, responde Berg, pasando revista a todo lo que ha visto y vivido, Dios es el pintor del universo. Es una pena que no se haya limitado a pintar paisajes.

P

Óleo de pintor desconocido

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vendredi 12 décembre 2008

*Lolito* compraba la prensa del día anterior.

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jeudi 6 novembre 2008

Por eso escribo

Kundera

Voy a buscar el librito con las respuestas de 400 escritores a la pregunta de por qué escriben pensando en Kundera, acusado hoy por una delación en que habría incurrido hace sesenta años en Praga. Esta fue su respuesta: ‘Puede ser sólo una ridícula ilusión, pero uno está convencido de que escribe porque dice lo que nadie ha dicho. Escribir es así el placer de contradecir, la alegría de estar solo contra todos, el gozo de provocar a sus enemigos y de irritar a sus amigos. Y es una lástima pero, cuando el libro está listo, uno también quiere que guste. Es inevitable, es humano. Ahora bien, ¿cómo puede gustar aquél que desafía apasionadamente a todos? Esta es la enorme contradicción sobre la que descansa nuestra actividad. ¿Habrá una salida? Sí; de vez en cuando se tiene la suerte de ser mal comprendido’.

Junto a Kundera, que está en el grupo francés y no en el checo, encuentro la respuesta de Le Clézio, flamante Nobel. Es larga pero buena: ‘Lo diré todo. Tenía diez o doce años, vivía en esa casa de tipo napolitano sobre el puerto, completamente decrépita, con sábanas secando en todas las ventanas, gatos peleándose en las terrazas y, por cierto, escuadrillas de palomas. Entonces yo no sabía qué era un escritor, no tenía idea, ignoraba que una vez hubo uno, llamado Jean Lorrain, que vivió en esa misma casa. Me acuerdo de esa casa sobre todo cuando hacía bueno, en verano y al inicio de la primavera, porque leíamos con las ventanas abiertas y oíamos el ruido de los vencejos y los arrullos de las palomas. Había un ruido que me provocaba. No sé decir por qué pero, aún ahora cuando lo pienso, se me pone la carne de gallina y me pongo melancólico e impaciente. Ese ruido precede el momento en que sé que me sentaré en cualquier sitio, cogeré un cuaderno y un lápiz y comenzaré a escribir. Ese ruido eran las voces de los muchachos que voceaban sus nombres llamándose en el patio. Unos silbaban y otros asomaban la cabeza por la ventana y decían: ‘¿No vienen?’. Y los de arriba: ‘¿Adónde vais?’. Iban no sé adónde, a la playa, a la feria, o simplemente a la esquina a hablar, a esperar a las chicas que salían de la escuela, no importa adónde iban. Pero cuando yo escuchaba esos silbidos y los nombres que pronunciaban en el patio, imaginaba otra vida que la mía, imaginaba unas carreras en la infinidad de las calles, imaginaba unos baños en el agua fría del mar, el sol, el olor del cabello de las chicas, la música de los bailes, la noche, la aventura. Nunca escuché que pronunciaran mi nombre en ese patio, nunca nadie silbó por mí. Yo vivía en esa casa, en la misma casa que ellos, pero ellos eran otro mundo. Pues eso es, es por eso que escribo’.

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