vendredi 3 juin 2011

Un día en Amsterdam

La campiña amberina está pajiza de sol pero las torres de vidrio de los anillos de Utrecht y de Amsterdam reflejan charcos y vacas como siempre. Hay mucha gente en la ciudad porque es día de asueto y las policías jovencísimas no dan abasto para orientar a los visitantes, ocupadas como están controlando la identidad de los músicos rumanos que brindan un repertorio hollywoodense al personal repartido por las terrazas, ahíto de sol y de fermento.

De regreso, al crepúsculo, el paisaje brabanzón me parece por primera vez digno de verse, con sus primeros relieves tomando forma tras tanta planicie. Ya era hora, después de tantos años y de haber plantado un par de guindos. Como dice Cornelio, es una pena que Dios no se haya limitado a pintar paisajes.

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Rembrandt, Vista de Amsterdam

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jeudi 24 juillet 2008

Señales de humo

Amsterdam

E
n momentos en que algunas capitales europeas se hacen notar por razones bochornosas, Londres y su epidemia de navajazos, Bruselas y el sempiterno tira y afloja entre flamencos y valones, Roma y el racismo contra los gitanos, Amsterdam pedalea y envía humorísticas señales de humo.

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mercredi 16 juillet 2008

Tres días en Amsterdam

La gente se mueve por la ciudad en bicicleta, con una mano en el móvil y la otra en el paraguas.

El tipo medio que campa entre la fauna urbana es atípico en sus formas. Grande, colorido, razonable.

En el Vondel, poesía en el parque. Cien postes naranjas señalan el nombre de un poeta y un número que marcar con el móvil para oír uno de sus poemas. 0,25 el minuto.

Por la tarde, siesta en el Hortus botanicus.

Al anochecer, Smetana, Richard Strauss, Brahms, los últimos románticos, en el Concertgebouw. La Orquesta nacional de Bélgica, flamencos, valones y extranjeros al unísono.

Los holandeses hablan en casa sus dialectos. Fuera de ella hablan la lengua común y nadie hace cuestión de esto. Suelen ser políglotas y tampoco hacen cuestión de esto.

En los lugares consabidos hay turistas españoles. Me doy de cara con dos autobuses cartagineses. No digo más por el amor que le tengo a Murcia.

Al tercer día me duermo en Amsterdam y despierto no en Lisboa, como en el relato de Nooteboom, sino en casa.

Amsterdam

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dimanche 4 novembre 2007

Dos días en Amsterdam

Las noticias son amenazadoras y los lectores somos impresionables. Por fortuna, Sarkozy endereza cualquier entuerto con su tarjeta Visa.

Dos días caminando por Amsterdam, intentando no prestar atención a las noticias. A la entrada de la ciudad, impresiona el baile de las autopistas con los edificios metálicos, paleto que es uno. En la ciudad, por las calles que bordean y cruzan los canales, asombra el ballet incesante de las bicicletas.

Dos días caminando con zapatos nuevos. Aprietan los viejos pies dentro de los zapatos nuevos. A los viejos zapatos se les había abierto una vía de agua. Cuando yo era niño y mi padre vendía zapatos en la Zapatería La Reina, podía pagársele a alguien para que amansara los zapatos recién comprados.

Tres paradas en la caminata por Amsterdam: la Iglesia nueva, la Sinagoga portuguesa, el Mercado de las flores.

Los protestantes eran gente iconoclasta y la emprendieron contra las imágenes que a los católicos les había llevado siglos imaginar, confeccionar y venerar. Abajo con ellas. La última flecha, la definitiva,  para San Sebastián. Muerte para  cada una de las once mil vírgenes que acompañaron a Santa Úrsula. La Iglesia nueva (Nieuwe Kerk) fue católica hasta que la reforma protestante se la apropió. Ahora es lugar de exposiciones. Las imágenes están de vuelta. La exposición presente se llama Held (héroe).

La Sinagoga portuguesa fue edificada por los sefardíes, huidos de la península ibérica, en el XVII. Su interior es tan descarnado como el de una iglesia protestante. Tal vez la reforma protestante haya sido una fuga adelante de regreso  al judaísmo, a la abstracción y al préstamo con intereses. Lo más próximo a una imagen en la sinagoga son los caracteres y los candelabros. Dios es invisible y su nombre impronunciable. Como el dinero, es inodoro, incoloro e insípido.

Vondel_Park_Amsterdam

El Mercado de las flores permite el reencuentro con las formas, los colores, los olores. Como lo permitirían las imágenes del Rijksmuseum o del Museo Van Gogh, de no ser por esas filas tan largas que se forman a la entrada. Los colores del otoño quedan reflejados en el agua de los canales, en las plantas que trepan por los ladrillos de las casas, en los jardines entrevistos detras de las ventanas, como el Vondel Park se entrevé por los resquicios de las calles.

El Hortus Botanicus queda a la espera. I amsterdam, dice la chaperona.

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