lundi 23 février 2015

Y el cielo también

Por los días que yo estaba en Buenos Aires, en la versión belga de Got talent se presentó un muchacho argentino y cantó Fragile, esa melodiosa canción de Sting: Lloras tú, lloro yo y el cielo también. El jurado no pareció sin embargo conmoverse y lo eliminó.

Mientras tanto entre el público, una amiga del cantante aficionado comunicaba en directo vía Skype con los padres del muchacho en Buenos Aires. Tanto así que, cuando éste acabó de cantar y, aún ante las cámaras, vio la imagen de su madre, rompió a llorar.

No chorés, maricón, le dijo el padre.

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dimanche 1 février 2015

La ventana

Diario del Cono Sur, 7 

Despierto y oigo ruidos raros, voces. Ya está, se trata de una toma de rehenes, pienso. Descorro la cortina y aparece colgado de una cuerda el limpiador de vidrios. Estamos en un octavo piso. Buenos días, sesión de fotos.

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También desde la ventana, a pocos metros, veo el costurón que dejó la explosión en el edificio de la mutual judía. Una bomba terrorista mató allí a 85 personas hace veinte años. Un reciente coletazo de esa explosión, que debió de quebrar en su momento los vidrios que lava el trabajador de la foto, es la muerte del fiscal Nisman, que acababa de inculpar a la presidenta Kitschner de fabricar la impunidad de Irán en ese atentado.

El pedazo de Buenos Aires que veo desde esa ventana comprende oficinas, habitaciones, escuelas -María Admirable- la copa de los árboles del Museo Colonial -un palo borracho está en flor ahora mismo-,  el movimiento de las calles que se pierden a la distancia, como ríos o corredores aéreos.

Me pierdo yo también en esas distancias, sorteando luego en el movimiento de la ciudad una concentración de Podemos-Argentina, con banderas griegas y siñalética española. Y a gente que me advierte que abra bien los ojos porque en Buenos Aires, desde el corralito, atracan a la luz del día.

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samedi 31 janvier 2015

El taxista

Diario del Cono Sur, 6

Buenos Aires. Diálogo con el taxista. Hablamos del tiempo, para calentar motores. Sopla un poco de viento. En un día podemos tener las cuatro estaciones, dice.

-¿Usted es porteño?

-No, yo nací en Praga.

-¿En Praga?

-En Praga. Llegué aquí a los nueve años, con mi familia. Antes, vivimos tres años en Norteamérica. Mire qué mala suerte, si nos hubiésemos quedado allí, ahora tendría un pasaporte norteamericano.

-No habrá muchos checos en Argentina.

-No se crea, somos más de treinta mil. Yo, dentro de cinco años, me vuelvo a Praga. A trabajar en la empresita de mis abuelos. Ellos ya vinieron a la Argentina dos veces.

-¿Y les gustó? 

-Les gustó, sí, pero sólo el paisaje. No la gente. La gente aquí es maleducada, cuando no son abiertamente delicuentes. Yo me despierto en las mañanas y tengo que pellizcarme. Qué suerte tengo, me digo: soy checo.

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mercredi 21 octobre 2009

El caramelo

Según el marcador electrónico, a las cinco de la tarde despega un avión de Aerolíneas Argentinas. Alfaro se apersona en el mostrador donde la empleada le informa que hay cupo sobradamente y le ofrece un caramelo.

—Me facilita su pasaporte, le solicita.

El caramelo se le pega a Alfaro en los dientes mientras escarba en sus bolsillos. Ahí está todavía el pasaporte encuadernado y dentro de él hay unos cuantos billetes.

-¿No lleva equipaje?, le pregunta, extrañada.

-Sólo un bolso de mano, responde.

En la tienda de recuerdos compra un bolso que lleva estampado por una cara 'Los argentinos somos derechos y humanos' y por la otra 'Las Malvinas son argentinas'. Compra también un ejemplar de la revista El Gráfico, en cuya portada se estira felinamente Hugo Gatti, y lo mete dentro del bolso vacío.

Durante la espera en la sala de embarque procura no mirar a nadie, no emitir señales. Cuando por fin sube al avión le parece que tiene todavía los dientes atrapados por el caramelo.

Bienvenido a bordo, le sonríe la azafata. Sentado junto a la ventanilla en un rango de asientos vacíos, al fondo del avión, mira, tras el despegue, las formas de la ciudad y las crestas de la sierra.

La azafata le aporta una bandeja con comida, le pregunta qué quiere para beber. Elige vino tinto de Mendoza. El vino es puro terciopelo negro y le lustra las entrañas.

El avión penetra la capa de nubes, Alfaro cierra los ojos y besa a la azafata en la boca.

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jeudi 21 mai 2009

La guita

Hasta ayer no estaba claro que internet sirviese para algo. Para algo necesario, quiero decir. Pues bien. En Buenos Aires, un pasajero se dejó un turro de plata olvidado en el asiento del taxi. El taxista lo encontró, buscó al pasajero y se lo devolvió. Hasta ahí todo normal. Entonces aparece internet.

(Años atrás escribí un relato sobre un taxista que devuelve lo que encuentra. Se llama 'La prenda de María Huenuche'. Si lo encuentro, lo devuelvo.)

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dimanche 10 août 2008

El hijo del manco

El abrazo partido cuenta la historia de un muchacho judío argentino, Ariel, y de su rencuentro con su padre que regresa a Buenos Aires desde Israel, Elías. Está bien, de la mitad adelante. La primera parte es un compendio de todos los clichés sobre la emigración en Argentina. Sólo cuando asoma físicamente Elías, el padre, la película alcanza lo que  parece buscar. Elías vuelve a Buenos Aires manco. Por eso el nombre del filme. En un momento, un rabino suelta una frase tendenciosa pero cierta: Sólo puede disfrutar de la alegría de los nietos quien no haya matado antes a sus hijos.

Esta impresión sobre un filme visto en un formato casero inaugura una nueva categoría en este concurrido blog: Nombres de películas. Buscando el reclamo del Abrazo, me entero de que Daniel Burman, su autor, ha filmado otra película, cuyo nombre, al menos, está  bien: Todas las azafatas van al cielo. El Abrazo, en la versión francesa, se llama El hijo de Elías. Mejor estaría que se llamase El hijo del manco.

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