lundi 19 octobre 2009

Veinte años

En el tren, una matrona se sienta frente a mi tío y lo saluda.

-Te acuerdas de mí, le pregunta, estudiamos juntos hace veinte años.

-Qué tal, responde éste, se te ve muy bien.

-Veinte años, quién lo diría.

En la siguiente estación, la mujer se levanta.

-Será hasta dentro de veinte años, se despide cortésmente.

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mercredi 14 octobre 2009

La luz

La primera mitad del día
La luz le enceguecía

La segunda mitad del día
La luz crepusculaba

La tercera mitad del día
La luz no le despierta.

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mercredi 7 octobre 2009

La nitroglicerina

La nueva arma de Bin Laden son los supositorios. En la botica Sana-Sana los supositorios eran de glicerina. En la botica de Ossama son de nitroglicerina. Va a ser que el cura Hasbún tenía razón y habrá que cuidarse del terrorismo anal.

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Nueve de cada diez personas interrogadas responden que sí se dan cuenta cuando alguien las está mirando por la espalda. La gente cree que de los ojos salen flechas, pero no, de los ojos no 'sale' nada, dice el científico, en los ojos rebota la luz, y la luz puede llegar a quemar.

Mi tío Pepe sostiene una teoría a este respecto. Los ojos son 'asomos' del cerebro (interfaces, cámaras-pantalla), así como las uñas son asomos del sistema óseo y la lengua es una víscera freudiana, perversa y polimorfa.
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Cuando yo era niño mi tío me contaba esta historia: Pepe es joven y quiere dar la vuelta al mundo. Pero se casa pronto y debe renunciar a la aventura. Una vez que enviuda, despliega sobre su casa un millar de globos (como los de cura brasilero) y se echa a volar rumbo a América. Pronto descubre que lleva a bordo un polizón, que no es otro que su sobrino, un niño gordito que toca la trompeta. Y así sucesivamente. Pues bien, ahora resulta que esa historia la dan en los cines y se llama Up. La iría a ver cuanto antes, el problema es que el cine de mi pueblo es ahora una iglesia evangélica.

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lundi 21 septembre 2009

Encuentro en la Da Vincistraat

Días atrás mi tío iba buscando una dirección y, como no daba con ella, se detuvo a preguntar a dos militares que estaban de plantón. Uno llevaba uniforme azul, el otro verde. ¿La calle Murillo?, preguntó. ¡Murillostraat!, exclamó el militar de verde, e hizo un gesto que daba a entender que la calle Murillo estaba al otro extremo de la ciudad. Pero no era el caso, porque se encontraban en la Da Vincistraat casi esquina con la Rembrandtstraat, o sea que la calle Murillo no podía quedar lejos.

Cuando el militar de verde iba a completar su respuesta, se detuvo una limusina de la que se extrajo la figura de un hombre alto y delgado. Era, Pepe lo reconoció enseguida, PDC, el ministro de la defensa. El militar de azul avisó al interior desde su móvil de la llegada del ministro. En cuanto éste puso un pie en la acera, su mano izquierda fue hasta el bolsillo de la chaqueta desde donde extrajo un esmarfón de bien proporcionado tamaño, le echó una rápida ojeada a la pantalla y en seguida estiró la mano derecha primero al militar de azul, luego al de verde y por último a mi tío Pepe.

El ministro no parecía venir de su despacho, sino más bien estar recién salido de la ducha y de una cuidada sesión de composición de su tenida laboral en la privacidad de su dressing. Llevaba pantalón marengo, chaqueta azul, camisa celeste y corbata a listas rojas y blancas, un conjunto de muy buen corte y mejor confección, evaluado en varios miles, a ojo de buen tendero. Mención aparte merecen los zapatos, de color beis, tono que, por descombinar levemente con los colores de la ropa, resaltaba aun más la calidad del cuero y la excelente factura del calzado, Berluti más que probablemente.

Por cierto, el ministro olía estupendamente.

Mi tío se quedó a la espera de que el ministro ingresase en la Academia militar, que ese era el edificio frente a cuya puerta lateral se encontraban, creyendo que una vez cumplido ese trámite recibiría la indicación del militar de verde sobre el camino a seguir para llegar a la calle Murillo. Los cuatro hombres esperaron unos largos segundos en la calzada a que asomara por la puerta el militar que debería conducir al ministro por los pasillos de la Academia hasta el despacho o salón donde tendría lugar la reunión o ceremonia que lo había traído hasta allí. Cuando éste apareció y franqueó la puerta al ministro, el militar de azul los siguió y, para pasmo de mi tío, también el de verde.

Así quedó mi tío, aspirando el último efluvio del perfume del ministro, solo sobre la acera. El militar de verde no le había dedicado ni un mísero gesto de despedida. Lo había, como se dice técnicamente, lisa y llanamente escotomizado.

De vuelta en casa Pepe puso el telediario con la esperanza de encontrar en las informaciones la conclusión del encuentro en la Da Vincistraat. Qué hacía el ministro allí tan de punta en blanco. Pero no hubo en la tele ni rastro del ministro ni ese día ni el siguiente. Por lo visto, la reunión o ceremonia a la que asistía no tenía nada de particular. Así parece que son los ministros siempre. Por la prensa consiguió enterarse de que la actividad principal del ministro de la defensa durante la semana fue anunciar la disminución de 97 millones de euros sobre un presupuesto anual de 2.700.

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vendredi 11 septembre 2009

El sosias

Ahora mi tío Pepe es jovencito y llega a una fiesta y la madre del festejado lo toma en sus brazos y lo cubre de besos llamándolo Mauricio, el mejor amigo de infancia de su hijo, que marchó al extranjero y está de regreso por obra y gracia de su parecido con Pepe. Como éste y su pandilla han paladeado momentos antes un refresco de guaraná, la comicidad de la situación no pasa desapercibida.

Años más tarde a Pepe lo aborda en la calle una mujer africana y lo saluda en inglés. Después de dos o tres frases desconcertantes, Pepe comprende que la mujer lo toma por otro y ese otro es nada menos que un luchador de catch as can que sobresale en las pantallas de la televisión británica. Pos vaya. Pepe va a sacarla del equívoco pero finalmente lo que saca es la lapicera para firmarle un autógrafo.

Me cuenta todo esto mientras me muestra las fotos de Alison Jackson sobre sosias de famosetes. En qué nos parecemos tú y yo a la nieve.

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dimanche 30 août 2009

El curso del agua

Se detienen al borde del río y miran correr el agua. El movimiento del agua es engañoso, el río parece ir hacia el sur —hacia Francia, pero en verdad va hacia el norte —hacia Holanda, es la brisa la que provoca el engaño. Les da sed y se sientan en la terraza de un café a beber té helado. En torno a ellos hay varias mesas ocupadas por otras parejas. Qué curioso, dice Pepa, todos los hombres están sentados mirando al sur —hacia Francia y todas las mujeres estamos sentadas mirando al norte —hacia Holanda. Pepe da una ojeada al conjunto, así es. El nunca lo hubiese notado. Será el azar o la necesidad, la mímesis, el campo magnético, la humedad relativa del aire. A ver si llega otra pareja a romper con la monotonía de la escena. Y llega, él se sienta mirando hacia el sur, etcétera. Acaban el té, se levantan.

A la salida, Pepe enrumba hacia el sur —hacia Francia.

laplante

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vendredi 14 août 2009

Salud, dinero y amor

Las tres palabras más frecuentes en los discursos de Obama como Presidente:
América: 2 929 veces.
Economía: 1 657.
Salud: 1 653.

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Pepe me cuenta un sueño. Llaman sus hijos a la puerta de una casa en la que ya no viven. Se alegra Pepe cuando sus hijos regresan, antes de la escuela y ahora de más lejos.

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vendredi 7 août 2009

Un cuarto lleno de espejos

Cuarto

M
’Naughten había llegado a Boston procedente de NY en compañía de un camarada. Eran dos vivalavirgen, como los llama RLS en El Emigrante por gusto, y se pasaron el día de parranda hasta que dio la medianoche y comenzaron a buscar alojamiento. A eso de las dos, fatigados y abatidos, después de un largo rodeo se encontraron en la misma calle por la que habían comenzado sus pesquisas, delante del mismo hotel a cuya puerta ya habían llamado, sin resultados. Al ver que estaba abierto, volvieron a la carga. El dependiente les dio la bienvenida de modo más caluroso que la primera vez y así descubrieron complacidos que el precio de la noche había disminuido de un dólar a un cuarto.

En la estancia había un camastro, una silla y dos cuadros enmarcados, uno a la cabecera de la cama y otro enfrente, a los pies, y ambos estaban acortinados, como a veces sucede con las acuarelas de gran valor, los retratos de los difuntos o ciertas obras de arte de tema un tanto escabroso. Tal vez con la esperanza de hallar algo de esta índole, M’Naughten retiró la cortinilla del primer cuadro y se llevó una sorpresa morrocotuda al comprobar que allí no había ningún cuadro.

Lo qué había detrás de la cortinilla, el lector lo adivina, eran tres mirones. Por un instante, cuenta RLS, esas cinco personas (los tres mirones y los dos mirados) se miraron a los ojos, tras lo cual M’Naughten y su amigo cerraron púdicamente la cortinilla, salieron de la estancia, renunciaron a la idea de encontrar cama y caminaron por las calles de Boston hasta el amanecer.

De ocurrir hoy la escena, en lugar de cuadros acortinados habría un espejo de aquellos que devuelven la imagen del que mira al mismo tiempo que ocultan la mirada de quien está del otro lado del muro. Eso, o cámaras diminutas que conectan con pantallas gigantes donde se reproducen imágenes de alta definición, tal como hace una serpiente cuando se traga un huevo de paloma y defeca o devuelve un enorme huevo de avestruz.

A este respecto, MTP me cuenta una historia de su acervo. Se encontraba cierta vez recién transplantado a París, en pleno invierno, sin medios, sin esperanza casi, cuando se dio de bruces en una esquina con una rubia espléndida que lo invitó a cenar ricas viandas, le dio interesantísima conversación y, como si no bastasen tantas prendas, se lo llevó a un hotel en Pigalle. Una vez en este, y en cuanto MTP hubo cumplido con su cometido, se tendió en el cama a fumar y así pudo reparar en unos espejos que cubrían la parte alta de la estancia, detrás de los cuales creyó oír un ruido de sillas y un murmullo de espectadores que se retiraban después del espectáculo.

Qué más puede pedir el narcisismo especular al uso y la mímesis desatada: espejos transparentes que permiten simultáneamente verse y ser visto y cámaras que son pantallas e inversamente. Con todo, por más vueltas y revueltas que le demos al asunto, por más que nos adentremos por la conceptualidad de la problemática y sus múltiples recovecos, al cabo de lo andado volveremos a encontrarnos frente a la presencia inmóvil del mirón asomando fuera de la caverna.

Niño aún, JMC se preguntaba: ¿Qué más se puede hacer con las piernas, aparte de devorarlas con los ojos?

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RLS: Robert Louis Stevenson, «El Emigrante por gusto», traducción de Miguel Martínez Lage
MTP: Mi tío Pepe
JMC: John Maxwell Coetzee, «Infancia», traducción de Juan Bonilla.

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samedi 20 juin 2009

Cántito

De aquello simple
Asaz prosaico
De emocionarse
Nace esta risa
De lo recóndito
De mi ventrículo.

Es un asunto
A todas luces
Conmocionante
Quitar el vaho
De aquestos vidrios
Y en pleno invierno
Tener verano.

Subir los párpados
Y descubrirte
Mover las piernas
Y dar un paso
Con la bocina
De las mandíbulas
Cantarte un rato.

Y despertarse
E ir a dormirse
Regocijado.

Es el estado
Menos pensado
Amarte tanto.

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mardi 19 mai 2009

El jovencito

En Sant Cugat vimos Se arrienda, de Alberto Fuguet. Eramos cinco cuando comenzamos a verla y, al final, mi tío Pepe era el único que seguía despierto. Trata de la crisis de la edad adulta vivida por un grupo de jovencitos. En Santiago de Chile (socorro). Me vendo o no me vendo, trabajo para el papá o no trabajo para el papá, entro o no entro al mercado... Su problemàtica y su intrìngulis social, como decìa el cantante.

Tres réplicas me se quedaron, sin embargo, en la memoria.

Dice el jovencito: '¿Las minas buenas, nacen con pololo (novio)?'.

En otra secuencia, en una fiesta, el mismo omnipresente jovencito se acerca a la barra y pide una copa. '¿Cuánto es?', le pregunta al barman. 'Es gratis', contesta éste. Y el jovencito: 'Eso es lo que vos creís'.

Y una muchacha (simpática), al jovencito, cuando éste le cuenta de su gran amor de juventud: 'Te debe de haber querido mucho'. '¿Cómo lo sabes?', pregunta el jovencito. 'Bueno..., para aguantarte'.

Se_arrienda

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