mercredi 19 août 2015

Vida del pintor

Las vidas de pintores se prestan para las ilustraciones, para meterlas en imágenes que se parezcan a los cuadros del pintor. Coste y Schiele. Manara y Carabacho. Lo mejor en la materia puede ser el reciente Rembrandt del holandés Typex. El episodio del maestro de Leiden burlándose de su colega Jan Lievens, con quien compartía taller, por haber pintado éste el retrato del secretario del gobernador es de libro ilustrado. 

Source: Externe

Jan Lievens, Retrato de Constantijn Huygens

Hablando de retratos, el que hicimos de Mendoza en este blog hace unos años siguiendo el método de Fisher-Berger, método que retoma ahora Mendoza para describir el retrato del Caballero de la mano en el pecho, del Greco.

Y hablando de relatos, me entero de que en Bélgica el preciado estatus de refugiado lo reciben —o no— los inmigrantes, más de cien mil en Europa durante el mes de julio, dependiendo del relato que hacen a un funcionario durante la entrevista al efecto. Un relato verídico lo sientes en seguida, afirma un exfuncionario al Soir de Bruselas. Digno de la protección de  la Convención de Ginebra se convierte el que sabe contar.

Hablando de refugiados, más de un paraíso para turistas en verano se convierte en otoño en antesala del cruel invierno. Cuando no directamente en verano.

Hablando de eso, voy y vuelvo.

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mercredi 12 août 2015

El grafitero es un ser sentimental

Pasó por el pueblo el Kosmopolite Tour, un festival de grafiteros.

Un festival de grafiteros autorizados. Supongo que las autoridades hacen el cálculo siguiente: puesto que los muros acabarán pintados de todas maneras, mejor mejorar el resultado dentro de lo posible y darle un halo positivo a la actividad. Un procedimiento propiamente socialdemócrata.

Vaya por delante que no me suelen gustar los grafitis. Por infantiloides, adocenados y las más de las veces mamarráchicos. Pero por alguna razón me apego a las figuras, a las imágenes fijas. Los grafitis están al paso y yo los miro, qué remedio. Más aun durante el festival del que hablo, con los grafiteros manos a la obra.

Visto lo que ha quedado, parece que los murales se presentan como historietas cuyo relato es inmanente y más o menos informulable. Comentando su obra, el grafitero se defiende de la obligación de contenido. Lo que es  entendible, porque la pregunta sobre qué quiso decir el autor es cansina e inconducente. La respuesta del grafitero a esta cuestión suele ser sentimenal: los colores y las formas son sentimientos y lo que el autor siente no se explica, pero con un poco de empatía puede llegar a entenderse.

Otra manera de entender la relación del grafitero con el muro será que lo ve como una prolongación ya no sólo de su mano sino de su brazo tatuado. Y de su cara. Porque el autorretrato, el famoso selfie, aparece a menudo en estas pinturas cuando no es abiertamente el asunto principal. 

Es el caso de este mural pintado sobre un muro en el que yo imaginaba al cuadrado Sator. Lo pintaron dos chicas argentinas, Ajras y Corretch. Se diría que se pintaron a sí mismas, aunque ellas dicen que se trata de dos amigas. 

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Es el caso también del siguiente, pintado éste por un grafitero suizo, Nadib Bandi, en el andén de la estación ferroviaria. 

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El suizo se pintó a sí mismo y también pintó a su amigo grafitero, muerto recientemente. Este Bandi me cayó bien por eso de pintar a su amigo muerto y porque aceptó como aprendiz a un muchacho del pueblo de al lado, una actitud de maestro. Al pie de la pintura del amigo muerto firmaron finalemente muchos de los grafiteros participantes en el festival. Yo no sé si estas cosas se dan así consciente o inconscientemente, pero el resultado es lo que cuenta.

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También hablé con el Pelucas. Es vigués y ahora vive en Valladolid. En el Valladolid del caribe mexicano. Me dijo que quiso pintar las estrellas de Europa pero no se acordaba de cuántas eran, así que pintando, pintando, las convirtió en personas. Y al final, incluso se autorretrató llevándose a la estrella del festival al petate.

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samedi 8 août 2015

El cholescuincle dormido

Museo de los impecunes, gratuito el primer miércoles del mes. Turno del Museo de arte e historia en Bruselas. Un paseo de 90 minutos por las salas griegas y americanas con brevísima siesta incluida.

Inevitable comparación entre la manera de griegos de la Antigüedad y americanos precolombinos de representar la anatomía humana: los europeos tienden a la proporción en relación a lo real y los americanos a la desproporción: exagerando, como en las cabezas olmecas, y a menudo empequeñeciendo, como en las cabezas jibarizadas.

Ocurre también con los animales. Notable proporción de las formas animales y humanas —salvo tal vez en el culo espiralado del cazador— en el mosaico de caza de la ciudad grecorromana de Apamea, en Siria. Notable no sólo por eso, desde luego. Apamea que, por cierto, ha sido bombardeada, saqueada y vuelta a saquear durante la guerra siria en curso.

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Inevitable para un tintinófilo como mi tío detenerse a rezarles al fetiche arumbaya de La Oreja rota y a la momia despeinada de Las Siete bolas de cristal. La estatuilla no es amazónica, como la presenta Hergé, ni nazca, como la presentó inicialmente el museo, sino chimú, de la árida costa norte peruana. Errores de atribución debidos en parte a lo lejos que les caía Iberoamérica a los arqueólogos belgas. Y al propio Hergé que, por imperativos narrativos, necesitaba presentar un continente sincrético, un revoltijo azteca-quechua-mapuche, una suerte de sueño bolivariano cumplido en la historieta.

Todo eso y más, pero el sentimiento que prevalece es la incomprensión por no encontrar encabezando la lista de las 84 obras maestras del museo al perrillo mejicano en forma de cántaro, al precioso cholescuincle dormido.

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mardi 4 août 2015

Ayer, hoy y mañana

Estreno mañana de la última de Woody Allen, la n° 45, El hombre irracional. El número no tiene importancia, ni el nombre, ni siquiera la película. En una entrevista en el diario gratuito de hoy, Allen dice que hace una película tras otra para no pensar en la muerte. Dice también que la filosofía distrae de la muerte pero no la evita. Que si celebrara su cumpleaños n° 80 tendría la impresión de bailar sobre su tumba. Y que si pudiera hacerlo sin ser descubierto, iría eliminando al prójimo uno a uno hasta quedarse solo sobre la faz de la Tierra.

Estreno también mañana del Principito, al que le han agregado, oh, sorpresa, la historia de una niña. En los cuarenta, Welles intentó llevarlo al cine con él como aviador, y sin niña, sin éxito.

Mañana también, primer miércoles del mes, es el día del museo de los impecunes, cuando mirar es gratis. 

Ayer, en la tele, El transcurso del tiempo. Envejece la película —envejece rápido—, y el nombre va ganando con el transcurso del tiempo, justamente. Me dormí. Desperté unas cuantas veces y lo poco que vi estaba al borde del ridículo, lo que me parece bien.

Y ayer también en la tele, Ayer, hoy y mañana, de De Sica. No la vi, me arrepiento.

Hoy Tse recordaba que el Perro habría dicho alguna vez que no hay tonto sin blog. Me vine de cabeza a actualizar el mío.

Y ya que se han puesto de moda los leones, ayer tomé esta foto en Waterloo. Es la primera de una serie de cinco. Lo dejo botando.

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samedi 18 juillet 2015

Cómo sobrevivir en las reuniones

En el tren, una diversión posible consiste en pillar una conversación cualquiera y escucharla sin mirar a los personajes. 

Inevitablemente uno compone una imagen de los habladores que puede confrontar luego con la imagen real. 

Ahora, dos mujeres jóvenes negras ponen a caldo a unos individuos y se burlan de sus maneras de conquistadores. Hablan de corrido un francés coloquial lleno de implícitos pero inteligible. Hablan con desenvoltura y cierta gracia, se hacen reír entre ellas. Es risueño oírlas reír.

Las imagino forzosamente atractivas, en consonancia con lo que cuentan, como personajes de teleserie.

Pero llegamos a la estación terminal, nos saludamos con una venia en el pasillo, no porque nos conozcamos (que también un poco ya) sino porque nos cedemos cortésmente el paso. Distan mucho de ser guapas. Lo que, cortésmente también, se nos perdona.

Los oídos son como pordioseros, arramblan con todo lo que suena, dicen en África.

Y el lobo del cuento: ¿Que por qué tengo las orejas tan grandes? Para verte mejor.

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En las reuniones (¡las reuniones!), por las mismas.

La distancia que separa la actitud profesional con la actitud infantil —íntima— es tan mínima que la gente pasa de una a la otra con toda naturalidad.

Para concentrarse en la pregunta que le hacen, este señor se escarba la nariz. Se ve que no lo puede evitar: intentar concentrarse y llevarse los dedos a la nariz son para él un mismo movimiento.

O esta señorita, tan asertiva cuando se expresa. En cuanto deja de hacerlo, se distrae extirpándose algo de la piel de los brazos.

De sus brazos de reina de las reuniones.

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Óleo de Berthe Morisot

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mardi 7 juillet 2015

No tengo miedo de la muerte pero sí de olvidarme las canciones

El Palacio de congresos de París, un centro comercial al borde del Periférico, contiguo al Bois de Boulogne, construido en 1974, es muy feo. Pero cuando me entero de que la fachada la diseñó un buen arquitecto, ya no me parece tan feo. Sobre todo ahora que ya no lo veo.

Para entrar al concierto y cubir las casi cuatro mil plazas del anfiteatro, los espectadores nos alineamos en dos filas, pares e impares, circunstancia que aprovecha para manifestarse un grupo que pide a los artistas la anulación de su concierto en Tel Aviv, previsto para fines de mes. Dentro del anfiteatro, ameniza la instalación una telonera, Chiara Civello.

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Por fin están allí. Dos añosos señores tan pequeños sobre ese enorme escenario, tan solos frente a la multitud. Comienzan los acordes, suena el contrapunto de la bossa nova de las guitarras, los matices de las voces, el tempo que parece que va a desafinar y cae siempre justo.

Es un recital de canciones. Cuento 28. De cada una podría decir algo. El punto más alto tal vez sea el memento mori de Gil cantando en voz muy baja en medio de un gran silencio: No tengo miedo de la muerte pero sí miedo de morir, la muerte es después de mí pero quien va a morir soy yo.

Otro momento así, el de Caetano cantando con el auditorio el estribillo de Terra: Por más distante que esté el errante navegante, ¿cómo podría olvidarte?

Hablando de navegantes, antes del concierto y aprovechando su proximidad dimos un paseo por el Jardín botánico, que hace apenas algo más de un siglo presentaba zoológicos humanos donde exhibían africanos, patagones, lapones y cosacos en calidad de curiosidades. Así es que como estamos en París, Gil canta Touche pas à mon pote, una canción compuesta en francés en los años ochenta, en plena ola de antiracismo, y que contiene uno de los versos más involuntariamente divertidos de la música popular:  No te metas con mi amigo. ¿Qué quiere decir eso? Quiere decir que el Ser que hizo pensar a Jean-Paul Sartre es el mismo que hace jugar a Yannick Noah.

Al final, saqué la cuenta: ellos celebran cien años de música al que aportan medio siglo cada uno. Yo debo de aportar otros tantos siglos, porque habré escuchado las primeras canciones de Caetano y Gil, Marinheiro só, Soy loco por ti América, Eu vim da Bahia en alguna radio siendo niño, y los he visto cantar luego en Salvador, en Rio, en Bruselas, tanto que también puedo decir que no tengo miedo de la muerte pero sí de olvidarme las canciones, algunas de estas canciones.

Al regreso, decidimos homenajear al amigo Montano y volvimos no por la autopista sino por los caminos del Tour, al revés de los corredores, con la luz de la luna sobre el pavés. Y entramos en Bélgica por una de esas fronteras que son tan discretas que no se hacen notar.

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Imágenes del concierto por Paul Charbit

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dimanche 5 juillet 2015

El desparpajo magnífico de Alexis Sánchez

Anoche, tras la alegría del penalti convertido por Sánchez y mientras el portero Bravo levantaba la copa, varios amigos me felicitaron. Nunca se agradece lo bastante que los amigos te recuerden en una circunstancia feliz.

Me acordé entonces de mi amigo con el que cuando niños en ese mismo estadio nos alejábamos de nuestros padres y subíamos hasta lo más alto de la gradería a dar un vistazo a la ciudad y luego nos sentábamos con la espalda apoyada contra el muro a mirar a los Sánchez y a los Bravo de entonces. Una brisa fresca bajaba de los Andes. Si eso no era la libertad, no estaba lejos.

As grandes penalidades llaman los portugueses a los penaltis. Pocos años después, ese estadio sería el lugar de las grandes penalidades de Chile, que se resumen en la imbecilidad del que usurpa el poder y lo usa para bestializarse. Lo recordó anoche el jugador Beausejour: Por fin este estadio cargado de muerte pudo traer una alegría.

En todo ello pensé, en aquel amigo que se sentaba a mi lado en lo alto de ese estadio, muerto algunos años después, e imaginé la alegría que le traería el desparpajo magnífico de Alexis Sánchez de mandar la pelota a volar contra el destino.

Si hay que ganar, puesto que estábamos para ganar, que sea con la manera.

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dimanche 28 juin 2015

Las diez primeras páginas del Caravaggio de Manara

Una web cuelga las diez primeras páginas de Caravaggio, la historieta que Manara le dedica al pintor milanés. Las leo, me entusiasmo, compro la historieta. Muy bien, pero esas diez primeras páginas con la llegada del pintor a Roma son inmejorables. Después, el relato enfila por los días romanos del pintor y todo va demasiado de prisa. Será la ley del género pero, a cuadro por casillero, el resultado es como ir en moto por las salas de un museo.

Source: Externe

Otra cosa es que el Carabacho sale de Roma tan casto como llega. Entiendo que el libreto sea para menores de 14, pero se trata de una biografía de Michelangelo Merisi... No sé, está tan bien pintada Roma y tan bien sugeridos sus embrollos cardenalicios que no consigo despegar la memoria de las Vidas ejemplares.

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Y otra cosa más: Vila-Matas llama ¡burdo! el consejo de Ludwig Börne que alabábamos aquí hace unas semanas.

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samedi 20 juin 2015

Un chiste de la señora Goldstein

Consecuencia del affaire del chiste zafio de Zapata: todo quisque se pone a contar chistes de judíos y a explicar cómo hay que contarlos y dónde. Peor aun: cómo hay que entenderlos.

El chiste es la forma verbal del humor interpersonal, sostiene Freud. Es el inconsciente el que siente la necesidad de contarlos, explica, si le entiendo bien. La necesidad de reír o no, en cambio, corre por cuenta del inconsciente colectivo. No te prives de decirlo, parafraseo a Bolaño, si no quieres privarte de escuchar lo que te dirán.

Cuando éramos juveniles, cuando el corazón batía fuerte, lo cool entre nosotros era saber contar los chistes. Y lo despreciable era contarlos mal. Lo he contado otras veces: cuando me enteré de que mi amigo RF se había pegado un tiro, no pude dejar de recordar aquella vez en que se atrevió a dar un paso al frente y contar un chiste delante de la jauría. Las carcajadas que recibió de vuelta fueron tan destempladas que en seguida entendió que no se reían del chiste sino de él.

Pero bueno, no vamos a desaprovechar la ocasión de contar uno de la señora Goldstein. Va la señora Goldstein por la avenida llevando de la mano a sus dos nietecitos. Un conocido se detiene a saludarla. ¿Qué edad tienen los niños?, pregunta. Bueno, dice la señora Goldstein, el médico tiene cinco y el abogado siete.

Source: Externe

Óleo de Nathan Goldstein

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mercredi 17 juin 2015

Uno de Stevenson

Se han puesto de moda las bookbox y las givebox. Surgieron en la calle pero ya las han adoptado los centros comerciales. En el de mi pueblo han instalado una bookbox tamaño librería con estantes y sillas. Allí me hice con dos tomos de la Enciclopedia británica de 1968. En la acera de enfrente instalaron una givebox con libros, discos y adornos. A los pocos días alguien se llevó la caja y dejó los libros adornando la acera.

También en la web la lectura está desparramada por el suelo. Unos fondos de editoriales desaparecidas - fantasmas que desfallecían echados en unos predios oscuros- se pueden leer ahora a la luz de las pantallas, sin costo aparente. No sorprende que cierren las librerías o se conviertan en tiendas de cosméticos.

Pero lo que iba a decir es que me he leído un cuento largo de Stenvenson, Olalla. Transcurre en España, pero es perfectamente escocés, salvo tal vez por el matiz moreno de la piel de los hermanos de la historia, por alguna insinuación sobre el paisaje, por un trasfondo impreciso en las formas de la familia descrita. Es soberbio, como todo lo de RLS, aunque tal vez el final ofrezca menos de lo que dejaban esperar el inicio y el clímax.

Compré el ejemplar por 1,50 euros en la librería inglesa y encontré luego una traducción en un archivo mejicano abierto. Una vieja edición con numerosas erratas pero mayormente decente, una traducción algo ñona que se deja leer, placenteramente incluso. Escucho, sobre todo desde Iberoamérica, reclamos de traductores según los cuales habría que poner la literatura extranjera en la lengua en que hablan los lectores contemporáneos. Entiendo la exigencia y la comparto en parte, pero tampoco se trata de privarse del placer y del saber que traen las viejas traducciones. También porque viejos suelen ser en su lengua los propios textos vertidos.

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