lundi 9 janvier 2012

La agenda

El diario se ha convertido en una revista ilustrada. Hoy trae un reportaje sobre la relación de los belgas con su agenda.

El tiempo, dice Parra, se hizo para que todos los acontecimientos no ocurrieran de golpe. La agenda también.

Uno de los entrevistados, Gérard, 48 años, da una clave de comprensión del funcionamento mental de mucha gente en plena modernidad septentrional. El hombre admite que su agenda es su doudou, su peluche, su objeto transicional. El placer que extrae de él se materializa en dos momentos. El primero, cuando ve las páginas en blanco y siente una suerte de pavor al vacío. Para compensarlo, se da la tarea de llenar la agenda con toda clase de citas y actividades. Le sobreviene en seguida una especie de angustia porque no queda ni un intersticio destinado el descanso. Se da entonces a la tarea de sacarse de encima apuntamientos y compromisos, y a borrarlos de la agenda. Segundo momento de placer, cuando reaparecen por fin unos espacios vírgenes, unos oasis en blanco.

El mecanismo es similar al que se activa en vísperas de las vacaciones y de los puentes, ese stress que se instala entre la gente que se prepara para descansar. Porque para descansar después hay que cansarse antes. Lo he visto también a pequeña escala: alguien avanza a grandes zancadas para llegar al rincón del parque en el que extiende un chal y se relaja.

Hay cuatro tipos de utilizadores de agenda, afirma Caroline Guillot, doctora en la cuestión: el programador, el espontáneo, el rutinario y el improvisador. No lo dice, pero infiero que habrá también subtipos: el programador rutinario, el espontáneo improvisador, y así sucesivamente.

Yo pertenezco a todos esos subtipos alternadamente, pero confieso que cuando llegué a este país usaba como agenda cualquier cuadernillo en el que escribía al revés lo que se me pasaba por la cabeza. Confundía, por lo visto, agenda con pense-bête. No tardé en desconfundir. Mi placer consiste ahora en comprarme una agenda con ilustraciones y en mirarlas detenidamente.

G

Óleo de Gabriel von Max

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mercredi 30 novembre 2011

El último día de Hugo Claus

El último martes de noviembre suele ser uno de esos días como para quedarse en casa escuchando a Schumann y condoliéndose de la suerte que a uno le toca, según decía Hugo Claus [1].

Casualmente ayer, último martes de noviembre, el diario publicó una entrevista con su viuda, Veerle De Wit. Sabía que ella y su editora, Suzanne Holtzer, habían acompañado a Claus el día de la eutanasia. Sobre Claus ya he puesto unas cuantas líneas.

¿Qué hicieron en la víspera de su muerte?, pregunta la periodista. 'Hugo quiso ir al cine a ver París, de Cédric Kaplisch (Si tú mueres primero, yo me iré a vivir a París, solía decirle Claus a Veerle). Sólo estábamos los tres en la sala, Hugo, Suzanne y yo. Habíamos debido correr para alcanzar el tranvía. Hugo me dijo: Qué cosas, hoy corremos tras el tranvía y mañana ya no estaré'.

El día aquél, su último día, Hugo Claus repetía a la hora de comer el título de esa canción de Lou Reed: It's a perfect day.

H

[1] 'Voyager, se dit Maurice, plus jamais, non, plus jamais. Rester à la maison. Entre quatre murs. Ecouter Schumann, s'attendrir sur soi même. Si on tient le coup quelques années, on se fabrique une carapace de croûtes parfaitement étanches. La perfection, un gros oignon comprimé. Mais les glandes, alors ? Ben, les pollutions nocturnes règlent le noble organisme, le premier regard matinal est chaque matin blanc comme neige, ébloui par la neige'. Un cercle étrange, dans L'Amour du prochain (De Mensen Hiernaast).

[2] Coetzee sobre Claus: ¿Por qué le presta tanta importancia a sus maestros muertos?

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mardi 22 novembre 2011

La vaca

Un otoño con sol y sin lluvia casi, una curiosidad, un veranito de San Martín. Aprovechando que tarda el hielo, en la tarde del domingo fuimos a saludar a las vacas. Un grupo de tres componía un retablo: el ternero mamando, la vaca rumiando y el toro echando la siesta. La sagrada familia.

El toro belga es una bestia prominente, muy diferente del toro ibérico, ese negro salvaje. El toro belga es rubio y sonrosado, descomunal y domesticado, con el pelo muy corto, salvo en la verga, donde lo lleva largo. En una corrida con un toro de estos, el torero debería azuzarlo con un paño rosado.

En la mitología nórdica el primer hombre, Ymir, un gigantón, fue amamantado por la vaca Auombla, que lamió el hielo para liberarlo. Oyendo estas historias que contaba mi tío, las vacas se echaron a mugir y no había quien las callara. 

A

Óleo de Nikolai Abraham Abildgaard

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dimanche 21 août 2011

Los ratas

Huelga de fútbol español mediante, cabe preocuparse del fútbol belga.

Que algunos hinchas sacan lo peor de sí cuando se dan cita ya lo sabíamos desde Heysel o incluso antes. Y de vez en cuando no se privan de recordarlo. El viernes abría la fecha belga el derby amberseño, Lierse versus Beerschot. El golero del Lierse es japonés y se llama Kawashima. Pues bien, los hinchas del Beerschot, a quienes se conoce como los ratas, dieron en arrojarle latas de cerveza y gritarle 'Kawashima Fukishima', una y otra vez.

El árbitro se vio obligado a suspender el partido, que ganaba en ese momento el Lierse 1-0. En cuanto permitió que se reanudase, marcó el Beerschot el gol del empate (y en seguida otro, que fue anulado). Las lágrimas que llenaban los ojos del golero japillo le impedían ver el balón.

K

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lundi 20 juin 2011

Bruselas, nuestra Jerusalén

CUn año después de las elecciones de junio de 2010, Bélgica continúa en manos del mismo Gobierno que mandaban cambiar. El triunfo electoral -nacionalistas en Flandes, socialistas en Valonia- ha puesto al país en una situación inextricable. Las negociaciones se empantanan y los sondeos confirman que si las elecciones se repitiesen hoy la votación de los ganadores del 2010 aumentaría. Si no hay solución es porque no hay problema, se oye decir: el desinterés de la plebe por el embrollo en que se han sumido los tribunos es patente.

Philippe Van Parijs, que enseña ética económica y social en la Universidad de Lovaina publicó hace unos día esta tribuna en Le Soir. La traduzco porque delimita el problema y lo proyecta más allá de su frontera:

Hace un año ya que Bélgica votó y sigue sin Gobierno. ¿Por qué? Fundamentalmente, porque Bélgica no ha consguido constituirse como nación lingüísticamente unificada, como Francia, y porque los vencedores de las últimas elecciones, los nacionalistas flamencos de la NVA, adhieren al credo republicano francés: sin nación no puede haber democracia próspera ni solidaridad interpersonal viable, y no hay nación sin lengua común.

Bélgica, sin embargo, lo ha intentado. Hasta 1898, el francés era su única lengua oficial. Unida a la erradicación de las hablas flamencas y valonas, su difusión a través de la educación y de la conscripción era parte del proyecto de construcción nacional tanto en Bélgica como en Francia. Pero el movimiento flamenco saboteó ese proyecto. Obteniendo el mismo respeto formal por el neerlandés que por el francés, primero, asegurando su protección en el norte del país, en seguida y, finalmente, desarrollando una educación en neerlandés eficiente y un conjunto dinámico de medios de prensa a los que la población flamenca debe hoy lo esencial de su información y de su cultura.

El resultado es un ruptura lingüística cada vez más profunda. Si bien el francés sigue siendo enseñado en todas las escuelas flamencas, el manejo del francés en la elite flamenca se deteriora de año en año y es actualmente inferior a su dominio del inglés. Además, siendo como son 50% más numerosos y 15% más ricos que los francófonos, los flamencos se preguntan, lógicamente, por qué tendrían que ser ellos quienes se esfuercen por hablar la lengua de la minoría, y no lo contrario. Por parte de los francófonos, el esfuerzo por aprender el neerlandés se intensifica pero sigue siendo modesto. En Valonia, los alumnos sólo aprenden neerlandés durante la secundaria, la mitad de entre ellos como tercera lengua, después del inglés, y algunos no lo aprenden en absoluto. Sólo 14% de los valones afirma poder hablar suficientemente neerlandés, en comparación con el 51% de los flamencos que lo hacen con el francés.

A falta de lengua común, la nación belga parece una quimera, el pueblo belga una ficción y la Bélgica del presente una flagrante infracción al cuerpo doctrinal que comparten republicanos franceses y nacionalistas flamencos: un vestigio anacrónico del Imperio plurilingüe de los Habsburgo, un error histórico que se evaporará, un monstruo que debería sentirse culpable de existir.

Y, sin embargo, Bélgica sobrevivirá. No se romperá ciertamente en dos, ni siquiera en tres. Porque ni Flandes ni Valonia pueden llevarse consigo Bruselas ni quieren irse sin Bruselas.

Bruselas, en efecto, es un poco nuestra Jerusalén. Felizmente para nosotros ni Salomón, ni Jesús, ni Mahoma recorrieron sus calles y son pocos los que estarían dispuestos a dar su vida por reconquistar la que después de todo no es más que la ciudad de Manneken Pis. Con todo, Bruselas es una cuidad símbolo frente a la cual cada una de nuestras etnias pretende tener un derecho sagrado: los flamencos porque la ciudad está en el corazón de su tierra y porque es su lengua la que el pueblo de Bruselas ha hablado por siglos, los Valones porque es en francés que Bruselas se convirtió en capital y porque es el francés la lengua hoy por hoy más hablada por los bruselenses. Abandonar Bruselas sería, por lo tanto, para unos y otros una insoportable humillación. Además, Bruselas es más que Jerusalén. Porque un tercio del PIB belga se produce sobre el 2% del territorio nacional ocupado por la gran Bruselas: la región de Bruselas propiamente tal y sus tentáculos en los dos Brabantes, flamenco y valón.

Por esas dos razones, Belgica no se separará. Tanto mejor. El Estado belga no es más que un instrumento que puede desaparecer por falta de uso. Pero la Región de Bruselas no se extenderá jamás a su hinterland y Bélgica continuará siendo, a causa de eso, esencial para aseguran una administración mínimamente eficaz -tanto del transporte como de la imposición- de una métropolis repartida entre tres regiones. O, cuando menos, continuará existiendo mientras Europa no sea capaz de asumir el relevo, en particular en lo que se refiere a la función redistributiva que hoy le incumbe al Estado belga.

Estamos lejos de eso y lo seguiremos estando mientras la propia Bélgica no haya demostrado cómo una democracia sana y una solidaridad fuerte pueden lograrse en ausencia de una nación.

No hay razón, así, para que nuestra no-nación se sienta culpable de existir. Y sí hay todas las razones para que intente rendir servicio a Europa innovando y experimentando reformas en profundidad: cuatro regiones de tamaño muy desigual con competencias ampliadas; una lengua pública diferente (neerlandés, francés, alemán) en tres de ellas y un régimen trilingüe (francés, neerlandés, inglés) para la región de la capital; una base federal simple y sólida que asegure lo esencial de la solidaridad entre las personas; y un sistema electoral que convierta a quienes quieran gobernar la federación sancionables por el conjunto de la población.

Ni culpable ni dividible, Bélgica hace frente a un tarea difícil pero importante. La crisis actual debe empujarla a la acción. ¿Lo logrará? Dependerá de la valentía y de la inteligencia de quienes conduzcan la maniobra y, en particular, de su aptitud para reconocer que si la democracia y la solidaridad son menos arduas en el seno de un Estado-nación, siguen siendo necesarias y lo serán más aun en el seno de entidades que no lo son ni lo serán jamás.

Imagen: Plaza mayor de Bruselas, óleo de Jacques Carabain

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jeudi 9 juin 2011

El efecto BS

Buzz y hoax son dos palabrillas en alza, de esas que ya nadie se molesta en traducir. Hoax es una información falsa y buzz una información que se propaga por la Red a la velocidad de la luz. Ambas categorías pueden combinarse y un buzz, además de rápido, puede resultar ser falso. Hoax célebres son esos poemas como de autoayuda que se atribuyen erróneamente a Borges o a Neruda. Quién haya intentado pararle los pies a la falsía (la Fundación Neruda, por ejemplo) comprueba la cuasi inutilidad de su afán. De existir dentro de mil años, las Obras completas de Borges incluirán seguramente el bodrio ese de las habas versus los helados.

Desde hace unos días circula por la Red este vídeo que muestra una ruta comarcal belga absurdamente saturada de paneles. 250 en cinco kilómetros, creo. Surrealista, como llaman los belgas a todo lo que se sale un palmo de la norma. Los autores del vídeo lo llenan también de mensajes populistoides y, al final, le imputan el imbunche a un ministro de apellido Lutgen. Este, fígura montante de la democracia cristiana provinciana, ha intentado por todos los medios a su alcance corregir la atribución. Pena perdida. Peor, lo que ha consiguido con su agitación ha sido aumentar la velocidad de propagación del mentado buzz.

Lutgen ha intentado acallar los ecos gritando, como se dice. Más o menos lo que hizo Javier Cercas ante el infundio puteril de Arcadi Espada. O Barbra Streisand, quien, queriendo evitar la publicación de unas fotos de su casa, consiguió abarrotar su calle de fotógrafos y bautizar al famoso efecto con su nombre. El efecto BS.

BS

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samedi 4 juin 2011

Uno a uno

 B

 Waar is de feestje? Hier is de feestje! gritábamos anoche desde la tribuna durante el partido Bélgica-Turquía, previo al Euro 2012, que acabó empatado a uno.

Waar is de feestje? Hier is de feestje! (¿Dónde es la fiestita? !Aquí es la fiestita!). No fue total la fiesta para los belgas, los turcos se la estropearon en parte. No es su culpa, sino la del timorato de Georges Leekens, el entrenador belga, gran hacedor de uno a unos.

Tous ensemble, tous ensemble, tous, tous, tous!, gritaban también los belgas, que en estas lides se muestran bilingües y unidos. Ahora bien, cómo estar todos a una, cómo ser uno a uno, más allá de la ilusión más o menos regresiva de serlo sólo por estarlo. Echando mano a los códigos consabidos, voceando a los de nosotros cuando llevan la pelota, silbando a los otros cuando suena su himno y atacan. Eramos cincuenta mil los belgas y los pro-belgas y cinco mil los turcos en su tribuna particular. Éramos más y queríamos que nuestra presencia contara. Éramos locales. ¿Cómo ser uno a uno y, sin embargo, desempatar?

Suelo ver el fútbol por la tele y me dejo impresionar por el menú del director del programa. En el estadio, es uno el que selecciona lo que puede, se concentra en ello, y se pierde lo que se le escapa. La realidad no espera ni se repite. Por eso es embriagadora de tan real y de tan inminente. Durante un momento todo parece posible. Y todos los momentos parecen posibles sucesivos, y así hasta que ya es demasiado tarde.

Desde arriba de la tribuna se ve mejor el juego que en la superficie de la tele, pero en el estadio hay mucho para ver además de la pelota, como esos stewards que tienen la ingrata tarea de pararse al borde del terreno para vigilar a los aficionados, de espaldas al partido. Alguno hace trampa y acaba con tortícolis. Y alguno también recibe el resultado de la frustración de la muchachada en la forma de un vaso de cerveza. El hombre pierde el equilibrio y se va al suelo. Sólo unos pocos contemplan la escena, porque hay cientos de escenas sucesivas y una sola pelota, que es pequeña y veloz. Y esquiva, las más de las veces. Así fue cómo la que pateó Axel Witsel a la hora del penalti se fue a las nubes, y la victoria tan buscada por los belgas se quedó en un ramplón uno a uno.

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mercredi 30 mars 2011

Hecho en Chile

Este domingo se manifestaron en Bruselas dos mil jóvenes vaticanistas y un arzobispo contra el aborto y la eutanasia. No tengo nada en contra de que la gente se manifieste. Incluso contra el derecho a nacer y a morir dignamente. Creo, sin embargo, que los vaticanistas no entendieron del todo el mensaje que le dieron a Wojtyla setenta mil jóvenes reunidos en el Estadio Nacional de Santiago de Chile en el aciago año de 1987. Llevaban horas diciéndole que sí a todo. Pero a la pregunta de si estaban dispuestos a resistir a la tentación de la carne, le dieron un no sonoro. No hay pruebas gráficas de este hecho tremendo, las ha quemado Torquemada.

Sobre el asuntillo de la carne tierna, Carlos Peña les dio a los vaticanistas en las partes este último día del Señor: 'No se requiere ser Foucault para darse cuenta de que una institución que entrega a personas célibes la tarea de administrar el secreto de la vida adolescente y familiar (mediante la confesión) no puede sino producir, tarde o temprano, conductas perversas'. Conductas frente a las cuales el padre de la protagonista de Lo que me queda por vivir, la última novela de Elvira Lindo, se posiciona de la siguiente manera: 'Nunca me he quedado a solas con un cura en una habitación y nunca me quedaré, aunque sea un obispo. Un día se me sentó al lado un cura en un autocar y me cambié de sitio inmediatamente'. Sensato, tratándose de un señor musculoso.

P

Pascal Maître, Clase de anatomía en Mogadiscio, 2006

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Hablando de demografía, he notado que hay un tipo humano en boga, al menos en Europa, el del príncipe añoso, el principote. Carlos de Inglaterra es el ejemplar más vistoso, pero hay varios que le van a la zaga, Felipe y Lorenzo de Bélgica, entre ellos. Como los reyes de hoy se benefician también de la longevidad reinante, los príncipes deben estirar su bisoñez hasta bien avanzada la vida, en eterna calidad de príncipes.

Sobre Felipe de Bélgica, el cineasta Samuel Benchetrit cuenta una anécdota reveladora. Para su último filme, Chez Gino, estaban construyendo una pizzería de cartón piedra en el centro de Bruselas. Una mañana pasaba por allí Felipe, quien asomó la nariz para decirles que era una estupenda idea la de construir una pizzería allí, a dos pasos del colegio de sus hijas, porque a éstas les gustan mucho las pizzas.

Su hermano Lorenzo, por su parte, fue recientemente a hacer negocios al Congo, contra la opinión del Gobierno, que ahora amenaza con quitarle la mesada (30 mil pesos europeos, más o menos). Si son unos niños, como dice un amigo mío.

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Sobre demografía belga también: como por aquí muchas mujeres cincuentonas no se maquillan ni se arreglan, no se amanolan, y muchos hombres viven la caída de los hombros y de la testosterona, se da el caso que cueste distinguir sin gafas hombres de mujeres, que se aúnan en una especie de tipo genérico que una sobrina de mi tío llama homu.

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Mi tío, precisamente, me entrega su chaqueta para que la lleve a limpiar. La doblo por el revés y me fijo en las etiquetas. Una dice: Pierre Cardin Monsieur. La otra: Made in European Community. Una más pequeña: Tela importada. Y otra, minúscula, al interior del bolsillo del tabaco: Hecho en Chile.

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samedi 19 février 2011

El triángulo

En el periodo que cubren sus Diarios (1999-2003), por razones familiares Iñaki Uriarte viajaba a menudo entre Bilbao y Avilés. Esos Diarios están escritos en un perímetro formado por Bilbao, Benidorm y Avilés, sobre el que planea la sombra de un perímetro anterior, mayor, formado por Nueva York, San Sebastián y Barcelona.

En Avilés atracan barcos que se mueven entre Rotterdam y Agadir, según consigna el diario local. De regreso a Bilbao, por la carretera que atraviesa lo que los asturianos llaman el Oriente, Uriarte comenta que hace veinte mil años había allí bisontes, como puede verse en los muros pintados de Altamira. Muy cerca de Altamira está San Vicente de la Barquera, cuyo paisaje es 'espléndido, casi perfecto'. 'La entrada amplia y mansa de la ría, el puerto con sus pesqueros de colores vivos y los prados que se extienden por el valle hacia los picos del fondo, a menudo cubiertos de nieve'.

Más triángulos. Trazo en las páginas de Uriarte el mío: San Vicente de la Barquera, San Vicente de Tagua-Tagua, Nil Saint-Vincent, el ombligo geográfico de Bélgica. (Tagua-Tagua también es un ombligo, un lago que secó la agricultura). Bélgica sólo aparece en los Diarios de Uriarte (quitando las menciones a Brel) a través de una referencia a Simenon, a quien su padre vio cuando joven en un tren belga. Este es un país ferroviario, un trayecto entre dos estaciones. Sandor Marai atravesó Bélgica en tren, de Alemania a Francia, en los años veinte, y la describe en dos líneas, sin haber puesto un pie en su suelo. Bélgica es, para él, húngaro de origen alemán, la puerta de entrada a Occidente, un vértice en extensión del triángulo formado por su Kassa natal y Berlín, vértice que prolongaría hasta San Diego, California, donde fue a morir.

La aparición de Chile -tenía que haber una- es peregrina y novelesca. Uriarte teclea en Google el nombre de su abuelo, Moisés Cantolla, emigrante cántabro en Nueva York. Y lo que aparece es la descripción de un crimen entre chilenos viñamarinos (otro triángulo, tal vez) en una pensión neoyorkina administrada por su abuelo. Lo cuenta en una novela Alberto Ried, miembro de los Diez, un grupo de artistas santiaguinos. Por delante de cuya casa pasé yo a menudo en mi infancia. La novela de Ried se llama El Mar trajo mi sangre.

D

Pórtico de la casa de los Diez, en Santiago de Chile

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jeudi 27 janvier 2011

Pobre país rico

Bélgica permanece empantanada bajo uno de esos cielos tan grises que hay que perdonárselos, como canta Brel. Apesta el charco en el que chapotean los negociadores desde que, en junio de 2010, los nacionalistas flamencos de la NVA ganaron ampliamente las elecciones, porque los dos principales partidos flamencos, mayoritarios en estos Países Bajos del Sur, no parecen tener mayor interés en formar Gobierno.

La NVA, porque a partir del momento mismo en que entre a formar parte de un Gobierno comenzará impajaritablemente a perder partidarios y porque el actual bloqueo se acomoda a su proyecto separatista. Los democratacristianos, porque quieren recuperar electores por esa misma vía y porque, a falta de nuevo Gobierno, son ellos quienes encabezan el actual Gobierno interino.

Estas condiciones llevaron a cerca de 5o mil personas a salir a la calle el domingo pasado a pedir... Gobierno, la expresión de una suerte de grado cero de la revindicación política. La respuesta del nacionalismo flamenco: Tras reclamar todo para ellos, para no moverse de donde están exigen ahora sólo una parte, pero hasta el fondo. Reducen la zona atingida por el tajo requerido pero lo profundizan. Less is more, que le llaman.

Esta es la cara de Bélgica que cruza la frontera y aparece en los medios extranjeros. Los medios locales componen, como es natural, una imagen más compleja, más completa, del lugar. Así dos informes recientes avisan que el porcentaje del territorio edificado (habitaciones, industrias, autopistas) alcanza ya un cuarto de la superficie total de Flandes, un quinto del conjunto del país. Véase o imáginese desde el aire: de cada cuatro metros cuadrados, uno es enteramente de cemento.

Y, hablando en metálico, cada uno de los habitantes de ese espacio tan construido dispone de un ahorro medio de 84 mil euros en cuentas de ahorro, acciones, obligaciones, seguros. Una familia de seis personas alcanza así el medio millón de euros en activos. Una cifra redonda en un medio tan cuadriculado.

Como las cifras admiten cualquier interpretación, se puede incluso intentar explicar con ellas, en parte al menos, la naturaleza de la manifestacion dominical descrita supra.

B

Mientras tanto y para entretenerse, la gente juega a darse miedo con la separación del país, sabiendo, como saben, que Bélgica existirá mientras estén intentando deshacerla. La separación comienza naturalmente con su representación corregida y aumentada. Este mapa, por ejemplo, lo diseñaron unos antuerpienses que convierten a su ciudad (Amberes tiene la culpa) en la capital de Flandes. Al centro, la región de Bruselas y aledaños se convierte en un gigantesco aparcamiento donde dejar el todoterreno antes de internarse en Plopsaland, antiguamente Valonia.

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