lundi 12 septembre 2016

La boda

En Colombres está el Archivo de Indianos, el museo de la emigración asturiana que contiene las colecciones que dan cuenta del despliegue de Asturias por el mundo.

A inicios de este agosto se inauguró la sala Chile. En uno de sus paneles hay unas imágenes que muestran la historia del Paxarín parleru. Allí estuvieron una de sus hijas y una de sus sobrinas descorriendo el velo de esas imágenes. 

Dos palabras sobre la imagen de la boda. Eran los años de la posguerra y el material fotográfico era escaso y caro. El fotógrafo sólo contaba con tres negativos para cubrir el evento. Las fotos habían de salir bien a la primera. Y salieron bien, a la primera. Faltaría más.

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vendredi 2 août 2013

La música del agua

(Saldos de Cangas de Onís)

Estábamos días atrás con S sobre el Puente Romano. Miramos al Sella, abajo, y dictaminamos: De aquí no se lanza nadie. A continuación, como si nos hubiese oído, se trepó un rapaz sobre la barandilla y se lanzó al río, como muestra la secuencia.

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Cuento esto porque me entero de que Haendal, el compositor de la Música del agua, se sentía un día tan desesperado que se lanzó al Támesis. Schumann, por su parte, se lanzó al Rin. En pantuflas. Una cosa no tiene que ver con la otra, ya lo sé. Unos saltan por el oro, otros por la plata y otros por el bronce.

Será la música del agua. Yo he visto en los lechos de los ríos magrebíes florecer los laureles de tan secos que están en estos meses en que quema el aire. El señor que contaba lo de Haendel acabó citando a Walter Benjamin cuando decía que la esperanza la traen de vuelta los que la han perdido.

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vendredi 26 juillet 2013

El jinete

(Diario de Cangas de Onís, 2)

El valle es muy verde y a la distancia asoman siete líneas de cerros y montañas que cierran el horizonte, cada una con su particular color azul, del añil al marino. Lo atraviesa un jinete sobre un alazán, al trote, una mano en la rienda. Con la otra va tuiteando.

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vendredi 19 juillet 2013

Andar por el pueblo

(Diario de Cangas de Onís)

Contaba el escritor Escanlar, uno que oficiaba de maldito en la televisión uruguaya, que cuando llegó al pueblo de su padre en Galicia los paisanos gritaban a su paso: ¡Ha vuelto el hijo de Demetrio, ha vuelto el hijo de Demetrio! Lo decía enumerando las rarezas de su rarísima vida.

Hay quienes no ponemos el episodio en la lista de rarezas sino todo lo contrario. Cuando fue su turno de llegar al pueblo de padre, mi hermana con naturalidad fue enumerando el nombre de cada uno de los vecinos. Se recuerda entre risas cuando la pusieron delante de uno y le preguntaron: ¿Y éste, quién es? Luis, respondió. Pero, ¿cómo lo sabes? Por lo feo...

Por mi parte, estaba una vez curioseando por el campo, a unas cuantas leguas del pueblo de mi padre, y me detuve a observar a unos jatos. No tarda en asomar un paisano y nos ponemos a pegar la hebra. En un momento me pregunta: ¿Pero tú quién eres? Soy Josepepe, el hijo de Josepepe. Podría haber añadido: el que marchó a Chile en el año 29, pero para qué. Se me queda mirando y sin pestañear me dice: Pero tú tienes una prima muy guapina...

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dimanche 30 juin 2013

Por el Camino del Norte

Camino de Santiago es un buen nombre pero mejor es El Desvío a Santiago, como se llama un libro de Nooteboom. Digo esto porque estoy leyendo Compostelle malgré moi, de Jean-Christophe Rufin. En rigor el libro se llama Immortelle randonnée, título que me parece francamente malo, blandamente oximórico -randonnée se ha ido convirtiendo en un término deportivo e immortelle en un adjetivo trascendentoide-, así que prefiero llamarlo por su subtítulo, Compostelle malgré moi, tan simple como difícil de traducir.

Los locos suelen ser caminadores compulsivos. Pero Rufin es un modelo de cordura. Médico -fundador de Médicos sin fronteras-, escritor -premio Goncourt, miembro de la Academia francesa-, embajador en Senegal durante el sarkozysmo. Como sea, decide recorrer a pie el Camino del Norte, de  Hendaya a Gijón por la cornisa cantábrica y de allí a Santiago por el interior, y escribir este libro. Durante la travesía no toma notas, según cuenta, el libro lo escribe de regreso a Francia siguiendos la trazas que la experiencia ha dejado en su memoria.

Me lo he leído de un tirón hasta la entrada del peregrino en Asturias. Aún no decido si leeré la porción asturiana en la propia Asturias, donde estaré, si todo va bien, dentro de dos semanas. O si sigo adelante y apuro el final, como me pedirá seguramente el cuerpo. Me gustan los relatos de andariegos, recuerdo con entusiasmo los de Thoreau, Herzog, el propio Pedro Páramo, de Rulfo. Compostelle... tiene, hasta ahora, unas cuantas páginas notables sobre la relación que el caminante establece consigo mismo y los demás, con su cuerpo y el pensamiento, con el tiempo y el espacio que se materializan en ese camino al que se aferra con tenacidad. Además, presenta la mirada de un francés ilustrado sobre unos lugares que me son entrañables.

Tendría así mucho material para citar pero, por ahora, arranco sólo esta línea de la descripción de su travesía de Bilbao: Les Espagnols aiment faire tous la même chose au même moment (A los españoles les gusta hacer lo mismo simultáneamente). Afirmación que me hace gracia por varias razones que prefiero no explicitar, justamente para no que no pierda la gracia.

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dimanche 11 novembre 2012

Una historia personal del chorizo

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Hoy es once de noviembre, San Martín. Hay quien por estas fechas se pone una amapola en la solapa y quien se pone a hablar de chorizos. Es lo que me propongo hacer aquí, sin ir más lejos, a cuento de esta frase de Mendoza que trajo Sámuel: El cosmopolitismo es proporcional a la lejanía del chorizo.

Yo nací en un pueblo en un valle central de Chile, con su plaza, su iglesia, el cine, un club social, dos o tres casas comerciales y la zapatería La Reina, donde los comerciantes eran todos asturianos. Bueno, todos no, también había un santanderino.

Aparte de la compra al por mayor y de la venta al detalle, la principal ocupación de esos trabajadores consistía en reproducir una Asturias en miniatura, con su bolera, su hórreo, su Santina, sus cantos de la Pastorina y de Juanín de Mieres, su sidra, su lagar y su gaita. Y su samartín. Samartín es el nombre que se da en Asturias a los embutidos de cerdo, por mor de la fecha de la matanza, hacia el 11 de noviembre, a las puertas del invierno.

El ser humano engorda al cerdo cuando sobra la comida, en verano, y come de él durante el invierno. De manera que los astures de ese valle chileno cumplían con el ritual en condiciones locales y, en sus mesas, el puchero, la fabada y el pote llevaban samartín casero. Mi padre se comía primero lo demás y dejaba el samartín para el final. Yo no.

Pero si el chorizo chileno estaba bueno, no podía compararse ni material ni espiritualmente con el que llegaba de la lejana tierrina. En ese tiempo los viajes eran esporádicos y lentos, lo que disminuía el alcance material del chorizo y aumentaba su valor espiritual. El chorizo asturiano sabía a gloria. Sabía a manos de madre lejana.

A ese trasiego bendito se oponía un adversario de talla, que obedecía al mayúsculo nombre de SAG. Chile es una suerte de isla a gran escala, donde la cordillera de los Andes, el océano Pacífico, el desierto de Atacama y el Polo Sur oponen unas gigantescas barreras naturales y protegen de las variadas pestes que asuelan el ancho mundo, la mosca de la fruta, la mosca tse tse y la mosca cojonera. Y lo que el mar y la montaña dejan pasar lo atrapa el estricto Servicio Agrícola y Ganadero, ágil frente a toda clase de bacterias y bichos, incluido el chorizo. O sea que si llevas una amapola en la solapa o un chorizo en el neceser cuando bajas del avión, te los quitan. En rigor, sólo los retienen. Al revés, no hay problema. Puedes salir de Chile vestido a lo Arcimboldo, o a lo David Byrne, o tocado como una musa griega, y el SAG te azota con el látigo de la indiferencia.

Entre mis astures el deporte favorito, además de los bolos, consistía en desafiar al SAG. Cualquier estrategia era buena para pasar por la aduana chilena los chorizos que te daban en el pueblo a la hora de la despedida de Asturias. Los chorizos y el queso. El queso de los Beyos, pase. ¡Pero el Cabrales! ¡Lo que puede apestar el Cabrales tras una travesía transoceánica! Así es la distancia, sin embargo, como el viento que apaga el fuego pequeño y enciende el grande, como cantaba Modugno, que tenía el defecto de no ser asturiano.

Podría agregar un último pormenor a esta historia personal del chorizo y es que mis hermanas aseguran que, en la mesa familiar, cuando ar niño no le gustaba la cena la madre iba y le freía un chorizo. No sé yo si era para tanto. O será que las madres saben que los hijos nacen para alejarse un día del chorizo y los pertrechan para ese largo viaje.

Así fue como me alejé yo también un día. Sin acercarme, hélas, al cosmopolitismo.

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dimanche 25 mars 2012

Cerrado por duelo

En la noche del sábado al domingo, en pleno equinoccio, murieron tres personas queridas. 

En Gijón murió J, la menor de las hermanas de A, el bable más puro del pueblo. Un día en que ya nos habíamos dicho adiós (con lo que nos costaba despedirnos), nos volvimos a encontrar. No somos para despedirnos, me dijo.

En Lovaina murió E. Lo vi por un última vez hace dos o tres sábados. Era lacónico, pero ese día quería hablar y me tomé el tiempo de escucharlo. Me contó que, siendo un niño, tuvo que echarse al camino con toda su familia, huyendo del ejército alemán, hasta la frontera francesa donde los obligaron a dar marcha atrás. De vuelta a casa, extenuados, encontraron las camas maculadas por la mierda ajena. Preferiría no sufrir, me dijo, pero no tengo miedo de morir. 

En Lisboa murió Antonio Tabucchi. Sólo lo vi una vez, en Lovaina también, hará quince años. Me parece que fue hace nada pero ya sabemos que el tiempo envejece de prisa. Me acuerdo ahora de esto que dijo ese día, de estas palabras de su abuela: Sabes, Antonio, la vida pasa en un segundo pero, a veces, cuánto tarda en pasar un día domingo.

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samedi 23 avril 2011

Los nombres

 Antes el pueblo comunicaba con el mundo por dos caminos, la emigración y la mili. Cuba, México, Argentina y Chile, en el primer caso, más alguna curiosidad, como la de mi tío que desembarcó en Panamá por no perder la maleta, y la del amigo de mi tío que fue a Curazao por razones que aún se investigan y cuyos hijos y nietos hablarán ahora papiamento que, como se sabe, es una variedad del bable. Después de unos años, la aguja de la brújula cambió de orientación y hay quien anduvo por Alemania e incluso por Bélgica, allá por la zona donde se habla también papiamento. Tras estas oleadas, la emigración no ha cesado del todo pero los destinos se han vuelto más previsibles, las de cualquier otro pueblo de España: la capital comarcal, regional, nacional.

En el caso de la mili, los destinos principales eran Valladolid, Segovia o Jaca. Que yo sepa, a nadie lo destinaron a Ibiza ni a Benidorm. Sería por eso que de un día para otro la mili se acabó.

Inmigración ha habido desde siempre, aunque digan que no, véase sin ir más lejos el caso de mi bisabuelo que llegó al pueblo a caballo desde el pueblo de al lado a buscar novia. Lo tremendo del caso es que la encontró en la persona de mi bisabuela. Hoy hay novedades. Dos parejas jóvenes de Madrid se han instalado en el pueblo. De las razones por las que ha venido la primera tal vez podría decir algo, pero como este blog es muy leído prefiero callar. Tienen dos niños pequeños que llevan nombres de pila vascos. De las razones de la inmigración de la segunda pareja no sé nada, pero sí sé que han adoptado a una niña desde China. El nombre de la niña es chino, me lo han dicho tres veces y seguro que a la cuarta lo retengo. Antes en el pueblo los niños se llamaban Josepepe o Josepepa, según. Ahora corretean bajo las panelas tres niños. Los llamas y te trabucas.

Es un prodigio. Cualquier día vuelve a abrir la escuela.

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mercredi 20 avril 2011

Isidrín e Isidrón

Estamos en la panadería de Chus, comprando una barra para el camino. ¿Adónde os vais?, pregunta Chus. A Asturias, dice el sobrín. Y todas las Manolas que observan la escena exclaman a coro: ¡Qué suerte tenéis!

El paso a Asturias desde Castilla lo muestran las cigüeñas y los brezos, y al pie de los montes el agua retenida del pantano. El desfiladero del Sella es más impresionante que los despeñaderos alpinos y pirenaicos y aun así lo desafiaron y vencieron los ingenieros castellanos, reza una inscripción adosada a la montaña en el paso de la Güera. El monte es más modesto que sus vencedores, pero más perseverante.

Vis, Pervís, la Vega de la Fresneda / Parves, San Román y Amieva / Argolibio, Cien, Eno, Pen y Cireño / Estos son los pueblinos del mio Conceyo. Así recito yo lo que me enseñó mi tío, y siempre que vuelvo a Asturias voy a mirando a ver cuál pueblino es más que el otro. Esta vez me lo pareció Precendi.

En el Parque, bebemos unos culines para celebrar el simple hecho de estar aquí. Escanciamos la sidra con el nuevo invento que trajeron los gitanos de Macedonia, el escanciador a batería que no empuerca el suelo ni cansa el brazo. Basta apretar el botón e Isidrín o Isidrón (hay dos tamaños) suelta el chorro rubio para que la sidra alcance el punto preciso de oxigenación. Que Isidrín e Isidrón tengan la cara de Preciado, el míster del Sporting, mejora la prestación porque permite echar unas risas a costas del cargante del Muriño.

Y como fuera llueve, es imposible no recitar otros versos: Si una noche de lluvia tempestuosa / un hombre que ha bebido unos culetes / vuelve a casa y le pega unos cachetes / a la señora madre de su esposa / que es como todos saben un arpía / eso no es borrachera, es alegría.

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dimanche 17 avril 2011

Voy y vuelvo

Estoy en Asturias. Saludos.

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