vendredi 11 janvier 2013

El asesino de Masud trabajaba en el supermercado

La explosión del día y una foto del comandante Masud me recuerdan que conocí a su asesino.

Dahman estudiaba periodismo y trabajaba en el supermercado de la esquina. Me lo topaba a menudo en uno y otro sitio. Si hablamos alguna vez fue sobre el tiempo, los horarios. Era simpático.

Dos días antes del 11 de septiembre de 2001, un equipo de televisión le pide una entrevista a Masud en su puesto de comandancia del norte de Afganistán. Masud, el león de Panshir, el héroe de la guerra contra los soviéticos, exministro de defensa y combatiente en activo contra los talibanes que controlan, por ese entonces, buena parte del territorio afgano, debe viajar ese día a Tayikistán por lo que duda antes de concederles diez minutos a los chicos de la prensa. Estos, periodista y camarógrafo, se presentan como belgas de origen marroquí que trabajan para ANI-TV, Arabic News International.

Que qué piensa de Osama Ben Laden, le pregunta a bocajarro Dahman, para abrir el fuego. Masud estalla en una carcajada. La pregunta es abrupta porque ambos hombres, Masud y Ben Laden, son los líderes de las dos facciones rivales que se disputan Afganistán, Ben Laden de los talibanes, Masud de la Alianza del norte. La pregunta equivale a mentar al diablo en la casa de Dios, o al revés.

Estalla Masud en una carcajada y, haciéndose eco, el camarógrafo activa la bomba que lleva escondida y desata la explosión. Masud resulta herido de muerte y el camarógrafo kamikaze muere instáneamente, así como otros dos testigos. Dahman salva con heridas superficiales e intenta huir, pero lo abaten los guardaespaldas de líder afgano, quien muere poco después en el helicóptero que lo transporta al hospital.

Que el atentado tuviese lugar dos días antes del de las Torres gemelas significa, probablemente, que Al Qaeda quería impedir que Masud liderase en Afganistán la que sería una represión implacable tras el 11-S. Masud había alertado en abril de ese año en el Parlamento europeo, en Estrasburgo, sobre el peligro que representaba la alianza entre Al Qaeda y los talibanes afganos y la complicidad de los servicios secretos pakistaníes. Era el hombre a abatir para Ben Laden, su enemigo jurado.

Dahman presentaba el perfil perfecto para la operación. Árabe europeizado, periodista, francohablante, conocía y manejaba los códigos que le permitieron abrirse paso hasta Masud, munido de un pasaporte belga, de una carta de recomendación de un prohombre islamista y de una cámara y unos equipos robados a la televisión francesa FR3 en Estrasburgo precisamente. La foto, que muestra a Dahman en primer plano y a su cómplice y camarógrafo cubriéndose la cara a su izquierda en el avión que los lleva a Kawja Bahaudinne, el refugio de Masud en el norte afgano, fue captada por un equipo de prensa francés que intentó también entrevistar a Masud, sin conseguirlo.

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Nada, o todo, predisponía a Dahman para tales faenas. Había nacido en el seno de una familia de clase media en una ciudad de provincias de la costa tunecina, y un recorrido compartido con tantos magrebíes instruidos lo había traído hasta una universidad europea. Se casó, se divorció, no encontró un trabajo a su gusto, comenzó a frecuentar una mezquita extremista, se casó en segundas con una pasionaria islamista y en un sí es no estaba en un campo de entrenamiento de Al Qaeda en Afganistán, donde recibió y cumplió la orden de matar a Masud, el enemigo de Ben Laden.

Dahman, el del supermercado de la esquina.

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mardi 3 mai 2011

El indio Gerónimo

Los norteamericanos a la hora de acabar con Ben Laden lo han llamado Gerónimo. 

Gerónimo fue un indio apache que combatió la ocupación de su tierra por parte de los colonos estadounidenses y del Estado mexicano a fines del siglo XIX. Se llamaba Goclaye (el que bosteza) o Gujiva (el astuto), pero los mexicanos lo llamaron Gerónimo porque no le temía al desierto, como el santo asceta.

Gerónimo les dio duro a mexicanos y gringos, al punto que éstos últimos pusieron precio a su cabeza, como también harían luego con la de Ben Laden. Llegado el momento de la jubilación, sin embargo, Gerónimo se rindió y pasó los últimos días de su vida en una reducción con sus mujeres, sus hijos y sus lugartenientes.

Como Ben Laden, otra vez, quién también se había rendido ya antes de morir, pero como no quería admitirlo se dejaba filmar de tanto en tanto soflamando. Como se ve, el apache fue moralmente superior al saudí.

No deja de ser decidor este puente histórico nominativo. Diez años después de la muerte de Gerónimo, un grupo de niñatos de Yale saqueó su tumba e hizo desaparecer sus estribos y su calavera. El jefe de los niñatos era Prescott Bush, el abuelo del otro.

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Foto de Edward Sheriff Curtis

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