dimanche 17 juin 2012

Ahora que Alemania ha vuelto a ponerse de moda

Un día en Tréveris, la ciudad más vieja de Alemania, al borde del río Mosela, la llamada segunda Roma. Ahora que Alemania ha vuelto a ponerse de moda.

Una vuelta ritual por la casa natal de Carlos Marx. Lo que más apreciaba de la casa-museo, la genealogía de los Marx, ha sido descolgada, o descolgado anda mi tío, que no la encuentra. También es cierto que hay mucho visitante oriental. No había ninguno en las calles en la ciudad, y resulta que estaban todos en la Marx Huis, interesados por el joven Marx, por doña Jenny, por el tío Feuerbach y el yerno Lafargue. Qué tristeza la Historia, así con mayúsculas, una lluviosa tarde de sábado, la negra sombra del gulag y del holocausto asomando por la ventana adornada con geranios.

Ateo como soy prefiero la Catedral, tantas veces renacida del polvo de las guerras. No es cuestión de ir por la vida comparando, de modo que tampoco voy a compararla con la Porta Nigra, ni con el Aula Palatina, ahora templo protestante. Ni siquiera con la hamburguesería de la esquina, que adopta un look moselense.

El euro no es otra cosa que el marco alemán con otros colorines, asegura con guasa Enric González. Lo cierto es que los precios son más bajos en Alemania que en los países vecinos (ya digo que no hay que ir comparando), los dorados de las molduras más brillantes y la bandera tricolor, Eurocopa mediante, lleva los colorines más triunfales.

Trier

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jeudi 13 janvier 2011

Los huevos

Hace diez años, la llamada crisis de la dioxina conmovió a Bélgica. Para abaratar costos, un fabricante de piensos destinados a la alimentación animal incorporó a gran escala grasas industriales, y las dioxinas contenidas en esas grasas fueron a dar directamente a los huevos y a la carne de cerdo. Cundió la natural alarma entre la población, el Gobierno intentó negar el problema en un primer momento, pero acabó renunciando, forzado por la magnitud de la crisis. En las elecciones que siguieron, por primera vez en cincuenta años los democratacristianos quedaron fuera del Gobierno (volvieron cuatro años más tarde) y los ecologistas obtuvieron 20% de los votos, convirtiéndose en el principal partido verde europeo. La primera medida del Gobierno resultante fue la creación de una agencia estatal de control de la cadena alimentaria.

Lo extraordinario del caso es que la situación ha vuelto a presentarse en los mismos términos, esta vez en Alemania. Con una diferencia, eso sí. Ahora los consumidores alemanes pueden ingresar el código impreso en la cáscara y verificar desde su teléfono móvil si el huevo proviene o no de un criadero contaminado. Qué moderno.

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jeudi 29 avril 2010

La pasta

Angela Merkel frente a Grecia recuerda a la kapo frente a Pasqualino Settebellezze. Exagero, sin duda. La kapo era más sutil.

Frente a la crisis griega, el consumidor debe asumir su responsabilidad. De manera que esta noche cenamos moussaka; mañana, que es viernes justamente, bacalhau; el sábado, paella; y el domingo... ah, el domingo... la pasta!

C

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lundi 28 septembre 2009

Dos días en Marburg

Que es una ciudad del centro de Alemania, con jardín botánico y universidad, en la que estudiaron Ortega y Gasset, Hannah Arendt, los hermanos Grimm y mi murciano favorito. Como las guerras no lo han arruinado, un paseo por el casco viejo de Marburg representa un viaje desde el medievo al presente, con una larga escala en tiempos del romanticismo alemán (pero todo romanticismo es alemán).

Las autopistas alemanas están impecables y perpetuamente en reparaciones, lo que explica que por ellas se vaya simultáneamente muy rápido y algo lento, y sea mejor orientarse en ese laberinto con un GPS, que es el karaoké de la autopista.

Ayer domingo se celebraban elecciones legislativas en Alemania y, aparte los carteles con la cara de la gigante Angela y el puesto callejero del Partido Pirata, éstas pasaban casi desapercibidas para el visitante. Tal como sus resultados.

El otoño, en cambio, sí que es notorio, sobre todo para quien llega desde el oeste (el otoño anida al este). O sea que hace en Marburg por ahora un tiempo para perderse en los bosques que la rodean y en el dédalo de sus calles y escaleras de piedra, y recuperar fuerzas en un Biergarten tomándose un Auflauf, el platillo local, con una Altbier, y ya con las fuerzas recuperadas trincar un Zwiebelkuchen, una tarta de cebolla.

Y mirar cómo se mueve la gente, que recuerda a otra gente. Ese anciano recuerda a Hesse, esa muchacha a Bettina, un amor de Goethe, tal como la describe Kundera en La Inmortalidad. La bella, el anciano, la inmortalidad, todas las presencias parecen ser ideas y todas las ideas parecen ser alemanas.

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