mercredi 25 juillet 2018

La libertad del amateur

Segunda parte parte de la entrevista de Roberto Merino con Matías Rivas. Esta vez son los años de labor los que cuenta Merino, los del periodismo y el columnismo. Si el título de la primera parte es «Ese ser inexistente», ésta podría tal vez titularse «Este ser existente»

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samedi 14 juillet 2018

Ese ser inexistente

 «Ese ser inexistente» se llama esta primera parte de la entrevista de Roberto Merino con Matías Rivas, en la que Merino habla de su infancia y juventud en Santiago de Chile. Con «ese ser inexistente», Merino se refiere al niño que fue y a las pistas que la infancia contiene para entender lo que vendría.

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lundi 9 juillet 2018

La llave

Esta mañana tenía que devolver un coche de alquiler y me encontré con que el sitio donde debía dejarlo estaba bloqueado por una de esas barreras abatibles que bloquean los estacionamientos. Me bajé, acerqué la tarjeta a la barrera y la moví por los cuatro costados. Como no reaccionaba, le hablé golpeado. Pero no se movió. En ésas estaba cuando pasó por allí un señor con su hijo y se compadeció de mi suerte. Se acercó y reprodujo más o menos los mismos gestos que yo había hecho, con idéntico resultado, hasta que desde la distancia escéptica en la que se había instalado su hijo nos gritó: «La llave».

¿Qué llave? Ah, la llave. La barrera escondía por un costado un minúscula cerradura y junto a la llave del coche había otra llave pequeña que la abría.

Tuvo que ser un milennial el que nos puso al tanto: las cerraduras no siempre abren con tarjetas, a veces abren con llaves.

Es una anécdota de poca monta y no vale extrapolar nada a partir de ella. Pero es lo me ocurrió esta mañana y por eso lo cuento aquí.

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lundi 25 juin 2018

La sensación de transformarse

La confidencialidad de este espacio tiene varias ventajas, una de las cuales es poder contar que alguna vez me gustó un cuadro de Dalí. En mi descarga puedo decir que entonces yo era impúber y que Dalí pintó ese cuadro en la época en que trabajaba con Buñuel.

Que me gustó quiere decir que me detuve frente a él y lo miré largamente y retuve su nombre y sus formas y muchos años después recuerdo con muchos detalles aquel día remoto en que mi hermana me llevó a ver una exposición de pintura.

La exposición mostraba una buena selección de pintura del XIX y el XX, y era una curiosidad en esa ciudad del fin del mundo donde yo vivía. De lo que vi ese día me gustó mucho algún Matisse, el Cezanne que prestaba su imagen a la publicidad de la exposición, un par de Mirós y ese Dalí del que hablo, que me retuvo por la intensidad de los colores y la sugestión de las formas. El cuadro se llama «La sensación de transformarse» y es de 1930.

Lo miro ahora e intento averiguar qué pudo ser lo que me llamó tanto la atención. La respuesta está en el nombre, probablemente. Esa transformación que parecía posible entonces en el espacio de la imaginación y ahora tal vez lo sea únicamente en el reducto de la memoria.

Dali La sensación de transformarse 1930

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lundi 18 juin 2018

Alicante-Almería en siete días

Alicante, tiempo hacía que no me comía una paella con tanta hambre.

Años atrás un señor quiso que su casa se asemejara a la Alhambra y de a poco lo fue consiguiendo. Ahora sus descendientes han convertido esa casa en en un sitio en el que se puede tomar un buen té con dulces árabes y charlar un rato rodeado de un decorado magrebí. Está más o menos a la altura de Orihuela y es un lugar particular también en el sentido de que no hay manera de enterarse de que existe ni de cómo llegar a él si no es por el boca a boca, porque no hace propaganda alguna. Esto que hago aquí contándolo no sé si contraviene la lógica del establecimiento, lo que los comerciales llaman su modelo de negocio.

Frente a las casas blasonadas de Caravaca y Cehegín noto que los nombres de los nobles del sur peninsular suelen ser apellidos populares en Chile. En cambio, los apellidos linajudos del país austral eran nombres de labriegos del norte. En algún momento situado entre la conquista y la independencia los septentrionales les comieron la color a los meridionales al pie de la cordillera de los Andes.

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No entiendo por qué a los extranjeros les cuesta tanto retener el nombre de Murcia. ¿Murcia?, preguntan con cara de asombro, como si les dijeras que estabas en Tristán de Acuña. Pero creo que ahora he dado con el argumento definitivo para que lo vayan reteniendo. «Es la séptima ciudad más poblada de España», les digo terminantemente. Mano de santo. En la mayoría de los casos la conversación llega hasta ahí. En otros, se prolonga con una rápida revista a las seis ciudades más pobladas que Murcia.

Me entero de que en una playa del Cabo de Gata en la que me bañé se filmó una escena memorable de Indiana Jones, en la que un señor destruye una avioneta asustando a las gaviotas con un paraguas. Supongo que las cámaras llegaron y se fueron de Almería por razones económicas. Lo cierto es que sus paisajes ya eran de cine antes del cine y lo siguen siendo.

No somos para despedirnos, así sea en Almería.

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mardi 12 juin 2018

Y así fue

Teníamos 13 ó 14 años y éramos inmortales. No para E, un cura navarro muy descreído: «Estáis aquí muy contentos con vosotros mismos —nos dijo— pero dentro de pocos años algunos ya no estaréis».

Y así fue. El primero en morir fue A. Era mi amigo, aunque dejé de verlo cuando acabó el colegio. Yo estaba tan harto del colegio y tenía tanta prisa por vivir de otra manera, que apenas me enteré de que había muerto y lo habían enterrado en un cementerio distante.

Qué injusto es morir a los 19 años.

No sé por qué me he puesto a recordarlo últimamente. Tanto así que he buscado alguna referencia suya. Y no hay ninguna. Simplemente él vivió en un tiempo anterior y no dejó huellas visibles en éste.

Encuentro en cambio un par de imágenes recientes de sus hermanos y a partir de ellas imagino cómo habría sido vida.

Tal vez la vida no fue tan injusta ahorrándoselo.

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Renoir, «Retrato de dos jóvenes», c 1880

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vendredi 8 juin 2018

Cuadros en movimiento

El tal Materlín escribe sobre pintura y cine: que si Bruegel, que si Hopper, que si Pasolini...

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dimanche 3 juin 2018

Con una mano en el corazón

Con una mano en el corazón, anoche me dije que finalmente lo mío con Bélgica va en serio.

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vendredi 1 juin 2018

Música de cámara y vino joven

Didier Eribon entrevista a Ernst Gombrich. Cuenta el historiador que durante la Primera guerra era un niño vienés al que la falta de alimentos dejó al borde de la desnutrición. Para recuperarse, lo enviaron a pasar una temporada a Suecia en el seno de la familia de un carpintero que se ganaba la vida fabricando ataúdes.

Gombrich hace esfuerzos para bajarle el perfil a la imagen de la Viena capital del Imperio austrohúngaro que consumimos sus admiradores —música de cámara y vino joven. Conmigo no lo logra, en cualquier caso. Si tu madre se codeaba con Mahler y con Freud, qué quieres que te diga.

En cambio sí que preocupa que en la ciudad donde numerosos inmigrantes judíos se convertían al cristianismo —es el caso de la familia de Gombrich— incubaba bajo las formas refinadas un antisemitismo purulento que no tardaría en empestar el mundo.

Canaletto Viena

Canaletto, Viena, 1758

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vendredi 11 mai 2018

El retrato

«Desde que existe la fotografía, pintar un retrato es innecesario», le dice Alberto Giacometti a James Lord al momento de comenzar el retrato que el suizo haría del norteamericano en París en 1964.  «Innecesario... e imposible», concluye.

Durante dos semanas, Giacometti se da sin embargo a esa tarea y cuando parece estar acercándose a un resultado, cual Penélope va y lo borra. El retratado, por su parte, escruta ansiosamente el avance de la obra y sufre en carne propia los retrocesos que el pintor se autoimpone.

En este caso es posible que el pintor que, gracias al reconocimiento y al dinero que recibe a manos llenas de los galeristas puede dedicarse a lo que quiere, lo que busca es prolongar el ejercicio y lo que teme es el resultado. Mientras que para el retratado la cosa es al revés: lo que teme es el ejercicio, la prolongación sine die de esos interminables momentos de inmovilidad y de rigidez forzada, con la mirada escrutadora del pintor cayendo sobre él, y lo que espera es el resultado, el retrato por fin.

Se agrade que el filme de Stanley Tucci no insista pesadamente sobre la posibilidad de que el retrato no acabe nunca porque es el marco que los protagonistas han encontrado para entrar en relación. Porque mientras haya retrato habrá contacto.

Buenos momentos dejan los paseos de Giacometti y Lord entre dos sesiones de pose, con el pintor hablando mal de sus pares. A Picasso, dice, no le quedan ideas propias y tiene que contentarse con imitar a los maestros de la historia del arte. Y sobre el fresco que Chagall inaugura en la cúpula de la Ópera de París por esos días, Giacometti sentencia, con todo el menosprecio que puede cargar en el timbre de su voz: «eso es pintura de edificios».

Cézanne es el único que tiene gracia a ojos de Giacometti: «Si Cézanne estuviese en mi lugar, con dos pinceladas resuelve este cuadro», dice. Hablando de Cézanne, Lord dice por su parte que su participación en el retrato fue activa en cierto sentido: «Al menos no me sentí una manzana, como madame Cézanne».

Sobre el formato, por último: la película se ciñe al relato que hace Lord en el libro que escribió sobre el retrato. No lo he leído pero imagino que hay situaciones que contadas por escrito pueden estar muy bien, como el episodio de esconder el dinero recibido por Giacometti por la venta de sus obras en algún rincón de su taller y, sin embargo, representadas, «mimadas», resultan pueriles.

En compensación, cuánto mejor que leer es ver las primeras líneas que deja el pincel de Giacometti sobre la tela en blanco.

Capture d’écran 2018-05-10 à 23

Retrato de James Lord por Giacometti, 1964

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