jeudi 21 septembre 2006

Las novelas del verano

Ahora que se acaba el verano se pueden sacar alegres cuentas. En materia de novelas, cero escrita, tres leídas. Una por mes, diez páginas por día. Julio fue el mes de Mauricio o las eleccciones primarias, de Eduardo Mendoza. Agosto, de Abril rojo, de Santiago Roncagliolo. Y este septiembre ha sido el turno de Las travesuras de la niña mala, de Mario Vargas Llosa.

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Mauricio presenta a tres jóvenes en la Barcelona de los años ochenta, aquélla de la transición democrática. Estos personajes, Mauricio, odontólogo, Clotilde, abogado y La Porritos, cantante de protesta, se asoman a una vida de adultos que hubiesen querido fuese de otra manera, pero que acaba por ser la que la novela describe. La realidad histórica , o la fuerza de las cosas, hacen de las suyas. El trabajo (los negocios) y el sida hacen el resto. El epílogo es una pieza maestra de un arte que Mendoza maneja a la perfección, la ironía.

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Abril rojo, Premio Alfaguara 2006, por su parte, presenta el regreso, a su Ayacucho natal, de Félix Chacaltana Saldívar, fiscal distrital adjunto, ciudad andina en la que éste se ve cogido en tenazas entre el terrorismo de Estado y el terrorismo de Sendero Luminoso, o lo que queda de ambos, que, en la Semana santa del año 2000, está entre brasa y ceniza , pero aún quema. El relato se resiente un poco de una voluntad demasiado marcada por hacer de la novela un thriller y dejar al lector sin aliento. No había para qué, un ritmo ayacuchano bastaba para apunarnos.

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Las travesuras de la niña mala es un relato espléndido. Un niño bueno, limeño, miraflorino para más señas, una niña mala, o más bien una niña fresca, arribista, que no se detiene ante nada para huir de la miseria material y consigue entrar de plano en la miseria moral, de la mano de un malo-malo, un japonés que no se llama Fujimori pero se llama Fukuda. Vargas Llosa escribe una consistente historia a partir de este esquema escolar : un niño bueno se enamora de una niña mala a quien un malo-malo acaba por comerse. Con ese predicamento, el relato se pasea por la sustanciosa médula de la segunda mitad del siglo veinte, y el lector sale de él contento de ver al protagonista sobrevivir a la aventura y, a la vez, triste de ver que no ha conseguido doblarle la mano a la fortuna. ¿Qué más se puede pedir a una novela?

Las tres deben de estar entre las novelas más leídas del verano. Las dos últimas, incluso, las regala el diario El País a quien contrate una suscripción por un año, bajo el rótulo de Novelas del verano. Soy, por lo visto, un veraneante promedio. Que venga el otoño y traiga otras.

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Tres niños

Esta tarde, en la plaza de un barrio de Bruselas.

La niña : ¿Tú eres cristiano?
El niño : No, yo no soy cristiano. Yo soy como él (indicando a otro niño).
La niña : ¿Eres musulmán? ...Me da  miedo que me pegues.

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samedi 16 septembre 2006

Otro dieciocho de septiembre

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En uno de los innumerables blogs con los que se ha ido poblando el ancho mundo encuentro este comentario firmado por c.punto. El comentarista calibra, desde Chile, las vísperas de las fiestas nacionales que se celebran allí en torno al dieciocho de septiembre:

«Nosotros -dice-, que tendremos que mamarnos una lista de asados dieciocheros y múltiples carreritas al súper y matar, si fuera necesario, por la última bolsa de carbón o lata de cerveza...».

Se ve que el estado anímico nacional está condicionado por la gastronomía, por llamarla de alguna manera. El comentario  me saca un comentario:

El asado es un manera gaucha de cocinar la carne. Apareció por Chile hace menos tiempo del que puede parecer (la memoria es corta y la población es joven), apenas entrados los años sesenta, más o menos. Antes, a la carne asada se la llamaba parrillada, y se la consumía en restoranes techados, mayormente entre empleados fiscales. El consumo masivo de cerveza es todavía posterior y se disparó con la publicidad, que consiguió asociar aquel brebaje amargoso con la hombría y el fútbol. En cuanto al supermercado, fueron, más o menos por la misma época, los cachorros de la clase media ascendente, que se fueron a estudiar a Norteamérica, los que importaron e impusieron la costumbre de comprar carne, latas de cerveza y bolsas de carbón en unos galpones adornados de publicidad, a los que llamaron súper y luego hípermercados. Antes de eso, éramos todos clientes del almacén de la esquina, también llamado emporio. El carbón podía ser de piedra o de espino y se compraba en sacos o en almudes. Para las fiestas de septiembre no se bebía cerveza sino chicha, vino del año.

La segunda mitad de los años sesenta fueron, en Chile, los años de la democracia cristiana. Bajo esos refajos se introdujeron estas costumbres que hoy campan, el asado y la cerveza comprados en múltiples carreritas al supermercado.

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Libro libre

El movimiento Libro libre da inicio a una peculiar campaña dejando libros en espacios públicos para que algún lector los recoja, los disfrute y vuelva a dejarlos en un sitio público para que el siguiente lector pueda hacer lo mismo, repitiendo el proceso todo el tiempo que sea posible.

Para los organizadores de esta cruzada, Libro libre consiste en "liberar" o dejar un libro en lugares públicos tales como micros, plazas, teléfonos públicos, metro y sitios similares.

El movimiento Libro libre es una propuesta de personas que se autodefinen como un colectivo que determinó "dejar de sólo hablar y ha comenzado a actuar", bajo la máxima "un libro guardado no le sirve a nadie".

La idea final de esta iniciativa es que "la cultura no se quede guardada en los estantes hogareños, dentro de cajas o apilados", para luchar contra "el peor de los finales para el libro : el olvido".

Además, recomiendan escribir en la primera hoja una dedicatoria donde se aclare que el libro pertenece a este movimiento, en la que se exprese algo como "este es un Libro libre, no lo olvidé, está aquí para tí que lo has encontrado". De esta forma, se pretende que la obra vuelva a las calles rápidamente luego de su lectura.

También se propone escribir una dirección de correo electrónico para saber quién encontró la publicación y como forma de crear en el  futuro un extenso grupo de lectura comentada.

Extractado de La Tercera de Santiago de Chile.

Ver también Lectores contagiosos.

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jeudi 14 septembre 2006

El salvavidas salvadoreño

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Un habitante
de El Salvador introduce esta pregunta en Google :

¿En que consiste el trabajo de salvavidas en playas nudistas?

Google le propone como resultado un total de setenta y siete páginas. Este Camino de Santiago tiene el privilegio de ser el primero de esa lista de páginas variopintas, a causa de la patera que llega a la playa nudista.

Leo las setenta y siete largas páginas en una sentada. En ese interminable mar de palabras no flota ni un asomo de repuesta a la pregunta. (Una sola página me saca una sonrisa: Campamento de nudistas: Jamás se me ocurriría ir, me echan por minusválido).

¿Qué esperaba recibir el salvavidas salvadoreño como respuesta?  ¿Qué diferencia puede haber entre socorrer a un bañista con bañador y socorrer a un bañista en pelotas? Sólo él lo sabrá, si acaso.

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mardi 12 septembre 2006

Uno de Jaimito

De pronto esta bitácora se me antoja tremebunda. Encuentro que está un par de gaseosas por debajo, como diría El Conejo de la Suerte.

En la escuela, para subirle el perfil a una jornada decaída, intentábamos hacer "calducho". Que consistía en que cada cual, hasta el más triste, contase un chiste.

Lo que sigue es eso, un chiste. Claro que con un amplio alcance pedagógico :

Jaimito pasa por delante de la puerta del cuarto de sus padres y no puede dejar de mirar por la cerradura. Al cabo de un rato, se aparta y exclama : "¡Jope!, y luego me dicen a mí que no me meta los dedos en la nariz".

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lundi 11 septembre 2006

Otro once de septiembre

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Durante algunos años
, felices años, la fecha 11 de septiembre fue perdiendo fuerza en mi calendario. Un año, incluso, me di cuenta de que estábamos a 11 de septiembre mirando la fecha de vencimiento en el envase de los huevos. Pero tuvo que venir Al Qaida y volver a poner el clavo en la herida. Ariel Dorfmann recordó en su momento que la asociación de un martes 11 de septiembre con aviones que atacan y defenestran ya la había patentado el gobierno norteamericano en Chile.

Hace unos veinte años, Manolo Canales me pidió un texto para un libro que estaba armando sobre la juventud chilena. Escribe sobre lo que quieras, me dijo. Me subí por el chorro, como se dice en Chile, y escribí unas cuantas carillas que valen, de valer algo, por las primeras líneas :

La primera imagen muestra a un muchacho de dieciocho años contemplando atónito, desde la plaza de su barrio, el bombardeo de La Moneda un martes 11 de septiembre de 1973. Lo que los rockets traían no era sólo una mortífera carga contra quienes resistían en la sede del Gobierno, sino unos sonoros recados que en la conciencia de aquel joven eran traducidos como unas débiles señales : Cuidado. Se acabó la juventud.

O más bien : La juventud no fue posible. Cada vez que puedas, vas a intentarla. Pero será a destiempo.

Si mantenemos la imagen en esa plaza de barrio, veremos cómo va despoblándose de jóvenes. Estos caminan primero en grupos pequeños, después en parejas y por último solos por las calles estrechas y van entrando en las casas que cierran sus puertas tras ellos.

De ahí no volverán a salir sino convertidos en adultos.


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samedi 9 septembre 2006

Educación primero / al hijo del obrero

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Manifestación de estudiantes secundarios este viernes 8 de septiembre en las calles de Santiago de Chile. Los escolares re-reclaman la re-reforma del sistema de enseñanza. Esta vez deciden presentarse en pelotas y con el cuerpo pintarrajeado. A su manera, reinterpretan dos hitos visuales supermediatizados a escala local, los cuerpos pintados del fotógrafo Roberto Edwards y las fotos de los piluchos de Spencer Tunick.

Calato y pintado como un amazónico, un estudiante afirma : "The whole world has to talk about education because without education, there is no culture, without culture, there is no just society." (Lo dice en español pero, como los periódicos locales ignoran el evento, la transcripción hay que tomarla del sitio de Reuters. Además, tal vez así se entienda mejor).

La consigna que vocean los escolares viene de tan atrás, desde tan lejos, que por eso mismo mantiene intacta su pegada. No reclamaban otra cosa los estudiantes entre los años treinta y setenta : "Educación primero / al hijo del obrero". El hijo del obrero quiere ser ingeniero. Reclama movilidad social.

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jeudi 7 septembre 2006

Grecia 907

 

La inminente publicación de "Declaración jurada" (Ediciones Universidad Diego Portales) pone de manifiesto la capacidad del mítico poeta para literaturizar las declaraciones judiciales, los currículum laborales y el peculiar género de las cartas abiertas.



Roberto Merino

A mediados de 1981 - el año en que murió- , Rodrigo Lira estuvo empeñado en darles un orden a sus trabajos poéticos. Por un lado agrupó, bajo el título de "Marginalia", los textos de juventud que no alcanzaron a ser divulgados en revistas ni en presentaciones públicas y de cuyo destino literario no estaba muy seguro. En otro montón quedaron los poemas cuya selección fue la base del "Proyecto de obras completas", a estas alturas los más conocidos por los lectores.

Fuera de programa, sin embargo, han subsistido otros escritos suyos de naturaleza ocasional. Estos son, en su mayoría, los que conforman "Declaración jurada", este nuevo libro póstumo. Aparte de un poema angustioso ("Grecia 907") y de una aventura de escritura colectiva en la que nos embarcamos Lira, Antonio de la Fuente y yo en 1980 ("San Diego ante nosotros"), lo que nos muestra "Declaración jurada" es la inclinación del autor por literaturizar los formatos funcionales: el de las declaraciones judiciales, el de las cartas al director, el de las cartas abiertas ("relativamente abiertas", en su caso), el de los currículum de quienes buscan trabajo.

La intención de estos textos es evidentemente paródica, si bien están pensados para lograr propósitos definidos: en la carta al director de El Mercurio, Lira pretende rectificar un cúmulo de informaciones aparecidas en un artículo de Enrique Lafourcade sobre el panorama poético nacional del año 81; en la carta a Raúl Zurita, solicita de éste que le ceda su lugar en un recital a realizarse en el contexto del Segundo Encuentro de Arte Joven (1980); por medio de "Currículum vitae", en tanto, contestaba un aviso clasificado en que se ofrecía empleo en una agencia publicitaria. Por último, el trabajo que da título al libro "Declaración jurada" (1977) es a la vez la narración realista de un malentendido callejero y una forma de ponerse el parche ante las eventuales consecuencias que el episodio podría acarrearle en una época de omnipotencia policial.

Me da la impresión de que lo que resulta emocionante en estos textos es el modo en que se deslizan - por detrás del telón de fondo- las huellas de la vida: la del propio Lira y la del país en general. La cesantía, el agobio, la situación existencial de un tipo que se dedica a la poesía son los subtemas de estos constructos en los que Lira no abandona su permanente labor de bricoleur sobre la materia del lenguaje. Queda a su paso, como un sedimento, una imagen borrosa de la ciudad en la que todos rendimos por entonces nuestros huesos y nuestras energías.

Este sería, en principio, una especie de efecto poético ajeno por completo al que asociamos habitualmente a la lírica. Los textos delatan - por parte del autor- una necesidad que lo acompañó siempre: la de escribir y reescribir como fuera, al margen de las circunstancias pero con notoria atención a ellas. Son textos de emergencia, proyectados y realizados para exorcizar una realidad que siempre parecía ir a contrarritmo de los deseos.

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Grecia 907 (1975)

De repente
no voy a aguantar más y emitiré un alarido
un alarido largo de varias horas
previamente habrá que tomar precauciones-
habré electrificado mi balcón
cerrado la puerta con llave
(se me olvidaba que he de instalar una reja
en la ventana del baño)
sembrado mis paredes con amuletos fabricados
en noches de viernes a sábado
de tal manera que los tanques
queden atascados a varios cientos de metros de distancia
los pilotos de los jocker panthers
no puedan controlar sus lúpings y se estrellen
justamente encima de los camiones de soldados
que justamente habrán chocado con los tanques
que estarán atascados en el asfalto
que empezará a derretirse
a los pocos minutos
del alarido que emitiré cuando
no aguante más.

De repente
no voy a aguantar más:
ya no bastará con las pajas mías de cada noche
con los pitos nuestros de cada día
y cuando ya no basten los opiáceos
los sicofármacos
los tranquilizantes mayores o menores
las botellas de vino cerveza pisco o agua mineral.

Previamente
me habré mesado los cabellos y las barbas
las cejas, las axilas, los vellos pubianos
me habré dado largos baños de tina y extensas duchas
y cuando todo eso ya no baste
emitiré un largo y potente alarido.

Entonces
las ventanas del edificio Diego Portales
estallarán en varios miles de pedazos
llorarán las guaguas las monjas las doncellas y los ancianos
los profesores deberán suspender las clases
los teléfonos comunicarán con números equivocados
pero no importará porque nadie podrá hablar por teléfono:
mi alarido impedirá que se escuche
lo que tenga que decir la gente que llame desde Mendoza
desde Arica San Vicente de Tagua Tagua o desde las Antípodas
preguntando qué pasa
qué es ese zumbido extraño
que parece provenir desde Santiago de Chile
Y la gente que pasa por la calle Ahumada
tendrá que correr a refugiarse en los agujeros del Metro
y los niños que cantan en los micros
cantarán más fuerte que nunca
quizá si por primera vez con alegría
al ver que las ventanas
primero se trizan
las trizaduras se extienden por las carrocerías de hojalata
y el techo cae sobre los pasajeros
sin causarles daño alguno y permitiéndoles respirar
pues mi alarido hará que el smog se disipe
es decir se concentre en las oficinas públicas
por donde entrará a través de las ventanas rotas (...)

(fragmento)

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Algarabía magrebí

Gorriones moros
Moreras, escombreras

Algarabía magrebí

Al crepúsculo del día
La playa está vacía
Por la noche la lava la mar

Al alba canta el muecín
Mejor rezando que dormido dice


La gente asoma con el sol

Bilal tiene mal aliento
Malos recuerdos
Hanan escribe un haikú :
« Rey o mendigo Te comerá el gusano »
Alal no es hijo de su madre
A su madre la vendió su hermano en el zoco
Aziz perdió la mano en la carnicería
Alí es mudo y dibuja su nombre en el aire
Nuredín quiere emigar a Italia
O en su defecto a « Newsland ».

fotoAntoniodelaFuente

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